A 34 años de la constitución de Mercosur (1991-2025), es pertinente reflexionar sobre su evolución. Este proceso de integración comenzó a gestarse a principios del siglo XX, con antecedentes como el Pacto de No Agresión, Consulta y Arbitraje de 1915 entre Argentina, Brasil y Chile (Pacto ABC), que buscaba equilibrar el poder regional.
Aunque hubo intentos de integración en las décadas de 1950 y 1960, como el Tratado de la Cuenca del Río de La Plata, fue el Tratado de 1991 el que revitalizó la idea de integración en la región.
Logros de la Integración Regional
Durante este período, se han alcanzado varios logros en diversas dimensiones del proceso.
Uno de los objetivos primordiales fue ampliar los mercados nacionales a través de la integración regional. Esto impulsó rápidamente los intercambios de bienes y servicios, generando un aumento significativo en el comercio intrazona, con tasas de expansión superiores al 26% entre 1991 y 1997. Sin embargo, en 2024, el comercio intrarregional se limitó a un 16% promedio.
Mercosur estableció una amplia red de instituciones que brindaron identidad al proceso. Aunque estas instituciones han sido criticadas por su carácter intergubernamental, han logrado cierta legitimidad internacional, a pesar de la falta de decisión política para reformarlas.
A pesar de contar con mecanismos como el Protocolo de Brasilia y el Protocolo de Olivos, el sistema de solución de controversias ha sido insuficiente, ya que los Estados y empresas prefieren resolver sus diferencias mediante mecanismos informales.
Este principio ha sido fundamental en el proceso de integración, visible en los Protocolos de Ushuaia (1998) y Montevideo (2011). Se han aplicado sanciones a países como Paraguay y Venezuela por incumplimiento democrático, aunque el Mercosur ha sido criticado por su falta de respuesta ante crisis sociales y políticas. La sociedad civil ha ganado visibilidad en el proceso, impulsando a los Estados a incluir ejes sociales en la agenda de integración. Se han implementado programas como el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) y acuerdos de residencia que facilitaron la movilidad.
Mercosur ha tenido éxito en su expansión hacia otros países y regiones, estableciendo acuerdos de asociación y consolidando su presencia internacional.
A pesar de las diferencias políticas, la cooperación ha sido un pilar constante en el proceso, fomentando la coordinación en frentes multilaterales y desarrollando una identidad regional compartida.
El Mercosur ha evolucionado, desarrollando nuevas instituciones y ampliando su membresía, pero también ha enfrentado crisis que han paralizado su avance. Ejemplos de esto son las crisis económicas en Brasil y Argentina, la suspensión de Paraguay y Venezuela, y la falta de coordinación durante la pandemia de Covid-19. A pesar de un crecimiento económico en la región entre 2005 y 2015, los programas sociales se han estancado. Las cifras de desarrollo humano en América Latina han empeorado, lo que pone en evidencia la incapacidad del Mercosur para actuar como una herramienta correctiva en la distribución de la riqueza.
La relación comercial con Asia, especialmente con China, ha crecido, pero el Mercosur no ha logrado una estrategia de negociación conjunta efectiva, lo que ha generado tensiones internas. La expectativa sobre el futuro del Mercosur es incierta, marcada por diferencias políticas sobre su dirección y la necesidad de revitalizar la integración como herramienta estratégica.
En tiempos de fragmentación global, la cooperación regional podría ser clave para consolidar la paz y el bienestar de nuestros pueblos, reafirmando la importancia de la integración en el contexto actual.

