Cuando se piensa en el turismo interno dentro del departamento de Colonia, la mirada suele dirigirse casi por inercia hacia su capital histórica, Colonia del Sacramento. Sin embargo, a pocos kilómetros de la Ruta 1, el territorio coloniense despliega una trama de identidades únicas, donde la historia, la gastronomía y la serenidad de sus paisajes ribereños componen una escapada inolvidable.
Trazar un itinerario entre Nueva Helvecia (Colonia Suiza) y Juan Lacaze permite experimentar dos miradas complementarias del interior uruguayo: por un lado, la herencia viva de los inmigrantes centroeuropeos que moldearon la industria láctea del país; por el otro, la calma de una ciudad costera cargada de memoria industrial y espacios abiertos al Río de la Plata.

Colonia Suiza: Cultura gastronómica
A unos 120 kilómetros de Montevideo, Nueva Helvecia se presenta ante el visitante como una auténtica anomalía arquitectónica y cultural en medio de la penillanura uruguaya. Fundada a mediados del siglo XIX por inmigrantes suizos, alemanes, austriacos y franceses, la localidad ha sabido conservar con celo sus raíces, plasmadas en el diseño de sus casas, sus jardines pulcros y los escudos cantonales que adornan sus fachadas.
El recorrido por la ciudad invita a una caminata pausada. El centro neurálgico se articula en torno a la Plaza de los Fundadores, un espacio verde dominado por un imponente monumento tallado en piedra que rinde homenaje a las primeras familias de colonos. A pocos pasos, las edificaciones combinan los techos a dos aguas de estilo alpino con estructuras históricas, como el portal de bienvenida sobre la avenida principal o el icónico Hotel Nirvana, un establecimiento rodeado de hectáreas de parque que evoca la época dorada del turismo de descanso en la región. Otro hito religioso y patrimonial es el Santuario de Schoenstatt, una capilla réplica exacta del templo original de Alemania, reconocida por su entorno arbolado y su ambiente de recogimiento.
Así mismo, hablar de Colonia Suiza es remitirse de forma inevitable a la historia de la quesería uruguaya. Fue precisamente en estas tierras donde se desarrollaron las primeras recetas locales de quesos madurados de estilo europeo. Para el turista inquieto, el circuito gastronómico constituye una parada obligatoria.
Queso Colonia y Sbrinz, son las queserías artesanales de los alrededores abren sus puertas para degustar variantes que van desde quesos semiduros suavemente picantes hasta piezas de larga maduración ideales para rallar o acompañar con vinos regionales. Por otro lado, la gastronomía centroeuropea, con restaurantes locales ofrecen cartas donde destacan la tradicional fondue de queso, platos a base de chucrut, salchichas artesanales y una repostería dominada por el strudel de manzana y las tartas de frutos rojos.

Juan Lacaze: serenidad costera
Dejando atrás la campiña quesera y avanzando en dirección al sur hacia las orillas del Río de la Plata, la Ruta 54 conduce directamente a Juan Lacaze. Esta ciudad ofrece un contraste absoluto con la arquitectura alpina, desplegando un paisaje urbano marcado por el legado del trabajo textil y papelero, junto a un extenso litoral ideal para la desconexión.
Ubicada al frente de la ciudad argentina de La Plata, el gran atractivo de Juan Lacaze, es lo natural de la ciudad, que reside en sus playas sobre el Río de la Plata, caracterizadas por su arena fina y sus aguas calmas en días sin viento.
Las Playa Charrúa y Playa Verde, son los principales puntos de encuentro durante los meses de verano y primavera. Espacios amplios que invitan a largas caminatas, picnics familiares a la sombra de los eucaliptos y la práctica de la pesca deportiva de orilla. Así mismo, la Rambla y el Puerto: El trayecto costero conecta las áreas de playa con la zona portuaria. Es el lugar idóneo para contemplar los atardeceres colonienes, donde las embarcaciones deportivas y pesqueras descansan sobre el agua tranquila. Más allá de la costa, Juan Lacaze guarda una rica historia ligada al desarrollo industrial uruguayo del siglo XX. Sus barrios obreros, proyectados con una planificación urbana singular, conservan relatos de un pasado fabril que marcó la identidad de varias generaciones. Para quienes buscan una experiencia en contacto directo con la naturaleza, el Arroyo Sauce ofrece un entorno idóneo para el ecoturismo.
Travesías en canoa y kayak: Recorridos guiados por el cauce del arroyo que permiten internarse en el monte nativo, observar especies de aves autóctonas y disfrutar del silencio del paisaje colonial. También existe la opción de caminatas fotográficas, ya que las riberas arboladas y los senderos naturales ofrecen excelentes encuadres para retratar la flora del litoral rioplatense.

Una propuesta para el fin de semana
Combinar ambos destinos en una escapada de dos o tres días permite estructurar un itinerario variado. En el primer día, desde Montevideo, en la mañana dedicada a recorrer la Plaza de los Fundadores y la arquitectura del casco urbano. Almuerzo tradicional con fondue o tabla de quesos artesanales. Por la tarde, visita al Santuario de Schoenstatt y merienda con repostería típica en los salones de té locales.
El segundo día, con desplazamiento hacia la costa. Recorrido matutino por el Arroyo Sauce en kayak o caminata por la ribera, almuerzo frente a la playa, tarde de descanso en Playa Charrúa y caminata al atardecer por la rambla portuaria. Ambos destinos están separados por 30 kilómetros o 30 minutos en auto.
El sudoeste coloniense demuestra que el turismo interno en Uruguay va mucho más allá de los circuitos tradicionales, ofreciendo una combinación perfecta entre el sabor artesanal de la tierra y la tranquilidad infinita del río.

