Paulo Rocha: “Los delincuentes juegan con la urgencia; hay que pensar antes de hacer clic”

El director general de Cibercrimen de la Policía Nacional sostiene que la respuesta no depende únicamente de la Policía; requiere también ciudadanos capaces de desarrollar hábitos digitales seguros.

Paulo Rocha: "La normativa actual cubre las necesidades de tipificación. Donde nunca podemos detenernos es en la capacitación".

El cibercrimen dejó hace tiempo de ser un fenómeno reservado a especialistas para convertirse en una de las principales amenazas para ciudadanos, empresas e instituciones públicas. Las estafas digitales, el phishing, el ransomware, la suplantación de identidad y los delitos sexuales cometidos a través de internet crecen al ritmo de la transformación tecnológica, obligando a las fuerzas policiales a especializarse y adaptar permanentemente sus métodos de investigación.

En Uruguay, esa tarea está concentrada en la Dirección General de Cibercrimen de la Dirección de Investigaciones de la Policía Nacional, creada como dirección general a partir de la Ley de Presupuesto, reflejando la importancia que adquirió este tipo de delincuencia.

Al frente de esa unidad se encuentra el comisario general Paulo Rocha, un policía con tres décadas de trayectoria, casi toda desarrollada en tareas de investigación criminal y uno de los impulsores de la primera unidad especializada en cibercrimen del país. En entrevista con Diario La R, Rocha analiza la evolución del delito informático, describe cómo operan las organizaciones criminales y advierte que el escenario será cada vez más complejo con el avance de la inteligencia artificial.

Sintetiza el escenario actual desafiante desde el punto de vista de las amenazas con una imagen sencilla. «Hay un mundo de gente golpeando la puerta para ver si está abierta”. Para el Director General de Cibercrimen, la respuesta no depende únicamente de la Policía. Requiere instituciones más protegidas, empresas que inviertan en seguridad informática, sistemas tecnológicos cada vez más robustos y ciudadanos capaces de desarrollar hábitos digitales seguros.

«Hoy estamos investigando una modalidad y mañana ya cambió” señala el director general de Cibercrimen.

Un crecimiento exponencial

Para Rocha, el aumento del cibercrimen acompaña el proceso de digitalización de la sociedad. «Como ha pasado a nivel mundial, Uruguay no es ajeno. Ha habido un crecimiento muy importante de estos delitos durante los últimos diez años, acompañado por el mayor uso de la tecnología», explica.

Las estadísticas muestran la magnitud del fenómeno. Mientras en 2013 se registraban apenas 1.338 denuncias por estafas y fraudes informáticos, en 2024 esa cifra ascendió a 31.000 casos. En 2025 se contabilizaron unas 26.000 denuncias en todo el año, reflejando una leve reducción respecto al pico anterior, aunque manteniendo niveles históricamente altos.

Entre enero y junio de 2024 se registraron 16.256 denuncias; en el mismo período de 2025 fueron 13.780, mientras que en 2026 ascendieron a 14.035, lo que representa un incremento cercano al 1,9% en la comparación interanual del semestre.

Rocha explicó que el comportamiento de los fraudes informáticos responde muchas veces a la aparición de nuevas modalidades delictivas. Para el jerarca, estas variaciones responden a cambios en las modalidades empleadas por los ciberdelincuentes, a mejoras en los sistemas de seguridad y también al trabajo de investigación y persecución penal que desarrolla la Policía.

El jerarca señala que el fortalecimiento institucional también responde a esa realidad. «La dirección general comenzó siendo una pequeña oficina dentro de la Jefatura de Policía de Montevideo, con dos o tres personas. Después pasó a ser sección, departamento, unidad y finalmente Dirección General. Ese crecimiento acompaña la necesidad que fue generando este fenómeno.»

Tres grandes áreas de trabajo

La Dirección General de Cibercrimen posee competencia nacional y estructura su trabajo en tres grandes áreas especializadas. La primera está dedicada a los delitos sexuales cometidos mediante tecnologías, incluyendo grooming (acoso y manipulación que un adulto hace a un menor por internet para ganar su confianza, aislarlo y pedirle fotos íntimas o encuentros), explotación sexual infantil y circulación de material de abuso sexual contra niños y adolescentes.

La segunda investiga los ataques contra sistemas informáticos, como hackeos, ransomware, accesos ilícitos y ataques dirigidos a organismos públicos o empresas. La tercera aborda los delitos tradicionales cometidos mediante herramientas digitales.

«Ahí hablamos de fraudes informáticos, algunas estafas, amenazas, extorsiones. Son delitos tradicionales, pero que utilizan la tecnología para concretarse», resume.

Rocha sostiene que una de las mayores dificultades consiste en que los delincuentes evolucionan constantemente. «La formación es permanente. Hoy estamos investigando una modalidad y mañana ya cambió. Aparece otra tecnología, otra plataforma y otro mecanismo.»

A su juicio, la legislación uruguaya logró ponerse al día con la reciente tipificación de los delitos informáticos. «La normativa actual cubre las necesidades de tipificación. Donde nunca podemos detenernos es en la capacitación.» Por esa razón, oficiales de la Dirección General participan regularmente en cursos internacionales y mantienen vínculos permanentes con agencias policiales de la región y del mundo.

«No solamente importa la capacitación; también importa generar redes de contacto con otras policías porque estos delitos requieren cooperación internacional permanente.»

