Las interacciones sociales son un componente central para el bienestar humano, sin embargo, a medida que avanza la edad, muchas personas pasan más tiempo solas. Esta situación incrementa el riesgo de soledad y aislamiento social, dos fenómenos vinculados a efectos negativos en la salud física y mental. Diversas investigaciones señalan que la falta de vínculos sociales está asociada con enfermedades cardiovasculares, depresión y deterioro cognitivo.
Además, quienes se encuentran en situación de aislamiento presentan mayores tasas de hospitalización, estancias más prolongadas y una mayor probabilidad de fallecimiento en comparación con quienes mantienen relaciones sociales activas. Por otro lado, aunque suelen confundirse, la soledad y el aislamiento social no son lo mismo. La soledad es una experiencia subjetiva, el sentimiento de estar solo o desconectado de otros. El aislamiento social, en cambio, refiere a una condición objetiva, caracterizada por la escasez de contactos y relaciones frecuentes.

Como por ejemplo, una persona puede vivir sola sin sentirse aislada, así como también puede experimentar soledad incluso en entornos sociales. En la vejez, ambos fenómenos tienden a intensificarse. Esto se debe a factores como la pérdida de familiares y amigos, problemas de salud, limitaciones físicas o sensoriales y cambios en la red de apoyo. El aislamiento social y la soledad están asociados a múltiples riesgos. Entre ellos, hipertensión, enfermedades cardíacas, obesidad, debilitamiento del sistema inmunitario, ansiedad, depresión y demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer.
A estos factores se suman hábitos que pueden agravar el cuadro, como la falta de actividad física, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y trastornos del sueño. En el plano cognitivo, la escasa interacción social se vincula con un mayor deterioro de funciones como la memoria y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Desde administrar dinero hasta preparar alimentos.
En Uruguay, alrededor del 20% de las personas mayores vive sola. Si bien la cifra es inferior a la de algunos países europeos, donde el porcentaje alcanza el 45%, especialistas advierten sobre la ausencia de políticas sistemáticas para abordar la soledad no deseada. Este concepto se refiere a la percepción de que las relaciones sociales son insuficientes o no cumplen con las expectativas personales. No depende únicamente de la cantidad de vínculos, sino de su calidad.
Durante la pandemia, el Ministerio de Desarrollo Social implementó un servicio telefónico de apoyo, pero se trató de una medida puntual. Actualmente, no existe un sistema estructurado que atienda esta problemática de forma sostenida. En Europa, algunos países han desarrollado estrategias específicas, tal es el caso de Reino Unido. Aquí se creó un ministerio dedicado a abordar la soledad. Mientras que en España operan fundaciones con apoyo estatal enfocadas en mejorar la calidad de vida de las personas mayores y promover el envejecimiento activo.
Según especialistas con experiencia en ese país, el envejecimiento poblacional y la alta esperanza de vida han incrementado el número de personas mayores de 85 años que viven solas o alejadas de sus redes familiares. La pérdida de vínculos cercanos y la migración de familiares son factores que profundizan esta realidad.
Un fenómeno urbano y en expansión. Aunque en Uruguay la soledad no presenta aún la magnitud de otros contextos, se identifica con mayor frecuencia en grandes ciudades, donde las dificultades de movilidad y el ritmo de vida pueden limitar las relaciones sociales. En localidades más pequeñas, la cercanía comunitaria tiende a mitigar el problema. En la región, Chile ha desarrollado algunas iniciativas, pero la mayoría de los países aún carece de políticas integrales.


El gobierno tiene que dar a las personas mayores que gozan de buena salud oportunidad de trabajo tanto remunerado como voluntario Es la única forma de que las mismas conserven un aceptable estado físico y psiquico
Pueden seguir participando como colaboradores de sus lugares de trabajo anteriores También pueden trabajar como acompañantes de personas discapacitadas tal como contempla el Mides
El INAU por otra parte debe arrancar con los programas para Voluntariado
Niños y adolescentes internados en hogares deberían contrae con personas que desempeñen el rol de abuelas o madrinas en especial los mayores de 7 años a los que se les dificulta la adopción
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