El Flaco Castro transmite una confianza y seguridad notables en su equipo, subrayando que la competencia no le quita el sueño en absoluto. A pesar de la presión de otros grupos, ha logrado armar un plantel de figuras de primer nivel, lo que refuerza su convicción de que están plenamente capacitados para luchar por el primer puesto en la próxima Prueba de Admisión. Reconoce la importancia de mantener una actitud humilde y un fuerte compromiso laboral, enfatizando que su objetivo es presentar una murga que haga sentir un profundo orgullo a su fiel hinchada.
Con un elenco que incluye a artistas de renombre como Edú «Pitufo» Lombardo en la dirección musical y Pinocho Routin como cupletero estrella, el grupo tiene la garantía de estar a la altura de las expectativas. Además, grandes voces como las de Alejandro Balbis, Mario Jolochin y Javier Carvalho, quien regresa de España para unirse a este proyecto, aportan un valor incalculable a la murga. En el coro, destacan las talentosas Julieta Hernández, Federica Pereyra y Lucila Scariato, mientras que el cantante de plena Marcos Da Costa se suma al elenco. También hacen su debut Pedro Castro, el hijo menor de Raúl, y Felipe Castro, el mayor, que ya tiene lista su participación.
Raúl Castro, como siempre, asumirá la responsabilidad de las letras, aunque se muestra abierto a nuevas colaboraciones. «Soy riguroso al elegir, pero si alguien me presenta algo mejor, trato de dejar mi ego a un lado y permitir que la murga brille, ya que su esencia es mucho más importante que mi propio interés», confiesa.
El regreso de la murga se produce en un contexto político complejo, con el Frente Amplio nuevamente en el gobierno. Castro reconoce que esto añade un nivel de dificultad, ya que es más sencillo criticar desde la oposición, pero también representa un desafío para hacer reír mientras se autocritican. El mensaje de la Falta se alinea con los temas tratados en «El Eternauta», la serie del momento, resaltando la idea de que «nadie se salva solo».
«¿De qué sirve que yo escriba cuplés hermosos si no tengo una murga que los interprete?», reflexiona. Para Castro, en cada obra siempre existe un colectivo que sostiene al individuo, y ese es el mensaje profundo que la Falta busca transmitir.

Su conexión con la murga es casi mágica, ya que se enamoró de este arte incluso antes de poder hablar. Con solo tres meses de edad, su madre lo alzó en brazos para celebrar el triunfo de Uruguay en el Mundial de 1950. Al cruzarse con un grupo que entonaba “Uruguayos campeones”, de los Patos Cabreros, el pequeño reaccionó con entusiasmo al sonido de la batería de murga. “Cuentan que me volví loco de alegría. Mi madre siempre dijo que ahí fue cuando me picó el bichito de la murga”, rememora con nostalgia.
A los siete años, ya comenzaba a escribir para la murga de su barrio, Los Caminantes. Y a los 18, dio su primer gran paso en Los Penados Mercantes, una murga de Solymar, donde desempeñó el rol de letrista y director durante una década. “Ensayábamos durante tres meses para cantar solo un par de veces en el club. Era pura pasión”, resume con una sonrisa.
Finalmente, la fundación de Falta y Resto le permitió alcanzar el cielo con las manos. “Este momento me demuestra que todo lo vivido no fue en vano, y que la Falta será eterna, floreciendo en cada Carnaval”, dice entre risas, haciendo alusión también a su otra gran pasión: Peñarol. Su dedicación y amor por la murga son innegables, y su legado perdurará a través de los años.


SOBERBIA, ARROGANCIA, FALSO ORGULLO, Y ENTE MUCHAS OTRAS BEGATIVAS MAS CREE SER UN ILUMINADO…
EN SINTESIS UN SER DESPRECIABLE ..
No concuerdo. Raúl Castro no es un santo digno de la devoción de mucha gente, pero hay mucha gente que posa de alma caritativa y solidaria y son francamente impresentables. Soberbia, arrogancia y falso orgullo, son por ejemplo, atributos que sobran en muchachos de la derecha de este país, siempre tomados para la joda en letras carnavaleras. Escribir coplas satíricas del gobierno es algo que se hace desde siempre. Los fachos las aplaudían a fines de la dictadura porque explicitaban cosas que muchos no se animaban a decir. En todo caso, queda el recurso de no ir al tablado o pedirle a alguien piola que explique las letras.