El maltrato en la vejez incluye la agresión física, psicológica, emocional, negligencia, abandono y estafas; son parte de una grave violación a los derechos humanos que afecta la salud y el bienestar de las personas mayores. El maltrato puede provocar graves consecuencias como lesiones físicas, problemas de salud mental, deterioro cognitivo, aislamiento social y hasta mortalidad prematura.
El maltrato de los adultos mayores se puede definir como “un acto que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza”. Este maltrato puede adoptar distintas formas: maltrato físico, psíquico, emocional o sexual, así como el abuso de confianza en cuestiones económicas. También puede ser resultado de la negligencia, sea intencional o no, aunque en muchas ocasiones tiene de ambos componentes.
Uruguay carece de sistemas de registro e información sobre este tema; por otro lado, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se puede hacer la proyección de que en nuestro país habría 47 mil personas mayores víctimas de maltrato, sin importar clases sociales.
Edadismo se le llama a los estereotipos sociales y culturales desde los que se construye una imagen negativa y prejuiciosa de las personas adultas mayores y la vejez, que luego se reproduce y multiplica a través de medios, referentes de opinión, instituciones académicas y escolares, entre otros, cuya peor expresión se da cuando esta población es excluida de las políticas públicas o emergencias. En muchas ocasiones se da también el edadismo autoinfligido, donde el adulto mayor asume su propia discriminación, por lo que es necesario que la persona asuma su propio compromiso y toma de conciencia para evitarlo.
Algunos de los factores de riesgo identificados son el género, el aislamiento social y la soledad no elegida, el deterioro cognitivo, la pérdida de autonomía y un entorno sociofamiliar de mala calidad.
Estas situaciones ocurren predominantemente en el hogar y la comunidad, a cargo de familiares o cuidadores habituales, pero también existe el maltrato institucional, el que ocurre en los hogares o residencias, que según estudios internacionales, sería aún más frecuentes.
En el contexto social, las personas mayores sufren discriminación por edad, prejuicios despectivos (atributos de minusvalía, entre otros) y se les adjudica un rol poco participativo socialmente.
Es preciso asumir respuestas multidimensionales que congreguen a la sociedad civil, el Estado y los efectores sanitarios o prestadores de servicios de salud. Los equipos de salud desempeñan un rol fundamental con acciones de promoción de cuidado, prevención de situaciones de violencia, detección y atención de las mismas. El abordaje multidisciplinario que incluya una mirada biopsicosocial también es necesario con el desarrollo de equipos referentes de violencia.

