No se busca una raza determinada, sino un temperamento dócil, manso, afectuoso

Perros lazarillos en asistencia médica

Son seleccionados por su temperamento dócil y previsible, entrenados durante más de un año y capaces de aprender una docena de tareas.

Son seleccionados por su temperamento dócil y previsible
Son seleccionados por su temperamento dócil y previsible

Cuando se habla de perros de asistencia, los primeros en venir a la mente son los lazarillos o perros guía para personas ciegas o con discapacidad visual severa. Pero también existen animales entrenados para asistir a personas sordas, con discapacidad física, con epilepsia, diabetes o trastornos del espectro autista. Todos ellos comparten una cualidad: actúan como una extensión del cuerpo humano, favoreciendo la autonomía y la seguridad.

El perro guía es probablemente el más complejo de entrenar debido a la multiplicidad de demandas que impone el ámbito urbano. Debe sortear obstáculos, detenerse ante bordes de veredas, reconocer semáforos y evitar peligros. A diferencia de otras modalidades de asistencia, el lazarillo requiere un adiestramiento más exigente porque toma decisiones en tiempo real sobre la seguridad de su dueño.

El perro guía es probablemente el más complejo de entrenar debido a la multiplicidad de demandas que impone el ámbito urbano
El perro guía es probablemente el más complejo de entrenar debido a la multiplicidad de demandas que impone el ámbito urbano

No se busca una raza determinada, sino un temperamento dócil, manso, afectuoso y de carácter previsible. En la práctica, las razas más utilizadas por su afabilidad son el Labrador y el Golden Retriever, aunque también pueden seleccionarse mestizos, aunque resulta más difícil estandarizar sus características. Para discapacidad motriz se prioriza al Labrador por su estatura y características físicas, que facilitan adaptarlo a los requerimientos del usuario.

El entrenamiento comienza después del destete, alrededor de los 60 días de vida, y se prolonga entre 12 y 18 meses, pudiendo extenderse hasta dos años. La primera fase consiste en una profunda socialización del cachorro. Luego se aplica un condicionamiento operante, se refuerza con recompensas cada conducta que se quiere lograr. Cada perro es capaz de aprender aproximadamente doce tareas específicas.

Una vez completado el adiestramiento básico, viene el periodo de vinculación con el usuario, conocido como «macheo», que dura unos seis meses. En algunos países se exige que el beneficiario se mude temporalmente con el animal para convivir y consolidar el vínculo. El perro guía no solo conduce a su dueño, sino que le brinda compañía, apoyo emocional y una mejora notable en su calidad de vida. Diversos estudios han demostrado que las personas con discapacidad que conviven con un perro de asistencia aumentan su nivel de socialización, su destreza en los movimientos y su percepción de seguridad e independencia. 

En el caso específico de los perros de servicio para personas con discapacidad física, pueden realizar tareas como abrir y cerrar cajones o puertas, encender y apagar luces, recoger objetos del suelo, tirar de una silla de ruedas o quitarle los frenos, ayudar a desvestir al usuario y portar objetos. Para personas sordas, los perros señal están entrenados para despertarlas, avisarles cuando llaman a la puerta o suena el teléfono.

Uno de los fenómenos más sorprendentes es el de los perros de alerta para epilépticos. Algunos ejemplares tienen una habilidad innata para predecir una crisis con una antelación de entre 15 y 45 minutos. No se conoce con exactitud el mecanismo, pero se cree que combinan señales visuales (gestos o posturas mínimas del dueño) y olfativas. El perro puede gemir, pasear alrededor del dueño, mirarlo fijamente o lamerle las manos. Esta capacidad permite a la persona acudir a un lugar seguro o tomar medicación anticonvulsivante antes de la crisis. Además, se ha evidenciado que estos pacientes experimentan una disminución en la frecuencia de sus crisis, posiblemente por la reducción del estrés y el aumento de la confianza.

Los perros de terapia se integran como herramientas especializadas en programas terapéuticos o educativos. Se utilizan en niños con problemas de conducta, hiperactividad. Autismo, problemas de psicomotricidad, síndrome de Down, reducción del estrés en niños con cáncer. Además de enfermos mentales con ansiedad y depresión, y en ancianos con Parkinson o demencia leve para motivarlos a conversar y realizar actividad física.

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