El ministro de Defensa designado confirmó que el presidente Javier Milei aprobó de manera íntegra la propuesta para renovar las cúpulas de las Fuerzas Armadas, cerrando así un proceso de negociaciones internas que venía generando expectativas, tensiones y operaciones cruzadas tanto en el ámbito político como en el militar.
Con las nuevas designaciones, la conducción del Ejército Argentino quedará en manos del general de división Oscar Santiago Zarich, mientras que en la Armada asumirá el vicealmirante Juan Carlos Romay, un movimiento que había sido anticipado en los meses previos, aunque no sin resistencias. En tanto, el brigadier mayor Gustavo Valverde fue ratificado al frente de la Fuerza Aérea, un gesto interpretado dentro del arma como señal de continuidad. El cambio más significativo se materializó en el nombramiento del vicealmirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare como jefe del Estado Mayor Conjunto, el cargo más alto de toda la jerarquía militar.
A pesar de que estas decisiones marcaron una reconfiguración importante dentro de las Fuerzas Armadas, la lectura interna dista de ser uniforme. Un alto oficial consultado por Diario La R Argentina sostuvo que “en vez de la limpieza profunda que habían anunciado y que muchos esperábamos, el cambio fue quirúrgico”. Esta valoración se repite con matices entre distintos cuadros militares que esperaban movimientos más amplios dentro de la estructura superior, especialmente después de las versiones que circularon en torno a una supuesta depuración de mandos.
Según esta misma fuente, la designación de Dalle Nogare no fue casual: se trató de un pedido explícito del Gobierno, a pesar de que en un primer momento se evaluaba colocar en ese lugar a un submarinista, perfil más asociado históricamente a funciones de coordinación estratégica. “La llegada de Romay y Zarich podría derivar en una purga interna si eligen como segundos a oficiales muy modernos, con ideas más aggiornadas, porque ese tipo de designaciones altera equilibrios internos que llevan años en formación”, explicó.
Interferencia política y tensiones internas
La pulseada por las cúpulas militares no quedó circunscrita al ámbito castrense. Según indicaron distintas fuentes, Karina Milei intervino directamente para bloquear una primera propuesta que ubicaba a Zarich al frente del Estado Mayor Conjunto y que ascendía al general Ibáñez a la jefatura del Ejército. La decisión final de promover a Dalle Nogare —un oficial de inteligencia con estrechos vínculos con el almirante Alievi— revela que el Gobierno buscó afianzar perfiles considerados “más confiables” en lugares estratégicos.
La interna se complejiza aún más por el rol de Carlos Presti, el designado ministro de Defensa, cuya situación generó un fuerte malestar en la estructura militar. Presti, según reveló DLRA en exclusiva, impulsó la creación de una figura jurídica inexistente en la normativa vigente, denominada “estado de disponibilidad”, para mantener su rango militar mientras ejerce funciones políticas. La maniobra generó desconcierto entre oficiales superiores, que ven la medida como un intento de conservar poder dentro de la institución sin adecuarse a los protocolos de separación entre carrera militar y función pública.
Un militar en actividad explicó que la disponibilidad es una figura que solo opera en casos muy específicos: cuando un oficial regresa de un destino en el exterior sin asignación inmediata, o cuando recibe el alta médica y debe esperar a ser destinado nuevamente a partir del ciclo siguiente. “No existe ningún caso de alguien en disponibilidad cumpliendo funciones. Si estás en actividad, correspondería la figura de ‘en comisión’. Y además, la disponibilidad tiene un plazo máximo de un año. De lo contrario, pasás a retiro”, detalló la fuente.
El mismo oficial remarcó un punto que resulta clave para entender la resistencia interna: “El cargo máximo en la carrera militar es el de jefe del Estado Mayor Conjunto. No hay nada por encima de eso. Milei y su hermana pueden querer un ministro de Defensa con uniforme, pero eso no habilita a inventar figuras que no corresponden. La conducción política no puede modificar por decreto el ordenamiento interno de la carrera militar”.

Un reacomodamiento que no cierra tensiones
Si bien las nuevas designaciones ordenan, al menos en el corto plazo, la conducción de las tres armas, las tensiones internas continúan. La percepción de que el Gobierno busca un control más directo sobre la cúpula militar convive con la sensación de que la depuración anunciada nunca llegó a concretarse. Para muchos oficiales, la selección final constituye más bien un ajuste selectivo, orientado a garantizar lealtades antes que promover un recambio estructural.
La figura de Dalle Nogare —quien ahora se convierte en el oficial más antiguo en actividad— genera opiniones divididas. Sus defensores destacan su perfil técnico, su experiencia internacional y su trayectoria sólida dentro de la Armada. Sus críticos, en cambio, señalan sus vínculos con sectores de inteligencia naval que históricamente mantuvieron un peso significativo en la toma de decisiones estratégicas, incluso por encima de los canales de conducción formal.
En el Ejército y en la Fuerza Aérea también se anticipan movimientos. La elección de los segundos comandantes será clave para determinar si efectivamente habrá una “purga moderna”, como advirtieron algunas fuentes internas. La designación de oficiales más jóvenes y con formación académica reciente podría alterar la tradicional correlación de antigüedades y provocar desplazamientos no deseados.

Un escenario abierto
Con las cúpulas ya definidas, el Gobierno se prepara para una etapa de reorganización administrativa y doctrinaria en el ámbito de la Defensa. Sin embargo, las tensiones acumuladas, la intervención política directa y las contradicciones normativas en torno a la situación de Presti dejan un escenario abierto, con un clima interno que dista de estar completamente ordenado.
Para muchos observadores, la verdadera pulseada recién comienza. Lo que ocurra en los próximos meses —especialmente en las segundas líneas de mando y en la relación entre el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor Conjunto— será determinante para definir si el Gobierno logra consolidar el control político de las Fuerzas Armadas o si la interna militar vuelve a emerger con nuevos actores y nuevos conflictos.


Que el Poder político interfiera ya sea en el Poder judicial o las FFAA AA es signo de debilidad institucional