La próxima visita del Papa a Uruguay vuelve a poner sobre la mesa el lugar que ocupa la religión en un país que históricamente ha separado con claridad lo religioso de la política y la educación pública. Una encuesta nacional de Cifra, realizada entre el 7 y el 18 de agosto, ofrece una fotografía actualizada de la religiosidad de los uruguayos mayores de 18 años.
Exactamente un tercio de los adultos se identifica como católico. Otro 28% afirma creer en Dios pero no se siente cercano a ninguna religión, mientras que un 11% se declara de otra confesión como ser protestantes, evangélicos, judíos u otras. El 28% restante se define como agnóstico o ateo. Dentro del grupo católico, solo una minoría, un 9%, se considera practicante; el 24% restante no practica. En cambio, entre quienes profesan otras religiones la mayoría sí se declara practicante llegando a un 7%.
Las diferencias demográficas son claras. Hay más católicos, y en particular más practicantes, fuera de Montevideo y entre las mujeres. En la capital y entre los hombres predomina la proporción de agnósticos y ateos. La edad marca un contraste aún más marcado. Entre los menores de 30 años apenas el 16% se considera católico y solo el 5% practicante, mientras que el 42% es agnóstico o ateo. Entre los mayores de 60 años, el 40% se declara católico y el 12% practicante. El nivel educativo también influye. A mayor educación formal, mayor proporción de agnósticos o ateos, aunque entre los más educados también aumenta levemente el porcentaje de católicos practicantes.
La comparación histórica muestra un descenso pronunciado de la identificación religiosa. En 1997, el 67% de los adultos se identificaba con alguna religión, la gran mayoría, un 58% con el catolicismo, y el 21% se consideraba católico practicante. En 2013 la identificación católica se mantenía en 58%, pero los practicantes habían bajado al 13%. Para 2022, y de forma similar en la medición actual, más de la mitad de los adultos ya no se considera de ninguna religión, aunque muchos siguen creyendo en Dios. La proporción de católicos se redujo de más de la mitad a un tercio en poco más de una década.
Pese a este panorama, una clara mayoría de la población considera apropiado que el Papa visite el Parlamento durante su estadía en el país. Esa opinión es compartida tanto por votantes del oficialismo como de la oposición. Incluso entre los no creyentes, el 51% está a favor y solo el 36% en contra. Los católicos, como era esperable, respaldan la visita con mayor contundencia.
En este escenario, ¿cómo recibirá al Papa un país donde solo una minoría se siente católica? se pregunta Cifra. Y responde que «en un país laico “por definición”, donde la política se mantiene al margen de las religiones, uno de los actos simbólicos que podría causar fricciones es la visita de la cabeza de una iglesia al parlamento. Sin embargo, desde el punto de vista de la población, una clara mayoría considera que sería apropiado que el Papa visitara el Parlamento. Y esa posición es compartida por los votantes del oficialismo y de la oposición».


Las diferencias demográficas son claras. Hay más católicos, y en particular más practicantes, fuera de Montevideo y entre las mujeres.
Los amish del interior:
Las mujeres mayores que habitan en estas zonas crecieron bajo los parámetros de un sistema educativo de mediados o fines del siglo XX enfocado en dinámicas tradicionales. En el plano cultural, el Interior suele conservar estructuras familiares e institucionales más rígidas. Esto refuerza el perfil conservador y la fuerte adscripción religiosa o católica practicante, operando como un marco de contención comunitaria pero, al mismo tiempo, como una barrera frente a los paradigmas científicos contemporáneos o los debates de derechos globales que se procesan más rápido en la capital. Rústicas, poca feminidad y ancladas al pasado.