Falleció a los 73 años, Martin Parr, uno de los fotógrafos documentales más influyentes de su generación. Estudió fotografía en el Manchester Polytechnic entre 1970 y 1973. Desde entonces, su obra se convirtió en un espejo irónico de la Inglaterra de las clases medias y trabajadoras, documentando el declive social bajo el thatcherismo, el consumismo global y las contradicciones de la vida suburbana.
Su carrera despegó en los años 70 y 80 con proyectos que exploraban comunidades rurales y el clima adverso, como Bad Weather (1982), tomada con una cámara submarina en la costa irlandesa, y A Fair Day (1984). Pero fue en 1984 cuando Parr revolucionó su estilo: abandonó el blanco y negro tradicional por el color saturado y el flash directo, un giro que lo alejó de la austeridad documental de sus predecesores y lo acercó a una sátira visual hiperrealista. Su obra maestra temprana, The Last Resort: Photographs of New Brighton (1986), inmortalizó a los veraneantes de clase obrera en las playas de Wirral, Merseyside, con una mezcla de ternura y burla que capturó la decadencia alegre de la era postindustrial. Este libro no solo le valió una reputación internacional, sino que marcó un antes y un después en la fotografía británica, abriendo camino a una generación más colorida y crítica.
A lo largo de las décadas, Parr expandió su lente al mundo entero, sin perder su esencia británica. Series como Small World (1987-1994), que diseccionaba el turismo masivo en sitios icónicos como la Acrópolis o Benidorm, y Common Sense (1995-1999), un retrato del consumismo global, lo consolidaron como un observador antropológico de la riqueza occidental. Sus imágenes —de fiestas de pueblo, clubes conservadores, cafeterías y solteros en la playa— rebosan humor ácido, revelando las hipocresías de clase social con una empatía que nunca cae en el desprecio.

