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La falta de higiene pública no es solo una cuestión de gestión municipal.

La mugre moral de una sociedad acostumbrada

Uruguay no fracasa porque existan personas en situación de calle; fracasa porque se resigna a que existan.

Foto del banco de imágenes del MIDES

La crisis a la que nos referimos  no necesita estadísticas para ser evidente: basta con caminar. Veredas sucias, plazas degradadas, contenedores desbordados y personas durmiendo a la intemperie forman parte del paisaje cotidiano. Lo verdaderamente escandaloso no es solo la falta de higiene en los espacios públicos ni la presencia de cientos de personas viviendo en la calle; lo intolerable es que, como sociedad, lo hayamos aceptado como algo normal.

Nos hemos acostumbrado a esquivar cuerpos dormidos en las entradas de edificios, a compartir parques con residuos humanos y basura acumulada, a convivir con olores, enfermedades y abandono. Y lo hacemos sin escándalo, sin indignación sostenida, sin exigir respuestas reales. La normalización de esta decadencia no es señal de madurez social: es síntoma de una profunda degradación ética.

El discurso público suele maquillarlo todo con palabras cómodas: “situación compleja”, “fenómeno multicausal”, “problema estructural”. Y si bien todo eso es cierto, también funciona como una coartada para la parálisis. Mientras tanto, personas reales —uruguayos con nombre y apellido— viven y duermen en la calle, enferman, se deterioran y mueren frente a una sociedad que aprendió a mirar para otro lado.

La falta de higiene pública no es solo una cuestión de gestión municipal. Es el reflejo de un Estado que perdió control de lo común y de ciudadanos que renuncian a exigir. Cuando el espacio público se convierte en tierra de nadie, gana la ley del abandono. Y en ese abandono, los más pobres quedan expuestos como chivos expiatorios: se los culpa por ensuciar, por molestar, por “afear”, cuando en realidad son el síntoma más brutal de un sistema que los expulsó.

Resulta obsceno escuchar debates centrados en sí las personas en situación de calle “generan inseguridad” o “afectan el turismo”, mientras se ignora el hecho básico de que vivir en la calle es, en sí mismo, una forma extrema de violencia social. No hay dignidad posible en dormir sobre cartones, rodeado de mugre, sin baño, sin agua, sin privacidad. Y no hay sociedad sana que tolere eso sin reaccionar.

La tolerancia pasiva ante esta realidad nos convierte en cómplices. Cada vez que aceptamos la suciedad como paisaje y la indigencia como costumbre, estamos bajando la vara de lo que consideramos humano. Nos indignamos con rapidez por temas lejanos, pero convivimos sin sobresalto con la miseria instalada en la puerta de casa.

Uruguay no fracasa porque existan personas en situación de calle; fracasa porque se resigna a que existan. Fracasa cuando el cuidado del espacio público se diluye y cuando la pobreza extrema se administra en lugar de erradicarse. Fracasa cuando la sensibilidad social se reemplaza por el cansancio y la indiferencia.

No se trata de caridad ni de gestos simbólicos. Se trata de políticas firmes, recursos sostenidos y una decisión colectiva de no aceptar más lo inaceptable. Recuperar la higiene de los espacios públicos y sacar a la gente de la calle no es una utopía: es una obligación moral. Todo lo demás es excusa. Y toda excusa, a esta altura, es parte del problema.

 

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7 Comentarios

  1. LA NOTA TIENE LUCES Y SOMBRAS EN SU DIAGNOSTICO. PONGAMOS UN EJEMPLO PARA RECORDAR SITUACIONES OCURRIDAS Y VEREMOS COMO AVANZAR.. EL AÑO PASADO CIVILA EL DEL MIDES RENEGABA «FILOSOFICAMENTE» EN OBLIGAR A LLEVARSE A LOS REFUGIOS A LAS PERSONAS DE LA CALLE. ESTA ERA SU FILOSOFIA, DEBIERON MORIR 10 SERES DE FRIO PARA QUE ENTONCES CAMBIARA SU ACTITUD. ¿QUE DEMUESTRA EL EJEMPLO? MUCHISIMAS COSAS. 1) NO HAY POLITICA DE ESTADO., ESE MAMARRACHO DE CIVILA NUNCA PODRIA HABER DECIDIDO POR SI SOLO LO QUE TENIA QUE HACER. SUS INCAPACIDADES ESTAN A LA VISTA. 2) LA GENTE QUE VIVE EN LA CALLE NO SOLO ESTA ACOSTUMBRADA SINO QUE YA ABANDONO TODA EXPECTATIVA, SI ES QUE ALGUNA VEZ LA TUVO, DE CAMBIAR SU SITUACION ES COMUN VERLOS EN LOS UMBRALES DE LOS EDDIFICIOS, O DE CASAS, ETC. NO SOLO DURMIENDO SINO TAMBIEN DEFECANDO Y ORINANDO. LUEGO SALEN CON UN CARRITO. A LLEVAR BASURA DE UN LADO A OTRO.. ALLI ENTONCES APARECEN LAS INCAPACIDADES DE LA IMM QUE COLABORA AMPLIAMENTE CON EL MEDIO, DADO QUE NO RETIRA Y LEVANTA LOS DESHECHOS EN TIEMPO Y FORMA. EN CUANTO A LA AFIRMACION DE QUE LOS CIUDADANOS SOMOS RESPONSABLES EN MUCHOS ASPECTOS NO ES VALIDO….. SE LLAMA A LA IMM… NADA HACE, SE LLAMA A LA POLICIA -TAMPOCO HACE COSA ALGUNA…. Y DICE QUE NO ES UN TEMA SUYO.
    NO ES POSIBLE SEGUIR ESCRIBIENDO, PERO EN EL INTERIOR MAS PROFUNDO ESOS TEMAS NO ESTAN SOBRE LA MESA. HAY OTRA ACTITUD DE SUS INTENDENTES Y DIRIGENTES. OTRA EDUCACION Y APRECIACION DE VALORES. ESTO ULTIMO ES LA RAZON MÁS ABSOLUTA QUE LA PERDIDA DE ELLOS HA DESEMBOCADO EN LA CRISIS QUE ESTAMOS. EDUCACION EDUCACION EDUCACION Y MAS EDUCACION DIJO ALGUNA VEZ EL PROFETA DEL CERRO, PERO LOS SINDICATOS SE LE DIERON VUELTA. Y ASI NOS VA.

