MAPI: el museo que lleva el turismo a la era de la inteligencia artificial

El Día Mundial del Turismo, cada 27 de setiembre, invita a pensar una actividad que hace tiempo dejó de consistir simplemente en trasladarse de un lugar a otro. Viajar supone conocer, descubrir, interpretar y, sobre todo, establecer vínculos con los territorios y con quienes los habitan. En 2026, la celebración adquiere una dimensión particular: la agenda digital y la inteligencia artificial colocan en el centro de la discusión una transformación que ya está modificando la manera en que elegimos destinos, organizamos nuestros viajes y nos relacionamos con el patrimonio.

En ese escenario, el MAPI – Museo de Arte Precolombino e Indígena, en la Ciudad Vieja de Montevideo, viene desarrollando una experiencia que permite observar cómo esa transformación puede trasladarse a un museo y, desde allí, proyectarse sobre la experiencia turística.

La historia comenzó con una pregunta sencilla: ¿qué puede hacer un museo para acompañar al visitante antes, durante y después de atravesar sus puertas?

La respuesta fue creciendo por etapas.

Un museo que también cabe en el teléfono

La primera fue la creación de la aplicación oficial del MAPI, desarrollada originalmente por la diseñadora Valentina Golubei como proyecto final de carrera. Disponible para dispositivos iOS y Android, la aplicación nació para complementar la visita presencial y concentrar en el teléfono celular distintas herramientas que hasta entonces se encontraban dispersas.

Audioguías, información sobre las colecciones y exposiciones, mapas interactivos, noticias y contenidos multimedia comenzaron a formar parte de una experiencia que permite recorrer el museo con mayor autonomía. La aplicación incorporó además contenidos en español, inglés y portugués, una característica especialmente relevante para una institución ubicada en uno de los principales circuitos turísticos de Montevideo.

Pero el proyecto continuó evolucionando.

Uno de los pasos siguientes estuvo vinculado con la accesibilidad. El MAPI incorporó a su aplicación videoguias en Lengua de Señas Uruguaya, desarrolladas con el apoyo del Centro de Investigación y Desarrollo para la Persona Sorda (CINDE). La iniciativa se integró a una política institucional más amplia que entiende la accesibilidad no como un servicio adicional, sino como una dimensión que debe atravesar la experiencia museística.

La tecnología comenzó así a cumplir una función que va mucho más allá de la novedad: eliminar barreras.

Un visitante extranjero puede acceder a contenidos en distintos idiomas; una persona sorda puede recorrer el museo utilizando contenidos en Lengua de Señas Uruguaya; quien prefiera realizar el recorrido de manera autónoma dispone de audioguías e información directamente en su teléfono. Y quien quiera profundizar posteriormente puede continuar accediendo a contenidos digitales.

La visita deja entonces de estar limitada por las paredes del edificio.

Quinientas máscaras y una nueva forma de mirar

En 2026 se produjo un nuevo salto. La aplicación incorporó inteligencia artificial y reconocimiento de imágenes para identificar las más de 500 piezas que integran la colección permanente de Máscaras Latinoamericanas de Claudio Rama.

El funcionamiento es deliberadamente sencillo. El visitante encuentra una máscara que despierta su curiosidad, abre la aplicación y la fotografía. El sistema reconoce automáticamente la pieza y despliega información vinculada con ella.

Detrás de ese gesto cotidiano —apuntar con la cámara de un teléfono— existe una operación tecnológica compleja. Pero para quien recorre el museo la tecnología prácticamente desaparece. Lo que permanece es el acceso inmediato al conocimiento.

La funcionalidad, desarrollada por Andrei Golubei especialmente para el MAPI, permite aplicar sistemas de reconocimiento de imágenes e inteligencia artificial a una colección museística de gran escala.

La misma herramienta incorpora además una dimensión lúdica. Una persona puede fotografiarse o tomar una imagen de quien la acompaña y el sistema analiza sus rasgos para determinar con cuál de las máscaras de la colección encuentra mayor similitud.

La propuesta combina así información y juego, dos dimensiones que durante mucho tiempo fueron consideradas casi opuestas dentro de los museos. La experiencia demuestra lo contrario: aprender también puede ser jugar.

Y la tecnología puede convertirse en una puerta de entrada hacia objetos que, de otra manera, quizás pasarían inadvertidos. En lugar de competir con las piezas originales, la pantalla conduce nuevamente hacia ellas. La inteligencia artificial no reemplaza la experiencia de encontrarse frente al objeto: genera nuevas razones para observarlo.

Más tecnología para volver a encontrarnos

Sin embargo, la transformación más reciente de la aplicación introduce una paradoja interesante: después de incorporar cada vez más tecnología, el siguiente paso fue utilizarla para conectar personas.

Así nació MAPI Tour App.

La nueva funcionalidad permite que quienes visitan el museo encuentren guías profesionales directamente desde la aplicación. El visitante puede consultar perfiles, conocer la formación de cada profesional, saber en qué idiomas trabaja y qué características tienen sus recorridos. A partir de allí, puede elegir con quién realizar su visita.

La idea surgió de Andrea Pustetto, estudiante de la Tecnicatura en Turismo de UTU, guía de turismo y técnica en gestión cultural, durante la pasantía curricular que realizó en el MAPI. El museo decidió desarrollar la propuesta y transformarla en una nueva herramienta de su aplicación, cuya programación estuvo a cargo de Andrei Golubei.