Una amenaza global

El director de Cibercrimen explica que la mayoría de las investigaciones presenta algún componente internacional. «Los delitos pueden cometerse desde el exterior o desde Uruguay utilizando infraestructura ubicada en otros países. Se usan servidores extranjeros, plataformas internacionales y distintos mecanismos que obligan a solicitar cooperación.»

Esa coordinación se realiza con organismos como Interpol, Europol, Ameripol y otras agencias especializadas. «Hay mecanismos muy sólidos de cooperación. Nosotros pedimos información y también respondemos solicitudes provenientes de otros países.»

Entre las modalidades que más crecieron aparece el phishing, basado en la suplantación de identidad. «Siempre existe un componente de urgencia. Le dicen a la víctima que ganó un premio, que debe invertir inmediatamente o que su cuenta será bloqueada si no actúa ya.» El objetivo es impedir que la persona reflexione.

«Los delincuentes juegan con esa urgencia. Hostigan para que la víctima no piense.» Según Rocha, esas campañas suelen enviarse de forma masiva. «Pueden lanzar millones de mensajes y esperar que algunas personas caigan.» Muchas de esas campañas provienen del exterior, aunque una parte importante de las estafas más comunes continúa siendo ejecutada por actores nacionales.

La IA «ya es un desafío y seguirá creciendo muy rápidamente.»

¿Quiénes son las principales víctimas?

Contrariamente a la percepción habitual, la población más afectada no corresponde exclusivamente a adultos mayores. Las estadísticas muestran que la mayor cantidad de víctimas se concentra entre los 26 y 40 años.

«Es el grupo etario más activo desde el punto de vista laboral, comercial y bancario. Utiliza permanentemente herramientas digitales y eso aumenta su exposición.» Sin embargo, Rocha aclara que existen campañas específicas dirigidas hacia personas mayores, niños y adolescentes. «Con esos grupos desarrollamos programas de prevención específicos.»

Las investigaciones revelan que detrás de muchos fraudes existe una estructura organizada. «Cada vez vemos menos delincuentes actuando solos.» Una figura clave es la denominada «mula financiera».

Se trata de personas utilizadas para recibir el dinero obtenido mediante las estafas y transferirlo rápidamente, dificultando el rastreo de los fondos. «Hemos logrado detener a las mulas, a quienes las captan y también a quienes diseñan toda la maniobra.» La Policía procura llegar siempre a los organizadores. «Nuestras investigaciones apuntan al ideólogo de la organización.»

Consultado sobre los ataques sufridos por instituciones públicas y empresas privadas, Rocha responde con una frase utilizada internacionalmente por especialistas en ciberseguridad.

«Nadie está 100% seguro. O te están por atacar, o te atacaron o te van a atacar.» Explica que la tecnología evoluciona de forma tan rápida que ningún sistema puede considerarse invulnerable. «Hoy uno puede tener el mejor sistema de seguridad y mañana deja de ser el mejor.» Por ello, las inversiones en ciberseguridad son permanentes.

Casos que dejan huella

Aunque evita referirse a investigaciones concretas en desarrollo, Rocha reconoce que algunos procedimientos generan un fuerte impacto humano. Recuerda especialmente los casos relacionados con abuso sexual infantil. «Hemos rescatado niños víctimas de abuso mediante investigaciones que comenzaron sin una denuncia previa.»

Gracias al análisis de evidencias digitales y la cooperación internacional, la Policía logra detectar situaciones ocultas. «Podemos llegar con una orden de allanamiento, detener al responsable —muchas veces integrante del propio núcleo familiar— y rescatar al niño.» El jerarca admite que esos procedimientos son los que más lo marcan personalmente.

La higiene digital

Más allá de la persecución penal, Rocha considera que la prevención constituye la herramienta más eficaz. Introduce un concepto que define como «higiene digital». «Antes de hacer clic, antes de aceptar un enlace o entregar un código, hay que detenerse unos segundos.» Según explica, ninguna institución seria exige respuestas inmediatas. «No nos van a cerrar una cuenta en dos minutos porque no contestamos un mensaje.»

También recomienda revisar las configuraciones de seguridad de las aplicaciones. «Si vamos a utilizar una aplicación durante varias horas al día, vale la pena dedicar unos minutos a conocer sus opciones de privacidad.»

Respecto al uso de internet por parte de niños y adolescentes, el director de Cibercrimen enfatiza la importancia del acompañamiento familiar. «No alcanza con los conocimientos técnicos.» Los adultos deben conocer qué aplicaciones utilizan sus hijos y cómo funcionan.

«Muchos juegos tienen sistemas de chat. El problema no siempre es el juego; el problema es con quién interactúa el menor.» Por ello insiste en utilizar controles parentales y mantener una supervisión activa. «Cuando un niño navega por internet no está solo; está abierto al mundo.»

Rocha entiende que la próxima gran transformación del delito estará vinculada con la inteligencia artificial. «Ya es un desafío y seguirá creciendo muy rápidamente.» Advierte que las mismas herramientas que potencian la productividad también fortalecen las capacidades de las organizaciones criminales.

«La inteligencia artificial va evolucionando constantemente y los delincuentes también la incorporan.» A ello se suman otros desafíos emergentes, como las criptomonedas, la computación cuántica, el metaverso y las nuevas formas de economía digital.

 

Comparte esta nota:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Sociedad