En el contexto del sistema de salud uruguayo, donde las mutualistas desempeñan un papel fundamental en la atención médica de la población, surge una inquietante y crucial pregunta: ¿realmente están priorizando la salud de sus afiliados o sus finanzas?
Hace pocos días un senador de la república Pedro Bordaberry ponía el tema en el tapete:
“A favor de los que trabajan y se esfuerzan” y “en contra de las roscas de la salud l” ; cepillo de alambre, jabón y agua.
Este cuestionamiento se vuelve especialmente relevante al analizar las gestiones de instituciones como Casa de Galicia al día de hoy cerrada y CASMU, que han sido objeto de severas críticas por poner en riesgo la calidad de la atención médica en favor de la sostenibilidad económica que tampoco obtenían ni obtienen.
Las mutualistas, en esencia, fueron creadas con el noble propósito de ofrecer atención médica accesible y de calidad a sus afiliados. Sin embargo, en un entorno donde la presión financiera se ha vuelto omnipresente, las decisiones administrativas han comenzado a reflejar un enfoque que prioriza los balances económicos sobre el bienestar de los pacientes. Esta tendencia no solo resulta alarmante, sino que también plantea un dilema ético fundamental: ¿es aceptable sacrificar la salud de los ciudadanos en nombre de la rentabilidad?
Por su parte, CASMU, a pesar de ser una de las mutualistas más grandes y con un importante número de afiliados, ha enfrentado crisis internas que han puesto en entredicho la calidad de sus servicios. Las quejas de los usuarios han aumentado, y las protestas se han vuelto un fenómeno habitual entre los afiliados.
La administración de CASMU ha optado por implementar recortes en servicios esenciales, lo que ha llevado a un aumento en la insatisfacción de los afiliados. La falta de atención adecuada y la reducción de servicios necesarios han sido motivo de manifestaciones, donde los pacientes exigen respuestas y soluciones concretas.
La percepción de que las decisiones se toman en función de la rentabilidad ha generado un clima de desconfianza hacia la institución. Muchos afiliados sienten que sus necesidades de salud son secundarias frente a las exigencias económicas, lo que no solo afecta la relación con la mutualista, sino que también puede tener repercusiones en la salud pública. La decisión de no buscar atención médica por temor a una atención deficiente puede resultar en complicaciones graves para los pacientes.
Para revertir esta tendencia peligrosa, es esencial implementar cambios significativos en la gestión de las mutualistas:
Las administraciones deben adoptar un enfoque centrado en el paciente, donde la calidad de la atención sea la prioridad. Esto implica invertir en recursos humanos y en la formación continua del personal médico, así como en la infraestructura necesaria para brindar un servicio adecuado.
La falta de transparencia en la gestión financiera de las mutualistas es un factor que contribuye a la desconfianza. Es fundamental que los afiliados tengan acceso a información clara sobre cómo se gestionan sus aportes y a qué se destinan, promoviendo así una cultura de rendición de cuentas.
Fomentar la participación activa de los afiliados en la toma de decisiones puede ayudar a ajustar los servicios a las necesidades de la comunidad. La voz de los pacientes debe ser escuchada y tenida en cuenta en la planificación de políticas y servicios, asegurando que el enfoque sea verdaderamente representativo de las necesidades colectivas.
Las mutualistas deben buscar una colaboración más efectiva con el gobierno para garantizar que se mantenga un estándar mínimo de atención en el sistema de salud. La inversión pública en salud es crucial para asegurar que las mutualistas no se vean forzadas a priorizar la rentabilidad sobre el bienestar de sus afiliados.
La situación de CASMU es un reflejo de una crisis más amplia en el sistema de salud uruguayo, donde las finanzas parecen prevalecer sobre la salud de los ciudadanos. Es imperativo que se realicen cambios significativos en la gestión de estas mutualistas para restaurar la confianza de los afiliados y garantizar que la atención médica sea accesible, de calidad y centrada en el paciente.



Otro artículo de crítica vacía, por el solo hecho y costumbre uruguaya de criticar sin analizar el contexto o proponer soluciones. Administración y salud son dos áreas que se imbrican dinámicamente y el un difícil arte (ideológico en especial) armonizar a ambas. Las mutualistas en su origen algunas fueron ideadas con un fin filantrópico para la salud de inmigrantes. El Casmu, si bien tiene un aura humanitaria también, nace de un corporativismo médico para protegerse de los bajos salarios o explotación de las primeras. No olvidemos que es hijo del SMU, ahora ya adulto y libre del mismo. Durante mucho tiempo este fue pródigo en muchas cosas e incontrolado en su administración por varios motivos hasta que se fundió. A partir del 2009, cuando el gobierno le obliga a transformarse en una empresa privada este gira hacia el mercado comercial. Muy tímidamente, con sesgos de lo comentado anteriormente y cuando se asume la dirección de Médicos Unidos la apuesta fue a sostener la institución con medidas comerciales dado que con el FONASA y sus cápitas no se puede financiar. Obviamente esto alarmó a los profesionales nostálgicos del viejo Casmu y desencantó a los viejos afiliados y a los menos pudientes dejando el acceso a la medicina de calidad solo a los de más poder adquisitivo. La frase fue, si quieres medicina de alta calidad págala. Creo que la crítica debe venir por parte del MSP y de la JUNASA con un fuerte perfil social. Decretar una canasta básica de atención de alta calidad incluyendo todo lo necesario y que ahora se cobra, rebaja de copagos, etc. Si las mutualistas se pueden mantener es problema de ellos. A lo mejor deberán bajar salarios, en particular de los SAQ u otros gastos que no sean necesarios como por ejemplo publicidad, etc. En materia de salud la referencia entre personas es la mejor propaganda.
Nadie habla de los salarios de los CEO de las mutualistas.
Es un tema complejo pero se dilata y parece que nadie «toma al toro por las huampas». El estado no puede estar ausente .