Riad y AlUla: dos rostros de Arabia Saudita entre el futuro y la eternidad

De los rascacielos y las grandes avenidas de la capital al silencio monumental del desierto, Arabia Saudita construye una propuesta turística que combina modernidad, patrimonio, cultura y paisajes que parecen detenidos en el tiempo.

Reino de Arabia Saudita

Hay destinos que se conocen recorriendo sus monumentos y otros que obligan a revisar las ideas que el viajero llevaba consigo antes de llegar. Arabia Saudita pertenece claramente al segundo grupo.

Aterrizar en Riad significa encontrarse con una capital de dimensiones enormes, avenidas amplias, arquitectura contemporánea, hoteles internacionales, restaurantes, centros comerciales y un movimiento urbano que contradice rápidamente la imagen de un país encerrado exclusivamente en sus tradiciones.

La capital saudí se ha convertido en uno de los principales escenarios de la transformación turística y cultural del Reino. La ciudad reúne hoy patrimonio histórico, museos, galerías, gastronomía, compras y una creciente agenda de espectáculos y acontecimientos internacionales. La propia promoción turística oficial presenta a Riad como un punto de encuentro entre patrimonio y modernidad.

Pero comprender Riad requiere abandonar por algunas horas sus edificios modernos.

Diriyah, donde comenzó una historia

En las afueras aparece Diriyah, uno de los lugares fundamentales para comprender la formación histórica del país.El contraste es notable.

Después del vidrio, el acero, las autopistas y las luces de la capital, aparecen construcciones de tierra, callejuelas y una arquitectura que recupera las formas tradicionales de Najd.

Allí se encuentra At-Turaif, sitio reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO y estrechamente vinculado al origen del primer Estado saudí. Diriyah es presentada actualmente no solamente como espacio histórico, sino como un gran distrito cultural donde patrimonio, gastronomía y actividades contemporáneas conviven alrededor de un paisaje cuidadosamente recuperado.

Capital del Reino de Arabia Saudita Riad

Caminar por este lugar permite comprender algo esencial del proyecto turístico saudí: el país no intenta mostrar solamente aquello que está construyendo, sino también aquello de donde proviene.

Esa combinación está presente igualmente en el Museo Nacional de Arabia Saudita, ubicado en Riad, cuyas colecciones permiten recorrer diferentes etapas de la historia de la península arábiga, desde períodos anteriores al islam hasta la formación del Estado moderno.

Riad, sin embargo, no vive únicamente de su pasado.

La transformación urbana resulta visible prácticamente en todas partes. Restaurantes de distintas cocinas internacionales conviven con la gastronomía saudí; los cafés permanecen llenos hasta avanzada la noche y los espacios comerciales se han convertido también en lugares de encuentro social.

Durante los grandes eventos, esa dinámica adquiere otra escala. Riyadh Season ha transformado durante meses diferentes zonas de la capital mediante espectáculos, gastronomía, entretenimiento, deportes y propuestas culturales destinadas tanto al público local como a visitantes extranjeros.

La noche de Riad merece un capítulo propio.

Cuando disminuye el calor, la ciudad parece adquirir una segunda vida. Familias, jóvenes y turistas ocupan restaurantes y terrazas. Las luces dibujan otro horizonte sobre la capital y permiten entender que buena parte de la vida social saudí se desplaza hacia las últimas horas del día.

Pero existe otra Arabia Saudita.

Para encontrarla hay que viajar hacia AlUla.

El viaje hacia el silencio

Si Riad representa movimiento, expansión y transformación, AlUla propone exactamente lo contrario: detenerse.

El paisaje comienza a dominarlo todo.

Montañas de formas imposibles, enormes paredes de piedra, arena y oasis aparecen bajo un cielo que parece multiplicar las dimensiones del territorio.

Aquí el silencio no significa ausencia.

Significa historia.

AlUla fue durante siglos un punto estratégico de las antiguas rutas comerciales y de peregrinación que atravesaban la península arábiga. Su territorio conserva testimonios de diferentes civilizaciones y comunidades que encontraron en este valle un lugar donde establecerse, comerciar y controlar las rutas del desierto.

El gran tesoro arqueológico es Hegra.

