Mercosur-UE: el acuerdo histórico que ya cambió el comercio y acelera nuevas alianzas

La entrada en vigor del pacto entre Mercosur y la Unión Europea activó las primeras exportaciones con arancel cero y abrió una carrera global por acuerdos estratégicos.

Uruguay y Argentina fueron los primeros en exportar con arancel cero a Europa.

Después de más de 25 años de negociaciones, avances frustrados y tensiones políticas, el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea empezó finalmente a mostrar sus primeros resultados concretos. Y lo hizo con una señal cargada de simbolismo: las primeras exportaciones sudamericanas hacia Europa con arancel cero.

Dentro de la primera semana de puesta en marcha del acuerdo, Uruguay concretó un embarque de 28 toneladas de merluza procesada hacia Lituania y Argentina envió 22 toneladas de miel oscura desde Entre Ríos. Dos operaciones relativamente pequeñas en volumen, pero enormes en significado político y económico. Son la primera evidencia tangible de un acuerdo que une a un mercado de más de 750 millones de personas y que representa cerca del 20% del Producto Bruto Interno mundial.

El acuerdo interino de comercio comenzó a aplicarse provisionalmente el pasado 1° de mayo, mientras continúa la revisión jurídica en Europa impulsada por sectores políticos y productivos que todavía mantienen reparos. Sin embargo, la puesta en marcha parcial ya generó un efecto inmediato: aceleró nuevas negociaciones comerciales del Mercosur con otros bloques y países estratégicos, entre ellos Canadá, Japón y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), integrada por Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein, acuerdo ya firmado el año pasado. La sensación en las capitales sudamericanas es clara: el Mercosur volvió al radar internacional.

Los primeros embarques con arancel cero

Uruguay fue el primer país del bloque en concretar una exportación efectiva bajo las nuevas condiciones comerciales. El próximo lunes 11 de mayo partirá hacia Lituania un cargamento de 28 toneladas de merluza procesada perteneciente a la empresa Ciupsa, transportado por el buque INSA de la naviera MSC.

Hasta abril, ese producto pagaba un arancel del 15% para ingresar al mercado europeo. Desde la entrada en vigor provisional del acuerdo, ese costo para el importador desapareció.

La Cámara de Industrias Pesqueras del Uruguay (CIPU) celebró el embarque como “el símbolo de una nueva etapa de competitividad” para el país y destacó además el valor agregado industrial de la operación, ya que se trata de pescado procesado, sin cabeza, vísceras ni cola, lo que implica más mano de obra nacional y mayor aprovechamiento de la materia prima.

El caso argentino llegó apenas un día después. Desde Concordia, Entre Ríos, la empresa familiar Apícola Danangi exportó 22 toneladas de miel oscura con destino europeo, también con arancel cero. Hasta el 1° de mayo, la miel argentina tributaba 17,3%. Ambos embarques fueron presentados por los gobiernos como señales de arranque de una nueva etapa comercial para el Mercosur. En Uruguay el acuerdo es observado como una herramienta estratégica para consolidar exportaciones, atraer inversiones y diversificar mercados. El gobierno destaca especialmente las oportunidades para el agro, los lácteos, la pesca y las pequeñas y medianas empresas exportadoras.

Uno de los elementos más valorados es la inclusión de capítulos específicos para mipymes, que apuntan a facilitar acceso a información, certificaciones y requisitos regulatorios europeos. Uruguay XXI trabaja actualmente en plataformas digitales para ayudar a empresas locales a interpretar reglas de origen, cronogramas arancelarios y procedimientos de exportación. Además, el acuerdo mejora inmediatamente algunas condiciones clave. Por ejemplo, la cuota Hilton de carne bovina asignada a Uruguay redujo su arancel intracuota del 20% al 0%.

Uruguay XXI pondrá a disposición plataformas digitales para ayudar a empresas locales a interpretar reglas de origen, cronogramas arancelarios y procedimientos de exportación.

Un acuerdo gigantesco
El acuerdo Mercosur-UE constituye el tratado comercial más ambicioso negociado por el bloque sudamericano desde su creación. La Unión Europea representa alrededor del 18% del PIB global y el 14% de las importaciones mundiales. Además, es el principal origen de inversión extranjera directa en países como Uruguay y uno de los socios comerciales más importantes de Argentina y Brasil. Según datos de Uruguay XXI, el acuerdo permitirá beneficios inmediatos o graduales para aproximadamente el 55% de las exportaciones uruguayas al bloque europeo. La Unión Europea liberalizará cerca del 73% de su comercio de forma inmediata y alcanzará el 92% en un plazo de diez años. El Mercosur, en cambio, contará con plazos más largos de adaptación para proteger sectores sensibles. El esquema incluye reducción progresiva de aranceles, cuotas preferenciales para productos estratégicos y capítulos vinculados a servicios, inversiones, compras públicas, comercio electrónico, propiedad intelectual, certificaciones sanitarias y desarrollo sostenible. Para la agroindustria sudamericana el impacto puede ser decisivo. Carnes, arroz, miel, pescado, frutas, lácteos, vinos y otros productos comenzarán a ingresar con ventajas competitivas frente a mercados que hoy mantienen acuerdos preferenciales con Europa, como Chile, Canadá, México o Nueva Zelanda.

El efecto dominó

Pero el fenómeno más relevante quizás no sea solamente el acuerdo con Europa, sino el efecto político y económico que provocó.

