A sus 53 años, Alec Hughes representa la tercera generación de una familia ligada a la vida náutica, y siguiendo con la línea de sus progenitores, él no sólo navega océanos, sino que navega historias, memoria y propósito. Con raíces uruguayas y vida construida entre Perú y el mar, su proyecto de dar la vuelta al mundo no es solo una travesía deportiva, sino una búsqueda personal y cultural que conecta generaciones.
El navegante creció con las historias de su abuelo paterno nacido en Uruguay, lo que generó un fuerte interés y vocación con la navegación, una disciplina que se fortaleció con los años. «Ese amor por mi abuelo», explica, fue el motor inicial. Aunque convivió poco con él, los relatos y el ejemplo de su abuelo, quien apoyaba la náutica uruguaya, lo fascinaron. «Al enamorarme de su historia siempre quise ser como él», afirma.
Así mismo, su padre, quien se mudó a Estados Unidos y luego a Perú, también fue una figura clave en su iniciación en la vela. Desde Perú, la familia viajaba anualmente a Uruguay, lo que le permitió «pegarme esas raíces ‘peruguayas’», como él las llama y tener «los dos hemisferios de un lado el Atlántico y del otro Pacífico, es decir dos culturas». De esa forma pudo experimentar la navegación en el Río de la Plata, conocido por ser «súper duro» debido a su «muchas corrientes y la intensidad del viento».

De la vida empresarial a vivir en un velero
Hughes estudió administración y finanzas, hizo una especialización en marketing y una maestría. Alrededor de 2025, dejó el mundo corporativo para emprender su sueño de dar la vuelta al mundo, un proyecto que venía gestando desde su vida en Hawái, donde estudió su pregrado. Fue allí donde nació su interés por la «navegación antropológica y la conexión natural, con las estrellas y el viento».
La decisión de dejar su trabajo corporativo se dio en un momento clave. La compañía donde trabajaba se dividió, y él ya venía pensando en su futuro. Un comentario de su jefe, «es tiempo que te dediques a tus cosas, Alec», sumado a un apoyo del gobierno para emprendedores mayores de 50 años que permitía retirar fondos de AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), lo impulsó. «Hice mis cálculos y dije: Esta es la manera que lo voy a hacer. Vendí mi auto, mi barco (que tenía en ese momento), todas mis pertenencias las vendí. Con ese dinero me compré el barco y ahora es mi casa”, relata.
Así mismo, deja en claro que ese salto no fue improvisado. Venía gestándose desde hacía tiempo, impulsado por una inquietud más profunda: reconectar con formas de navegación ancestral y entender el vínculo entre el ser humano y la naturaleza.
Vuelta al mundo y rescate
Hughes, comentó que su vuelta al mundo comenzó en Perú y hasta ahora ya lleva más de 300 días navegando, su plan era cruzar el Pacífico, pasando por islas y Nueva Zelanda, para luego dirigirse al norte de Australia. En este viaje, tuvo una experiencia significativa en Fiji, donde dio charlas en colegios y clubes, mezclando sus vivencias con la historia de los navegantes tradicionales. «Se quedan entusiasmados con el tema, les encanta», comenta.
La ruta lo ha llevado por distintos puntos estratégicos donde el tiempo es clave. “No puedes quedarte mucho en un lugar. A veces cinco o siete días, porque los vientos mandan”, explica. Durante su travesía, realizó un rescate crucial. Unas inglesas que intentaban cruzar el Pacífico remando tuvieron un problema con el timón. «Fui 600 millas que son 11 días. Las rescaté con mi tecnología y con un plan antes de mi vuelta al mundo», explica. Este rescate lo desfasó de su plan original, pero le permitió seguir en verano. “Si no las auxiliaba, perdían su barco y todo su proyecto”, relata. “Eso cambió mis tiempos, pero valió la pena”.
Hughes tiene un objetivo ambicioso: ser el primer peruano en cruzar el Cabo de Hornos en su velero “Manu”, al que describe como «el Himalaya del mundo náutico». La dificultad radica en que «se juntan tres océanos y porque están al sur», lo que genera vientos fuertes e inestables y olas de 8 a 10 metros.
Sin embargo, por más arriesgado que parezca, los días navegando, no son improvisados, ya que todo está todo está planificado: comida, vitaminas, dieta y un plan de sueño con guardias cada tres o cuatro horas. Actualmente, son cuatro personas a bordo, incluyendo a su hijo con el mismo nombre Alec, de 22 años y campeón mundial de Lightning, quien representa la cuarta generación de navegantes en la familia. “Es lo mismo que hizo mi padre conmigo”, explica. Para él, la transmisión de ese legado es tan importante como el viaje en sí.
Después de casi un año navegando, Hughes asegura que el aprendizaje más importante no es técnico, sino emocional. «Lo que aprendí de esta travesía fue a tener más tolerancia», afirma. También destaca la importancia de la autosuficiencia y ser autodidacta sobre todo en la electrónica y la conexión con las emociones.
«Aprendí a llorar mucho también. A no estar no tener miedo de tus emociones», dice, añadiendo que el aislamiento, la intensidad del entorno y la exposición constante a la naturaleza generan una transformación interna. “El mar te vuelve una persona más sensible”, afirma.

Justamente todo ese tiempo en el mar, lo hizo acreedor de un premio otorgado por la aplicación de rastreo GPS y red social diseñada para navegantes “SeaPeople”, por ser la persona que más tiempo estuvo en el agua a nivel mundial en un período determinado en el año 2025.
Proyecto: Atando Cabos
El proyecto “Atando Cabos” no solo se vive en el mar. También se transforma en contenido: un libro, un documental y una propuesta audiovisual que busca llegar a plataformas internacionales. El entrevistado, asegura que la intención es dar a conocer la historia de Percy Bayona, un navegante tradicional peruano, y la importancia de la navegación ancestral.
El documental de «Atando Cabos» está terminado y se está proyectando en festivales para luego dar el salto a las plataformas de streaming. “Para el documental realice una gran inversión contratando las mejores cámaras y lo mejor del cine, el producto final es muy interesante”, en su expresión deja claro que aunque él aparece en el documental, no es un proyecto personal sino que lo entiende como una causa colectiva. “Esto no es mi proyecto. Es un proyecto de la vela en el Perú, y en cierta forma, también de la región”.
Para Hughes, quien también es surfista, la navegación es una excusa para transmitir un mensaje más amplio: la necesidad de reconectar con lo esencial y de esta resume su filosofía: “Hay que volver a conectarse con la naturaleza, con nuestras raíces y con nuestro propio país. Ahí están las historias que realmente importan”. Precisamente de eso trata su libro con el mismo nombre.
Finalmente, el aventurero se prepara para su próximo destino partiendo desde el Yacht Club Uruguayo ubicado en el Puerto del Buceo de Montevideo, esa próxima parada podría ser Puerto Williams, cerca del Cabo de Hornos, y continuar hacia Perú, evaluando el factor climático y las competencias que tenga su hijo en Chile.