Fue el primer sitio de Arabia Saudita incorporado a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y conserva más de 110 tumbas monumentales excavadas en formaciones rocosas, asociadas fundamentalmente con la civilización nabatea.

La experiencia produce inevitablemente comparaciones con Petra, en Jordania, pero Hegra posee una personalidad propia.

Las construcciones aparecen separadas unas de otras en medio de un territorio gigantesco. Las fachadas fueron literalmente esculpidas en la montaña. Algunas conservan inscripciones y elementos arquitectónicos que permiten imaginar la importancia social de quienes fueron sepultados allí.

Frente a ellas, el visitante descubre una de las grandes paradojas del desierto: aquello que parece vacío estuvo alguna vez conectado con importantes redes comerciales y culturales.

Por estas rutas circularon mercancías, viajeros, peregrinos e ideas.

Una ciudad construida con tierra y memoria

AlUla no termina en Hegra.

Su Ciudad Antigua conserva un entramado de estrechos pasajes y centenares de viviendas construidas principalmente con ladrillos de barro. El asentamiento se desarrolló desde aproximadamente el siglo XII y estuvo relacionado tanto con antiguas rutas comerciales como con el camino de peregrinación entre Damasco y La Meca.

Cuando la naturaleza construye monumentos

Uno de los símbolos naturales de la región es Elephant Rock —la Roca del Elefante—, una enorme formación de arenisca modelada durante millones de años por los procesos naturales de erosión.

Alcanza aproximadamente 52 metros de altura.

Su silueta recuerda claramente a un elefante gigantesco apoyado sobre la arena.

Pero quizá el mejor momento para conocerla sea cuando comienza a desaparecer el sol.

El cielo cambia de color, la roca adquiere tonalidades rojizas y las primeras estrellas comienzan a ocupar un firmamento prácticamente libre de las luces características de las grandes ciudades.

Es entonces cuando se comprende que AlUla no necesita grandes efectos especiales.

El espectáculo ya estaba allí.

Dos destinos, un mismo viaje

Riad y AlUla podrían parecer destinos pertenecientes a países diferentes.

Y precisamente allí reside buena parte de su atractivo.

En Riad se observa una Arabia Saudita urbana que construye, organiza eventos internacionales y busca insertarse con mayor fuerza en los circuitos globales del turismo, los negocios, la cultura y el entretenimiento.La de ciudades levantadas alrededor de oasis que hicieron posible la vida donde aparentemente nada podía sobrevivir.

Una representa aceleración; la otra invita a contemplar.Una mira decididamente hacia adelante; la otra recuerda que ningún futuro puede explicarse completamente sin conocer el pasado.

Para el viajero latinoamericano, Arabia Saudita todavía representa una geografía distante y relativamente desconocida. Precisamente por eso el recorrido sorprende. Más allá de los rascacielos, del petróleo y de las imágenes tradicionales asociadas al Reino aparece un territorio de extraordinaria profundidad histórica.

Ciudad de AlUla

Viajar entre Riad y AlUla permite observar esa transición.Desde una terraza de la capital se contempla una ciudad que continúa extendiéndose hacia el horizonte.

En Hegra, algunos días después, el viajero puede permanecer frente a una tumba excavada hace aproximadamente dos mil años en una montaña del desierto.

Son dos imágenes aparentemente opuestas.Pero pertenecen al mismo país.

Quizás sea esa contradicción la que mejor explique la Arabia Saudita que hoy intenta abrirse al visitante: una nación que acelera su transformación mientras recupera y exhibe las huellas de quienes atravesaron su territorio muchos siglos antes de que existieran sus modernas ciudades.

Cuando cae la noche sobre AlUla, las montañas pierden lentamente sus colores y el desierto recupera el silencio.Riad parece entonces muy lejos.Quedan las estrellas, las rocas y una sensación difícil de reproducir en fotografías: la de encontrarse frente a un paisaje que estaba allí mucho antes que nosotros y probablemente continuará allí cuando también nosotros seamos historia.

Ese puede ser el verdadero lujo de AlUla.No solamente viajar a Arabia Saudita.

Sino, durante algunas horas, viajar en el tiempo.

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