La escena se repite en centros de salud de todo el país: salas de espera semi vacías, vacunatorios que antes bullían de familias ahora silenciosos, y enfermeras que miran con preocupación las planillas de cobertura. Mientras tanto, en redes sociales y ciertos espacios políticos, crece una ola de discursos antivacunas que encuentra terreno fértil en la confusión y el miedo. En ese clima, el sanitarista y emergentólogo Eduardo Arellano levanta la voz. No lo hace con estridencias, sino con una preocupación firme: “Todo esto —dice— termina en hospitalizaciones y muertes. No es retórica, es experiencia”.
Arellano habló con Diario La R Argentina después de recorrer varias provincias y detectar el mismo patrón: padres confundidos, profesionales de salud desbordados y un Estado que dejó de ocupar lugares clave en la prevención. “Los discursos antivacunas confunden a la gente —explica—. Si el Estado estuviera presente con campañas claras, programas de concientización y comunicación sostenida, el impacto sería mucho menor. Pero hoy todo eso falta”.
Mientras las cifras de vacunación caen, regresan enfermedades que parecían discusiones del pasado: sarampión, coqueluche, brotes de varicela más agresivos. Para Arellano, la ecuación es evidente. “Si existieran tres pilares básicos —campañas, presencia territorial y una estrategia firme desde el Ministerio— el negacionismo no tendría dónde apoyarse”. Pero esos pilares, insiste, se derrumbaron.
“Lo territorial desapareció: los camiones sanitarios ya no recorren los barrios, El Estado en tu barrio dejó de existir. Y el área de inmunizaciones, que debería ser un motor dentro del Ministerio, está vaciada. No puede sorprender que tengamos coberturas del 50%. Y cuando la mitad de la población deja de vacunarse, el resultado es siempre el mismo: complicaciones graves, internaciones, muertes que se podrían evitar”.
El especialista se detiene, respira hondo, y cuando se le menciona el encuentro organizado por la diputada Marilú Quiroz, titulado “¿Qué contienen realmente las vacunas Covid-19?”, deja escapar una mueca amarga. “Como profesional de la salud, me da vergüenza ajena —admite—. No hubo evidencia, ni estudios serios, ni análisis epidemiológicos. Solo opiniones personales disfrazadas de inquietud científica”.
Pero lo que más lo desconcierta es la contradicción evidente entre quienes promueven estas dudas. “La diputada cuestionó el supuesto efecto nocivo de las vacunas mientras llevaba un tratamiento de botox visible. Es increíble: la toxina botulínica aplicada por estética puede ser más riesgosa que cualquier vacuna diseñada para salvar vidas. Y aun así, se instala la sospecha sobre las vacunas. Es absurdo, pero funciona cuando no hay presencia estatal que explique, acompañe y responda”.
En medio de la confusión generalizada, Arellano ofrece una guía sencilla, casi doméstica, para quienes se sienten perdidos. “Ante la duda —dice— miren un sachet de leche. Ahí está el calendario de vacunación infantil. Está al alcance de cualquiera. La información existe, está en los lugares más cotidianos. Lo que falta es una política pública que la tome, la amplifique y la defienda”.
El sanitarista insiste en que no se trata solo de estadísticas, sino de historias concretas: niños pequeños internados por enfermedades prevenibles, adultos mayores complicados por falta de refuerzos, familias atravesadas por miedos que nunca deberían haber vuelto. “Todo esto —concluye— es resultado de decisiones. Se desmontó una estructura de cuidado y se instaló una narrativa peligrosa. Recuperar la confianza va a llevar tiempo, pero es urgente empezar ahora”.
Porque, en el fondo, la vacunación no es un debate ideológico ni un campo de batalla político. Es un puente silencioso que sostiene la salud pública. Y cuando ese puente se resquebraja, la caída siempre la paga la sociedad.


Ese es el problema Que paguen justos por pecadores Se debería hacer historia en los centros educativos sobre como se han erradicado las enfermedades gracias a la vacunación No se puede bajar la guardia sobre prevención de enfermedades Llama la atención que la Ministra de Salud Publica sea omisa para hacer campaña sobre el avance de la Sífilis
Están hablando de Argentina no de tu país.
Pasa que, con tal de pegarle al gobierno uruguayo, esta mujer se sube al primer tren con pasaje a Venus.