Robert Wilson, uno de los grandes artistas y directores de escena teatral y operística del último medio siglo, falleció a los 83 años.
Hasta antes de su partida física seguía izando a sus 82 años la bandera de la modernidad escénica que le hizo famoso cuando en los años setenta sacudía Nueva York con rarezas como Einstein on the beach, la ópera de Philip Glass que él mismo diseñó y estrenó en Aviñón, y que se vería en el Liceu olímpico.
Con más de 200 producciones de teatro y ópera en su haber (Pelléas et Mélisande fue su última incursión liceísta en el 2012), la leyenda viva de la recreación escénica regresaba a la Rambla –“la primera casa de ópera que vi, cuando con 18 años recorrí Europa con 250 dólares en el bolsillo”, recordaba– para mostrar su idea estética, abstracta y estática de El Mesías de Händel, que estrenó en el 2020 en Salzburgo, en la versión de Mozart.
Convertido ya en una leyenda gracias a su presencia en los más emblemáticos escenarios de todo el mundo, también visitó el TNC en el 2017 con un Mijail Baríshnikov convertido en Nijinski en Letter to a man.

