¿Y si los robots también necesitan ir a clase?

China busca convertir los avances en robótica en soluciones para la vida cotidiana y la industria perfeccionando cada vez más las capacidades de las máquinas para que puedan aprender, adaptarse y realizar tareas en entornos reales.

China apuesta por la automatización en sectores estratégicos.

¿Sabías que en China hay una escuela donde los robots aprenden a realizar tareas del mundo real?. Y sí, también pueden graduarse. Cuando dominan las habilidades necesarias para cumplir determinadas funciones, están listos para dar el siguiente paso, incorporarse al mundo laboral y ser adquiridos por empresas que buscan aprovechar su potencial. Pero ¿cómo se entrenan?, ¿qué tienen que aprender antes de salir al mercado?

En Hangzhou, ese proceso permite observar tanto las posibilidades de la automatización como los desafíos que todavía plantea su incorporación a la sociedad. Esta es una de las ciudades chinas que impulsa el desarrollo tecnológico, especialmente en robótica.

En ese sentido, Diario La R visitó la Universidad de Zhejiang lo cual permitió acercarse a la base científica de ese proceso. Allí, Wu Lijuan, vicedecana de su Instituto de Robótica, presentó parte del trabajo que desarrolla la institución, vinculada a áreas como la ingeniería mecánica, la informática, la ingeniería eléctrica y las ciencias de control.

La universidad cuenta con una trayectoria de investigación y enseñanza en robótica de casi dos décadas. Entre sus desarrollos figuran robots cuadrúpedos, sistemas robóticos aéreos y máquinas diseñadas para jugar al tenis de mesa. También ha participado en competiciones internacionales como RoboCup, en las que la investigación se pone a prueba frente a problemas concretos de percepción, movimiento, coordinación y toma de decisiones.

Detrás de estos proyectos hay dos grandes caminos. Uno busca desarrollar robots humanoides, con una estructura física que les permita desenvolverse en espacios diseñados para las personas. El otro se concentra en máquinas especializadas, concebidas para realizar funciones específicas con mayor precisión o trabajar en lugares donde la intervención humana resulta difícil o peligrosa.

En esa evolución adquiere relevancia la llamada inteligencia corpórea o embodied intelligence, un enfoque que busca integrar la inteligencia artificial con la percepción y la acción física. En lugar de limitarse a procesar información, el robot debe interpretar lo que ocurre a su alrededor, reconocer objetos, ajustar sus movimientos y responder a cambios en el entorno.

Sin embargo, una máquina puede ejecutar una secuencia de instrucciones en condiciones controladas; desenvolverse en un espacio real, donde los objetos cambian de posición y las situaciones no siempre se repiten de la misma manera, supone un desafío mucho mayor.

Los robots reciben entretenimiento.

Los robots en el ámbito laboral

Esa distancia entre la investigación y la práctica se hace visible en un centro de entrenamiento de robots visitado en Hangzhou. Allí, las máquinas se presentan en escenarios que reproducen algunas de las tareas que podrían desempeñar en hogares, empresas y servicios de asistencia.

Durante el recorrido fue posible observar robots capaces de servir café, dispositivos destinados a apoyar determinadas actividades en entornos hospitalarios y de cuidado, y propuestas de acompañamiento para personas mayores. También había perros robot cuadrúpedos concebidos para explorar espacios de difícil acceso, como minas, donde las condiciones pueden representar un riesgo para los trabajadores.

Las demostraciones permiten visualizar un abanico de aplicaciones que va desde tareas sencillas hasta funciones que requieren desplazamiento, coordinación y adaptación al entorno. Pero también plantean una pregunta: ¿cómo se prepara a una máquina para que pueda desempeñarse de manera fiable fuera de un espacio de exhibición?

El entrenamiento de los robots no consiste únicamente en programar una orden. Según el tipo de sistema, puede incluir la recopilación de datos, la repetición de movimientos, el reconocimiento de objetos y situaciones, y la evaluación de sus respuestas. A partir de esos procesos, los desarrolladores buscan mejorar la capacidad de las máquinas para ejecutar una tarea y reaccionar ante distintas condiciones.

China posee escuela para robots.

Qué pueden hacer y qué falta resolver

Las aplicaciones observadas en Hangzhou apuntan a necesidades concretas. Un robot que sirve café puede automatizar una tarea repetitiva en un establecimiento comercial. Una máquina destinada a explorar una mina puede reducir la exposición humana a determinados riesgos. En los servicios de asistencia, los dispositivos robóticos podrían ayudar con algunas actividades físicas o logísticas.

Sin embargo, no todas esas aplicaciones se encuentran necesariamente en el mismo grado de desarrollo. Una demostración permite comprobar que una función es técnicamente posible, pero no demuestra por sí sola que el sistema pueda trabajar durante jornadas prolongadas, adaptarse a situaciones imprevistas o resultar económicamente viable.

En el ámbito sanitario y del cuidado de personas mayores, la distinción es todavía más importante. Una máquina puede ayudar a transportar objetos, vigilar determinados parámetros o facilitar algunas tareas, pero acompañar a una persona no equivale a comprender sus necesidades emocionales, interpretar todos sus gestos o sustituir el vínculo humano.

La utilidad de estas tecnologías dependerá, en buena medida, de cómo se integren en el trabajo de quienes ya realizan esas funciones. En algunos casos, los robots podrían reducir esfuerzos físicos o asumir tareas repetitivas; en otros, su incorporación exigirá supervisión, mantenimiento y nuevas competencias por parte de los trabajadores.

Apuestan por la automatización.

Automatización llega a las industrias tradicionales

El desarrollo de la robótica y la automatización, también está transformando actividades industriales con una larga trayectoria, como la producción textil.

En Ningbo, otra ciudad de la provincia de Zhejiang, la visita a la empresa Consinee permitió observar esta dimensión del proceso. El grupo está dedicado a la producción textil y trabaja en distintas etapas de la cadena, desde el procesamiento y el teñido hasta la elaboración de hilados y tejidos.

En este tipo de industria, la automatización puede intervenir en procesos que requieren precisión, continuidad y control de calidad. La digitalización de las operaciones y el uso de líneas de producción automatizadas permiten organizar tareas, supervisar parámetros y reducir algunas intervenciones manuales.

El interés de estos cambios va más allá de incorporar máquinas modernas. En una fábrica, la tecnología debe responder a exigencias concretas: mantener la calidad del producto, utilizar los recursos de manera eficiente, reducir errores y garantizar que las distintas fases de producción funcionen de forma coordinada.

Consinee ha informado sobre la incorporación de sistemas de producción inteligentes y sobre un proyecto de fábrica textil digital desarrollado junto a Siemens. Esa experiencia ilustra cómo la transformación industrial puede apoyarse en la combinación de maquinaria, automatización y gestión digital, incluso en sectores que no suelen asociarse de inmediato con la inteligencia artificial.

Aun así, automatizar una fábrica no significa eliminar todas las tareas humanas. La operación de los sistemas, el mantenimiento, la supervisión de la calidad y la resolución de incidencias continúan siendo aspectos relevantes. El impacto sobre el empleo dependerá de qué procesos se sustituyan, cuáles se transformen y qué nuevas funciones se generen.

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