Uruguay atraviesa una transformación demográfica y social profunda en la composición de sus hogares. Durante la última década, los carritos de bebé fueron cediendo espacio en el paisaje urbano frente al tránsito constante de correas y pretales, al tiempo que las agendas familiares reorganizaron sus prioridades presupuestarias para dar entrada a la medicina veterinaria y la alimentación especializada.
La afirmación “más perros, menos niños” dejó de ser una percepción subjetiva de la vía pública para transformarse en una realidad estadística fundamentada por las mediciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA).
Mientras el número de nacimientos anuales descendió un 36% en los últimos diez años, la cantidad de animales de compañía integrados a los hogares se triplicó en el mismo período, evidenciando una clara priorización de las nuevas parejas y hogares entre la crianza de un hijo y la tenencia de una mascota.
Los datos arrojados por el Censo 2023 del INE permiten dimensionar la magnitud del fenómeno: en las viviendas particulares de todo el territorio nacional residen 1.448.224 perros y 691.844 gatos, lo que conforma una población declarada de 2.140.066 mascotas domésticas.
Al sumar las estimaciones del INBA sobre animales en zonas de producción rural o sin hogar fijo, la cifra total de caninos roza los 1,8 millones. En un país de 3,4 millones de habitantes, la proporción equivale a un animal de compañía por cada 1,6 personas, una de las tasas más altas de América Latina.
El contrapunto con la dinámica de la natalidad resulta esclarecedor. En 2015, los registros del MSP contabilizaron 48.926 nacimientos en el país. En los últimos años, esa cifra cayó de forma continuada hasta ubicarse en el entorno de los 31.000 nacimientos anuales.
Esta contracción desplomó la tasa global de fecundidad a 1,27 hijos por mujer, un valor históricamente bajo que sitúa a Uruguay lejos del umbral de reemplazo generacional, fijado en 2,1. En la categoría de parejas sin hijos, el 39% convive al menos con un perro.

Causas del fenómeno
Las causas de esta priorización responden a múltiples factores socioeconómicos. Un informe de la consultora de consumo y sociedad indica que el costo financiero acumulado de criar a un hijo hasta la mayoría de edad resulta determinante para las parejas de entre 25 y 40 años, en un contexto de marcada exigencia de flexibilidad laboral y desarrollo profesional.
En contraste, la incorporación de un perro o un gato ofrece un vínculo afectivo directo, compañía constante y satisfacción emocional con una demanda presupuestaria y logística sustancialmente menor y más predecible. Esta reconfiguración de la vida familiar impulsa dinámicas económicas e institucionales inéditas.
El mercado de alimentos balanceados, guarderías y servicios de salud veterinaria de alta complejidad creció a ritmo vertiginoso en las ciudades uruguayas, paralelamente a la caída en la matrícula de educación inicial.
A su vez, los gobiernos departamentales y el gobierno central enfrentan el desafío de adecuar la gestión del espacio público, consolidar planes de castración masiva e identificación chipiada, y diseñar políticas sanitarias acordes a una sociedad donde las mascotas pasaron a ser integrantes permanentes de la estructura del hogar.