    • La pobreza en la periferia de Montevideo desde los años 50 se explica por una migración campo-ciudad acelerada, el crecimiento urbano desordenado y la falta de políticas habitacionales, generando asentamientos informales (rancheríos) en la periferia, como Casavalle, que se vuelven visibles y se cronifican, mostrando una realidad de marginación, segregación y lucha por la tierra que persiste en el tiempo, aunque las cifras oficiales de pobreza varíen, como el pico de 2004 y posteriores descensos/aumentos, reflejando problemas estructurales.

      El cierre de industrias y fábricas en los 80 y 90 dejó a muchos trabajadores en el desempleo o la informalidad, empujándolos a estos barrios periféricos.

      Los vecinos se organizaron para reclamar políticas de tierras y cuestionar los modelos de vivienda social, visibilizando la falta de respuesta del Estado.

      Uruguay experimentó un pico de pobreza en 2004, con un descenso notable después, pero también con repuntes en los últimos años, aunque la pobreza se concentró históricamente en zonas periféricas.

      A inicios de los 2000, ONGs como TECHO (antes Un Techo para mi País) visibilizaron la emergencia habitacional, evidenciando que el problema de la precariedad persistía en asentamientos como Casavalle, Manga y Toledo Chico, hoy con altos índices de pobreza.

      En resumen, la historia de la pobreza en la periferia de Montevideo desde los 50 es un proceso de desarrollo urbano desigual, donde la falta de integración de los migrantes rurales generó barrios marginales que, a pesar de los cambios económicos y políticos, han mantenido una lucha constante por el acceso a derechos y condiciones dignas de vida, consolidando una realidad de pobreza estructural en la «conurbana».
      Las diversas políticas económicas y sociales implementadas desde mediados del siglo XX por los partidos conservadores en Uruguay contribuyeron a la configuración de la pobreza actual en el conurbano de Montevideo.

      Hacia mediados de los 50, el modelo industrial uruguayo entró en crisis por la caída de precios internacionales de exportación.
      En 1959, la Reforma Cambiaria y Monetaria liberalizó el comercio y eliminó controles, lo que generó una inflación galopante y la descapitalización de sectores medios y bajos. Esto impulsó la migración del campo a Montevideo, donde nacieron los primeros «cantegriles» ante la falta de planes de vivienda accesibles.
      A mediados de los 70, leyes y decretos liberalizaron el mercado inmobiliario, encareciendo las zonas centrales y costeras con mejores servicios. Estas políticas empujaron a los sectores de menores ingresos hacia la periferia (el conurbano), consolidando una segregación territorial. Mientras el centro perdía población, los barrios periféricos con asentamientos precarios crecieron hasta un 70% entre censos. En los 90, la escasez de empleos productivos estables y el retroceso del Estado como garante social pusieron en riesgo los modelos de integración tradicionales.
      Crisis de 2002: La crisis financiera provocó una caída drástica de los ingresos y el aumento del desempleo, llevando la pobreza a niveles cercanos al 40%. Muchos hogares que antes eran de clase media cayeron en la «pobreza de ingresos», aumentando la visibilidad de la indigencia en las veredas.

  2. Es muy lindo cobrar un sueldo para llenar un espacio romántico sobre la situación de la gente que vive en las calles, pero de soluciones nada, que piense el otro, o usar ese medio para que les tiren piedras a los que deberían hacer algo. Es una realidad casi absoluta la multicausalidad que lleva a personas a vivir en la calle. Algunos casos se podrían resolver dando empleos accesibles y rentables para esas personas pero a muchas mas habría que vulnerarles «sus derechos » para sacarlos de la calle. No creo que haya acuerdos unánime en esto último m

  3. Es verdad que hay gente que son necesarias medidas de convivencia Por ejemplo la Sra Lucía Topolansky decía hace años » que en París también había gente en situación de calle»
    No hay que resignarse Los uruguayos pagamos un 22 por ciento de IVA para dar respuesta Hay cosas que no se entienden No puede ser que el equipo de calle del MIDES no vea personas en extrema situación de vulnerabilidad tiradas frente al BROU de 18 y Yaguaron Y no haga nada

  4. NO SE SI NOS TOMAN EL PELO O NOS TRATAN DE TONTOS, HAY UNA MANGA DE MUGRIENTOS VIVIENDO EN LA CALLE Y LA CULPA LA TENEMOS NOSOTROS ?? YO NO !! ASI COMO SE LIMPIA LA CIUDAD DE BASURA, HAY QUE RETIRAR A TODOS LOS SUCIOS QUE VIVEN EN LA CALLE E INTERNARLOS…SI NO TE GUSTA MI OPINION, PUEDES LLEVÁRTELOS A TU CASA…

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