La iniciativa introduce un cambio importante en la relación entre museo, turismo y tecnología. Habitualmente, la digitalización de los servicios turísticos se piensa como una forma de automatizar procesos. Aquí ocurre algo diferente: la tecnología funciona como intermediaria para recuperar una de las experiencias más antiguas del turismo, el encuentro entre un visitante y una persona capaz de contarle un lugar.

MAPI Tour App no sustituye al guía. Lo hace visible.

Para quien llega a Montevideo, significa poder encontrar desde su teléfono a una persona preparada para acompañar su recorrido, seleccionar el idioma en que quiere realizarlo y elegir una propuesta de acuerdo con sus intereses. Para quienes trabajan como guías, supone disponer de una nueva vidriera profesional y de un canal directo para encontrarse con potenciales visitantes.

La presentación de la nueva herramienta se realizó en la Sala Arredondo del Ministerio de Turismo y fue declarada de Interés Turístico. La iniciativa cuenta además con el aval de la División Turismo de la Intendencia de Montevideo y con el apoyo de organizaciones representativas de los guías profesionales.

De esa manera, una herramienta nacida dentro de un museo comienza a funcionar también como plataforma de articulación entre cultura, turismo y trabajo profesional.

El director del Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), Facundo de Almeida y Ministro de Turismo Pablo Menoni

La visita empieza antes de llegar y continúa después de salir

La experiencia plantea además una transformación en la propia idea de visita.

Durante décadas, el recorrido por un museo comenzaba cuando una persona cruzaba la puerta del edificio y terminaba cuando volvía a salir. Hoy esos límites son mucho menos precisos.

El visitante puede informarse antes de llegar, explorar contenidos, elegir un guía, seleccionar un idioma y anticipar parte del recorrido. Dentro del museo puede utilizar mapas, audioguías, videoguías en Lengua de Señas Uruguaya o herramientas de inteligencia artificial. Y después de la visita puede continuar explorando contenidos desde cualquier lugar.

El museo se convierte así en una experiencia expandida.

No se trata de reemplazar el edificio, las colecciones ni el encuentro directo con el patrimonio. Precisamente ocurre lo contrario: las herramientas digitales adquieren sentido cuando ayudan a enriquecer ese encuentro.

Ese principio resulta particularmente significativo en momentos en que la inteligencia artificial abre interrogantes sobre el futuro de numerosas actividades. La experiencia desarrollada por el MAPI propone una posible respuesta desde el campo cultural y turístico: utilizar la tecnología no para eliminar la dimensión humana, sino para multiplicar las posibilidades de acceso y encuentro.

Una inteligencia artificial puede reconocer una máscara entre más de quinientas. Una audioguía puede explicar una pieza en diferentes idiomas. Una videoguía puede hacer accesible un contenido en Lengua de Señas Uruguaya. Un mapa digital puede orientar a quien recorre las salas.

Pero también una aplicación puede ayudar a encontrar a una persona.

Y esa persona puede contar una historia, responder una pregunta, adaptar un recorrido a los intereses del visitante y establecer algo que ningún algoritmo puede garantizar por sí mismo: una relación humana con el lugar visitado.

El turismo del futuro también se construye desde los museos

La agenda digital y la inteligencia artificial están modificando la manera en que los viajeros descubren destinos y diseñan sus experiencias, pero al mismo tiempo obligan a preguntarse qué lugar ocuparán las comunidades, los trabajadores y las instituciones culturales en ese nuevo ecosistema.

Los museos forman parte de esa discusión. Son espacios de conservación e investigación, pero también lugares de encuentro entre visitantes, ciudades, historias y comunidades. Para muchos viajeros constituyen una de las principales puertas de acceso a la identidad cultural de un destino.

Por eso, la transformación digital de los museos no debería medirse solamente por la cantidad de pantallas, dispositivos o aplicaciones incorporadas. La pregunta relevante es otra: ¿qué permiten hacer esas tecnologías que antes no era posible?

En el caso del MAPI, permiten superar barreras idiomáticas, ampliar la accesibilidad, descubrir información sobre una pieza en el mismo momento en que despierta curiosidad, generar nuevas formas de aprendizaje, conectar visitantes con profesionales del turismo y extender la experiencia más allá del tiempo físico de la visita.

Cuando eso ocurre, la innovación deja de ser un fin en sí misma y se convierte en una herramienta.

La evolución de la aplicación del MAPI —desde sus primeras audioguías y mapas hasta la incorporación de accesibilidad, inteligencia artificial y conexión con guías profesionales— muestra también que la transformación digital no necesariamente surge de grandes estructuras tecnológicas.

La aplicación nació como un proyecto académico. Una de sus nuevas funcionalidades surgió de una pasantía estudiantil. Diferentes profesionales, instituciones y organizaciones fueron incorporándose al proceso.

Es, en ese sentido, un laboratorio en permanente construcción. Y quizás allí se encuentre una de las claves para pensar el turismo que viene.

En tiempos de inteligencia artificial, realidad aumentada, recorridos virtuales y sistemas capaces de reconocer objetos en segundos, la tecnología ofrece posibilidades que hace pocos años parecían reservadas a la ciencia ficción. El desafío consiste en decidir para qué utilizarlas.

En un museo, la respuesta puede ser particularmente sencilla: para que más personas puedan conocer, comprender, disfrutar y apropiarse del patrimonio. En turismo, puede agregarse otra: para conectar mejor a quienes llegan con quienes conocen y cuentan un territorio.

Porque viajar continúa siendo, pese a todas las transformaciones tecnológicas, una experiencia profundamente humana.

Tal vez el futuro del turismo no esté en elegir entre tecnología y personas, sino en conseguir que la primera nos ayude a encontrarnos mejor.

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