Tortugas, cotorras, cardenales y periquitos australianos fueron rescatados tras un exhaustivo trabajo de investigación llevado adelante por la Dirección General de Lucha Contra el Crimen Organizado e Interpol, en conjunto con el Departamento de Delitos Especiales. La operación logró desarmar por completo una compleja red clandestina que se dedicaba a la cría, al acopio y al comercio ilegal de fauna en diversos puntos de Montevideo.
Este golpe al tráfico de animales dejó al descubierto una trama urbana que operaba al margen de cualquier tipo de control sanitario, legal o de bienestar animal. El rastreo de la Policía se enfocó desde un principio en entender cómo funcionaba la logística interna de esta organización y en ubicar los lugares exactos donde escondían a las distintas especies antes de sacarlas a la venta.
El sospechoso utilizaba la concurrida feria del barrio Piedras Blancas como su principal fachada cara al público. Sin embargo, para evitar levantar sospechas en los patrullajes y controles diarios de la zona, no mantenía allí a los animales. La estrategia consistía en guardar el grueso de los ejemplares en depósitos clandestinos montados en casas particulares de la zona, desde donde organizaba las entregas a medida que aparecían los compradores.
Con las órdenes de allanamiento otorgadas por la Justicia, las fuerzas de seguridad ejecutaron dos procedimientos simultáneos en viviendas ubicadas muy cerca de la intersección de las calles Carlos Pérez Montero y Luis Gerona. Al cruzar la puerta de los inmuebles, los equipos de inspección se toparon con una escena dantesca y precaria: docenas de jaulas de alambre, jaulones de transporte, peceras de acrílico y recipientes de todo tipo adaptados de forma improvisada.

Los recipientes estaban desbordados de animales en condiciones insalubres, preparados para ser distribuidos en el circuito informal. Debido a la enorme variedad de especies y al evidente deterioro físico en el que se encontraban muchos de los animales, el procedimiento requirió la presencia urgente de técnicos del Ministerio de Ambiente y del Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA).
Los especialistas trabajaron codo a codo con la Policía para clasificar a los ejemplares, hacerles un primer chequeo veterinario y retirarlos con los cuidados que requería su fragilidad. El recuento final confirmó el rescate de 27 tortugas (tanto de agua como de tierra), 47 cotorras, ocho cardenales y dos periquitos australianos. Pero el hallazgo no se limitó a las aves y a los reptiles.
En los rincones de las viviendas allanadas también aparecieron diversos mamíferos y otros animales, entre los que se contaban conejos, cobayos, peces y varios perros de raza. Las primeras evaluaciones de los técnicos del INBA indicaron que una buena parte de estos animales eran utilizados directamente como reproductores en una especie de criadero clandestino, con el objetivo de hacerlos parir de forma sistemática y vender sus crías en el mercado negro.
Todos los animales rescatados fueron trasladados de inmediato y quedaron bajo la custodia de organismos especializados, donde recibirán la atención médica necesaria mientras se evalúa si es técnicamente factible rehabilitarlos para devolverlos a su entorno natural. Además del rescate biológico, los agentes incautaron un auto que el sospechoso usaba para la logística de traslado, teléfonos celulares que serán peritados para reconstruir la red de contactos y clientes, y dinero en efectivo fruto de las ventas ilícitas.
Toda la evidencia reunida pasó a formar parte del expediente judicial con el fin de dimensionar el volumen económico del negocio y determinar si existen otros cómplices o proveedores involucrados en la cadena de abastecimiento. Por su parte, el hombre detenido no era precisamente un novato en este tipo de delitos: ya cargaba sobre sus espaldas con antecedentes penales por contrabando de animales. Actualmente se encuentra tras las rejas y a disposición de la Fiscalía de Flagrancia de 5.º Turno, que ya prepara el pedido de formalización ante la Justicia.