La entrada en vigencia parcial del pacto disparó el interés de otros países y bloques por cerrar acuerdos con el Mercosur antes de quedar rezagados. Japón aparece hoy como uno de los actores más activos. El gobierno japonés busca diversificar mercados y garantizar cadenas de suministro estratégicas en medio de la creciente guerra comercial entre Estados Unidos y China, el endurecimiento arancelario impulsado por Donald Trump y las restricciones chinas sobre exportaciones de minerales críticos y tierras raras. En ese contexto, Sudamérica pasó a ocupar un lugar estratégico.

Argentina, Brasil y otros países de la región concentran recursos minerales esenciales para industrias tecnológicas, automotrices y energéticas, especialmente litio y otros minerales críticos. Durante este año, Japón y Mercosur ya mantuvieron dos reuniones para avanzar hacia un acuerdo de asociación económica. Desde Sudamérica, el foco principal sigue puesto en la posibilidad de ampliar exportaciones agroindustriales hacia el mercado japonés, especialmente carne vacuna, pollo y soja. Sin embargo, las negociaciones no están exentas de resistencias. Sectores del gobernante Partido Liberal Democrático japonés vinculados al agro temen que el ingreso de productos sudamericanos más baratos afecte severamente a los productores locales, en un escenario muy similar al que se vivió durante las negociaciones con la Unión Europea.

En Brasil, la Confederación Nacional de la Industria (CNI) calificó el acuerdo Mercosur-UE como “un punto de inflexión histórico”.

Canadá mira al Mercosur con interés y cautela

Canadá también aceleró contactos con el Mercosur. La reciente conversación telefónica entre Javier Milei y el primer ministro canadiense Mark Carney se leyó dentro de esa estrategia de acercamiento político y comercial. Ottawa mantiene negociaciones para un tratado de libre comercio con el Mercosur, aunque nuevamente surgieron resistencias internas. Las asociaciones ganaderas canadienses expresaron preocupación por el posible impacto de la carne sudamericana en el mercado local. La Asociación Canadiense de Ganado Bovino y la Asociación Nacional de Feedlots cuestionaron especialmente a Brasil y Argentina, dos de los mayores exportadores mundiales de carne vacuna. “Canadá ya es uno de los mercados de carne vacuna más expuestos del mundo”, sostuvo Tyler Fulton, presidente de la asociación ganadera canadiense, al advertir que cerca del 30% del consumo interno ya proviene de importaciones. Las entidades rurales también plantearon dudas sobre estándares sanitarios y sistemas de control alimentario del Mercosur. Pese a esas tensiones, la negociación sigue avanzando porque Canadá observa en Sudamérica oportunidades estratégicas en minería, energía y alimentos.

EFTA: otro acuerdo en marcha

En paralelo, los países de la EFTA —Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein— también buscan acelerar la ratificación de su acuerdo con el Mercosur. El tratado fue firmado en septiembre de 2025 y actualmente atraviesa procesos parlamentarios internos. El convenio eliminará aranceles para más del 97% de las exportaciones recíprocas e incluye capítulos vinculados a inversiones, servicios, compras públicas y propiedad intelectual. Los diplomáticos europeos reconocen que el avance del acuerdo Mercosur-UE generó presión política adicional para acelerar también el entendimiento con EFTA. Embajadores como el noruego Halvor Sætre y el suizo Andrea Semadeni intensificaron durante los últimos meses gestiones ante sectores políticos y empresariales sudamericanos para consolidar el proceso.

Brasil apuesta fuerte al acuerdo

En Brasil, la Confederación Nacional de la Industria (CNI) calificó el acuerdo Mercosur-UE como “un punto de inflexión histórico”.

Según un estudio del organismo, el tratado podría ampliar el acceso de Brasil al mercado mundial de importación de bienes desde el 8% actual hasta el 36%.

La entidad sostuvo además que el 82,7% de las exportaciones brasileñas hacia Europa ingresarán sin aranceles desde el inicio del acuerdo, mientras que Brasil tendrá plazos mucho más largos para abrir completamente su mercado interno.

La CNI considera que el tratado permitirá fortalecer la industria brasileña, atraer inversiones y generar mayor integración global.

Las oportunidades para Paraguay

La aprobación política del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea abrió una nueva expectativa para Paraguay, donde el sector industrial considera que el entendimiento puede convertirse en una herramienta clave para diversificar exportaciones, atraer inversiones y generar mayor valor agregado.

Desde la Unión Industrial Paraguaya (UIP), su presidente, Enrique Duarte, afirmó que el acuerdo representa una oportunidad histórica para que el país acceda a uno de los mercados más exigentes y de mayor poder adquisitivo del mundo.

“El mercado europeo es un mercado de valores y de alta exigencia. Para nuestra industria significa vender con calidad y con impacto real en el desarrollo”, sostuvo Duarte en declaraciones a medios paraguayos.

El dirigente empresarial señaló que Paraguay debe aprovechar esta nueva etapa para dejar de depender exclusivamente de la exportación de materias primas y avanzar hacia una mayor industrialización. Entre los sectores con potencial mencionó la carne bovina y porcina, los biocombustibles, el azúcar orgánica, las autopartes y la manufactura industrial.

No obstante, la UIP advirtió que el acuerdo por sí solo no garantizará resultados positivos. Duarte sostuvo que Paraguay necesita mejorar su productividad, invertir en educación y capacitación, además de enfrentar los problemas logísticos derivados de su condición de país mediterráneo.

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