La denuncia del senador Pedro Bordaberry sobre la existencia de una “rosca médica” vuelve a poner en el centro del debate un tema incómodo pero persistente en el sistema de salud uruguayo: la captura de las instituciones por grupos de poder profesional y empresarial que operan bajo lógicas corporativas, muchas veces ajenas al interés de los usuarios y de la propia sustentabilidad del sistema.
Según Bordaberry, sus cuestionamientos apuntan a la gestión encabezada por directores de mutualistas en diversas instituciones y como lo fue el caso del doctor Raúl Rodríguez, cuya presidencia en el CASMU habría consolidado un modelo basado en tercerizaciones sistemáticas de servicios médicos y asistenciales. Para el senador, este esquema no sólo debilitó la capacidad operativa interna de la mutualista, sino que terminó por casi fundir financieramente a una de las instituciones históricas del mutualismo uruguayo.
La acusación no es menor. CASMU no es una empresa cualquiera: es una mutualista con decenas de miles de afiliados, un actor central del Sistema Nacional Integrado de Salud y un pilar de la atención médica en Montevideo. Cuando una institución de ese tamaño entra en crisis estructural, el problema deja de ser interno y pasa a ser político y sanitario.
El señalamiento de Bordaberry se inscribe en una crítica más amplia a un fenómeno que atraviesa al sistema: la externalización de servicios como mecanismo de gestión. Bajo el argumento de la eficiencia, muchas direcciones optaron por derivar prestaciones a empresas privadas vinculadas directa o indirectamente a los mismos actores que toman las decisiones
El resultado, advierten distintos analistas, es una combinación peligrosa: aumento de costos, pérdida de control, debilitamiento del plantel propio y opacidad en el uso de los recursos.
Hablar de “rosca médica” no es una exageración retórica. Es describir un entramado donde cargos, contratos, sociedades y decisiones estratégicas se retroalimentan en círculos cerrados, lejos del escrutinio público y de los intereses de los usuarios. En ese esquema, la salud deja de ser un derecho y pasa a ser una unidad de negocio, mientras las instituciones acumulan déficits que luego son socializados.
El trasfondo político no puede ignorarse.
Durante años, el sistema de salud convivió con advertencias, auditorías y rescates financieros sin que se atacaran las causas profundas del problema. La tolerancia al corporativismo médico y a la falta de rendición de cuentas generó un terreno fértil para crisis como la del CASMU. Cuando el Estado interviene tarde, lo hace para apagar incendios que otros provocaron.
La denuncia de Bordaberry interpela no solo a una gestión concreta, sino a un modelo. Un modelo donde la gobernanza sanitaria es débil, los controles son laxos y las responsabilidades se diluyen. Si las tercerizaciones llevaron al colapso económico de una mutualista, la pregunta inevitable es quién se benefició mientras la institución se endeudaban.
En un país que se precia de su sistema de salud, mirar hacia otro lado ya no es opción. O se enfrenta de manera frontal la lógica de la rosca, o se seguirá repitiendo el mismo ciclo: malas gestiones, instituciones fundidas y ciudadanos pagando los costos de decisiones tomadas a espaldas de la sociedad.




Sin lugar a dudas este diario parece tener un problema con el CASMU No corresponde sino al FONASA decidir qué controles corresponden hacer
El FONASA es un sistema de administración. Los controles y disposiciones médicas corresponden, presumo, al Ministerio de Salud Pública. Todas las mutualistas , desde hace décadas, empezaron a implementar sistemas laterales para sacarle más dinero al socio. Fijarse, desde el vamos con al atención. Quien llama o va a la mutualista, no es «usuario» o socio». Es cliente. La demora para conseguir especialista de 30 días…Jaja. Se obtiene atención para dos o tres meses después con suerte. Y no importa la dolencia dle paciente. Sea para dentista, oftalmólogo, traumatólogo (aunque el paciente venga con un pierna debajo del brazo) o con una herida sangrante…primero al médico común y recién después al especialista. O sea, se cobra un ticket más. Los medicamentos que antes se recetaban con dos o tes cajas mensuales, pagando un ticket, ahora se paga un ticket…por cada uno, sea, el socio paga el doble o triple que antes. Si el día de la consulta el médico falta, ajo y agua. A joderse y aguantarse. A sacar hora para dos o tres mees después. Si llegada la fecha el paciente no concurre porque ya se murió. se le cobra la consulta igualmente. Y las salas individuales, con TV, etc, que se usaron al principio para conseguir clientes, ahora se cobran aparte, sin derecho al pataleo. .
Nunca entenderé el amor y fidelidad casi sin límites de la mayoría de los usuarios del CASMU… Es un desastre. Hace décadas… 40 años socia y me fui luego de que, entre otras cosas, se negaron a atenderme en oftalmología de urgencia ( tenía los lentes y soy muy miope), me tuvieron 30 horas con una peritonitis pélvica reventada, me mandaron a casa con un esguince de cuello luego de un accidente automovilístico….. Menos mal era socia de SEMM….
Y varios etcéteras….. Y no me digan » todas son iguales», porque NO.. COSEM no es así, SMI. no es así
Y no hablemos de la MEDICA URUGUAYA
que para darte un pase a endocrinólogo te dicen que estas saludable y te ningunean. Y NO TE LO DAN ,en el medico de Med.General que atiende.
¡¡¡¡¡FELIZMENTE SOY DEL SMI UNA MARAVILLA DE MUTUALISTA!!!!!
Mis dos hijos son de la MEDICA , LO DIGO CON PROPIEDAD.
Lo de Bordaberri es patetico,ellos si pueden tercería todo,el puerto ,quieren hacerlo con luz ,agua, jubilaciones etc etc todo lo que puedan entregar lo entregan,no TIENEN AUTORIDAD MORAL, hay que escucharlo, por favor ,son una manga de sinverguenzas.
No entendés.
Los directivos de la mutualista contratan a sus propias empresas y se pagan fortunas, por eso se funden.