Camila Jiménez
Cuestionar al gobierno es una responsabilidad de la oposición. Exigir claridad, coordinación y capacidad de respuesta al presidente Yamandú Orsi forma parte del control democrático. Pero esa exigencia pierde fuerza cuando quienes la plantean eluden examinar las diferencias de su propio espacio. La gobernabilidad también debe ser una capacidad demostrable de quienes aspiran a volver al poder.
La relación entre la Coalición Republicana yl Cabildo Abierto permite observar esa contradicción. El antiguo socio de gobierno desarrolla una estrategia de negociación con el oficialismo que genera cuestionamientos entre sus anteriores aliados. El acuerdo para acompañar la Rendición de Cuentas mostró esa distancia: blancos, colorados e independientes criticaron la decisión, mientras Guido Manini Ríos rechazó esas reacciones clasificándolas de “hipocresía y cinismo”.
El episodio permite una lectura política: la coincidencia electoral y la experiencia de gobierno compartida no garantizaron una misma estrategia desde la oposición. La relación con Cabildo obliga a discutir qué mantiene unido a ese espacio, qué diferencias admite y cómo pretende resolverlas.
Negociar con Orsi no convierte automáticamente a Cabildo Abierto en oficialista. Un partido puede discrepar con el gobierno y acompañar iniciativas mediante acuerdos. El propio presidente afirmó que cumpliría los compromisos asumidos con los cabildantes en la negociación de la Rendición de Cuentas. Ese entendimiento puntual debe evaluarse por su contenido y cumplimiento, sin confundirlo con una alianza general.
La Coalición Republicana tiene derecho a cuestionar esos acuerdos. Pero necesita explicar si su objeción responde a las medidas negociadas o a que un antiguo socio decidió actuar con autonomía. Son discusiones distintas. Rechazar una política exige argumentos; reclamar disciplina requiere una alianza vigente, reglas aceptadas y compromisos compartidos.
Aquí aparece el problema de fondo. Una oposición que concentra su discurso en los errores de conducción de Orsi puede obtener repercusión, pero eso no alcanza para constituir una alternativa. Debe mostrar cómo resolvería las dificultades que denuncia, qué prioridades comparte y cómo administraría las discrepancias entre sus integrantes.
La crítica tampoco puede sustituir la revisión de la experiencia anterior. Cabildo Abierto también tiene responsabilidades. Su autonomía necesita coherencia: explicar qué obtiene en cada negociación, qué principios sostiene y dónde coloca sus límites. La capacidad de aportar votos decisivos exige rendición de cuentas ante sus electores.
La oposición debe mirar al gobierno y también mirarse a sí misma. Quien reclama capacidad para gobernar tiene que demostrar primero que puede construir acuerdos, sostener un rumbo y ordenar sus propias diferencias.

