Fueron procesados nueve militares retirados por la muerte ocurrida el 16 de abril de 1984 del médico Vladimir Roslik. La instancia fue calificada de histórica ya que se trata de uno de los hechos más terribles ocurridos a pocos meses del retorno a la democracia.
La jueza de Río Negro, Selva Siri, condenó a los militares por privación de libertad, abuso de autoridad y lesiones graves. Se dictaminó que los ahora procesados no podrán salir del país, deberán usar la tobillera electrónica y se deben de presentar semanalmente en la seccional judicial que les corresponda. Otro de los acusados que también estaba investigado no concurrió a la audiencia por estar enfermo de gravedad, mientras que otro ya falleció. También se había solicitado la formalización otro ex militar. Esto no fue aceptado por la Jueza, ya que tiene otra causa abierta, pero la familia de Roslik, apeló esta resolución.
La viuda de Roslik, Mary Zabalkin dijo tras la resolución «por fin después de 40 años se abrieron las puertas. Anhelaba ver las caras, porque en estos 40 años no les pude ver las caras, solamente la de Sáenz pero no me acordaba. Y hoy sí los pude ver». Agregó sobre los procesados que son «unos pobres viejos. Pero a esta altura del partido, si les dan algo es porque se lo merecen. Por algo hicieron lo que hicieron, y si tienen un castigo está muy bien merecido».
Un relato de los hechos
Según se relata en el expediente, dónde sucedieron los hechos, la colonia San Javier, ubicada en el departamento de Rio Negro a unos 90 kilómetros de la capital departamental Fray Bentos, poseía en la década de los años 80 una población de unas 1.700 personas que en su mayoría eran de origen ruso. Por ello, mantenían costumbres de esa nacionalidad (comidas, bebidas, bailes, festividades, etc.) y asimismo recibían revistas y diarios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).
Asimismo, algunos de sus habitantes viajaron a ese país para formarse o capacitarse profesionalmente. Entre ellos, Roslik que se graduó de médico.
Por tales motivos, a comienzos de 1980 desde Montevideo la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) y la División de Inteligencia e Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval pusieron el foco de su atención en dicha colonia. En ese contexto el día 27 de abril de 1980 fue detenido Roslik y trasladado al Batallón de Infantería 9 con sede en Fray Bentos. En dicha unidad militar, fue interrogado y al igual que los restantes detenidos fue encapuchado, puesto de plantón, privado del sueño, de alimentación y agua por varios días. Asimismo, fue objeto de golpizas y de choques eléctricos. El 24 de agosto de 1980 del juzgado militar de primera instancia de primer turno, fue condenado a una pena de 24 meses de prisión. El acta es acompañada de relatos de torturas por parte de los detenidos. Pero Roslik sería detenido nuevamente. A las cuatro de la mañana del 15 de abril de 1984, un comando de militares del Batallón de Infantería 9, irrumpió en su domicilio y lo detuvo. Recuerda su esposa que Roslik comenzó a gritar desesperado “otra vez no, otra vez a lo mismo no, no y no” y tras ello fue ingresado a un vehículo en el que lo transportaron. Luego de un prolongado tiempo de plantón y próximo a las 23:50 del mismo día, fue conducido a la “sala de disciplina” para ser interrogado. El interrogatorio, que fue acompañado de intensos tormentos (golpes, picana eléctrica y submarino). A los 25 minutos del comienzo interrogatorio, Vladimir Roslik murió como consecuencia de las torturas a la que fue sometido.


Valientes soldaditos de la patria torturadores de víctimas maniatadas.
La Justicia tarda, PERO LLEGA.
Rechina esta muestra de cobardía, de bajeza. De alardear de impunidad (tal como los nazis que filmaban el Holocausto, pensando que nunca rendirían cuentas) maando en la tortura a un hombre que nunca había delinquido, querido y respeto por su comunidad., algo que nunca lograron los militares en 13 años de dictadura. Y rechina má que surjan voces que digan pobres viejitos, ya está, ya fue. Una vez más se evidencia que puede decretarse una amnistía, por más infame que sea, pero jamás puede implantarse la amnesia por decreto.