La bursitis de rodilla es una afección en la que se inflaman uno o más de los pequeños sacos llenos de líquido que se encuentran cerca de la articulación. Estas bursas reducen la fricción y amortiguan los puntos de presión entre los huesos, los tendones, los músculos y la piel. Cualquiera de las bursas de la rodilla puede verse afectada por una hinchazón dolorosa, aunque lo más frecuente es que la inflamación se produzca sobre la rótula o en la cara interna de la rodilla, por debajo de la articulación.El dolor y la hinchazón en la rótula o en la cara interna de la rodilla son los signos más comunes.
Los síntomas varían según la bursa afectada y la causa de la inflamación. La parte afectada puede estar caliente, sensible e hinchada. También se puede sentir dolor al moverse o incluso en reposo. Un golpe directo en la rodilla puede hacer que los síntomas aparezcan rápidamente. Sin embargo, la bursitis suele deberse a la fricción e irritación de las bursas, lo que ocurre en trabajos que requieren arrodillarse mucho sobre superficies duras. En esos casos, los síntomas pueden empezar lentamente y empeorar con el tiempo.

Es importante consultar a un profesional de atención médica si se presentan fiebre o escalofríos junto con dolor e hinchazón en la rodilla, si la hinchazón es persistente o hay cambios en el color de la piel alrededor de la articulación, o si se presentan problemas para mover o extender la rodilla. A veces, la bursa que se encuentra encima de la rótula puede infectarse, lo que requiere atención médica inmediata.
La bursitis de rodilla puede ser causada por presión frecuente y continua al arrodillarse, especialmente sobre superficies duras; por sobrecarga o actividad extenuante; por un golpe directo en la rodilla; por una infección bacteriana que penetra a través de un moretón o un corte; o por problemas médicos asociados a la artrosis, la artritis reumatoide o la gota.
Entre los factores de riesgo se destacan permanecer arrodillado durante largos períodos, como ocurre en instaladores de alfombras, plomeros y jardineros. También los deportes que implican golpes directos o caídas frecuentes sobre las rodillas. Como la lucha libre, el fútbol, el baloncesto y el voleibol, aumentan el riesgo. Los corredores pueden sufrir dolor e inflamación en la bursa de la cara interna de la rodilla, conocida como bursitis de la pata de ganso. Además, la obesidad y la artrosis, especialmente en mujeres, se asocian con frecuencia a este tipo de bursitis.
Para prevenir la bursitis o evitar que reaparezca, los especialistas recomiendan usar rodilleras al trabajar arrodillado o al practicar deportes de riesgo. También es aconsejable tomar descansos regulares para estirar las piernas y descansar las rodillas si se permanece en esa posición durante mucho tiempo. Alcanzar y mantener un peso saludable ayuda a aliviar la presión sobre las articulaciones de la rodilla.
El tratamiento suele incluir una combinación de técnicas de autocuidado y tratamientos médicos para aliviar el dolor y la inflamación. En la mayoría de los casos, el reposo, la aplicación de hielo y la elevación de la rodilla pueden reducir los síntomas. Caminar regularmente puede ayudar a fortalecer los músculos que rodean la rodilla, lo que a su vez puede proporcionar estabilidad y soporte adicional a la articulación afectada. Un programa de caminata bien diseñado, combinado con ejercicios de estiramiento, puede contribuir a mejorar la función muscular. Y reducir la presión sobre la bursa inflamada.
La bursitis de rodilla puede restringir la movilidad y afectar la calidad de vida, pero con el diagnóstico y el tratamiento adecuados, la mayoría de las personas se recuperan sin complicaciones mayores. La prevención sigue siendo la mejor herramienta, especialmente para quienes realizan actividades de riesgo.

