Ponencia XXIX seminario internacional: “Los partidos y la nueva  sociedad”

"No podemos permitir que las nueva extrema derecha en su expresión más fascista y solapada avance impunemente"

“NI MESÍAS NI DIOSES”

El tema que nos convoca, amerita una profunda reflexión ya que somos conscientes que  se están gestando profundos cambios geopolíticos a nivel mundial que la unipolaridad y  la hegemonía capitalista de EEUU, está muriendo, pero paradójicamente y en sus  estertores se aferra a pervivir con el respaldo de Organismos Internacionales y alianzas  como la OTAN, que no hacen más que desatar guerras y contribuir al desenlace de ese  colapso mundial. Atacaron deliberadamente a la Federación de Rusia en territorio  ucraniano, colocando al mundo entero al borde de una una guerra nuclear genocida  que acabara con la humanidad.

No estamos por fuera de esta realidad, por eso, no podemos permitir que las nueva  extrema derecha en su expresión más fascista y solapada avance impunemente, “disfrazando” su discurso cínicamente, incorporando temas (como la seudo “defensa de  derechos”, el cambio climático, la defensa de los animales, entre otros), utilizando de  manera perversa mecanismos propios de la “hegemonía Gramsciana” puesto del revés,  convirtiendo su discurso en esperanzador, para conquistar mayorías electorales y  conquistar el poder en defensa de una mal llamada “libertad”, la cual no es más que prácticas de liberalismo económico, expoliación y pauperización de economías con  degradación social.

La derecha impone siempre un modelo económico netamente neoliberal y conservador con una tendencia hacia la radicalización de derecha, llegando un día si y otra también al  éxtasis fascista y a la debilitación del Estado Social de Derecho, donde pueda que vaya quedando. La renovada cara de las transnacionales y corporaciones representadas en  Trump; Davos y Soros entre otros, rompen sus propias reglas de dominación financiera  para evitar o ralentizar la caída de su propio mundo. Las unilaterales imposiciones  tributarias desmedidas como recientemente a Brasil e India es una muestra de ello.

El empuje socialdemócrata vacío y diluyente de las masas y los llamados  progresistas se han venido convirtiendo en una caricatura y nada tiene que ver  con la “libertad del hombre y del ciudadano” inspirador de la primera revolución  humanista porque no generan las condiciones socioeconómicas para que esa  libertad impere. La segunda ola de progresismos -si es que pudiéramos definirla así-, apenas remontó un vuelo de perdiz, y ha caído y viene cayendo en trampas y  desvíos imperdonables, donde el permanente titubeo, la constante duda y  vacilación, sumados a la falta de audacia, nunca es transformadora y menos  revolucionaria, lejos se esta de aquello que planteaba Lenin en los momentos más  complejos de la Revolución Bolchevique de “mejor menos, pero mejor”.

Todo esto ocurre en en modelos de sociedades denominados por Colin Crouch como “posdemocracia”, en las que la democracia mantiene solamente los  mecanismos formales para elegir a los gobernantes, pero sin esencia por abandono del  Estado de los intereses de las mayorías, perdiendo los valores propios, desplazando su  ejercicio a otros interlocutores. Tenemos gobiernos electos por la ciudadanía, pero que  responden a “élites empresariales”, que son quienes mandan y se benefician del  sistema.

A fines del Siglo XX, conservadores y socialdemócratas, se “parecieron demasiado” en  sus discursos, instalando una dinámica de funcionamiento desmotivadora para el  electorado, desalentando. La derecha, y extrema derecha, optaron por renovar su  estratégica con “discursos esperanzadores”, y de esta forma alcanzaron el gobierno  en varios países.

La izquierda se retrajo y moderó su discurso dejando de lado el sustento ideológico y  esto no satisfizo a nadie. Ante el desplazamiento y abandono de las ideas de izquierda  la clase trabajadora, desmotivada se desinteresa en lo político.

Vivimos tiempos convulsionados, y esto obliga a las fuerzas políticas de izquierda a ser  pertinentes con esta realidad y a redireccionar hacia nuevos paradigmas, acordes  a las necesidades que deben ser atendidas de cara al Siglo XXI.

Estoy convencido que debemos volver y reivindicar los profundos conceptos históricos proclamados en la “Revolución Francesa del Siglo XVIII, de “Libertad, Igualdad y  Fraternidad”, sumados a estos el Principio de la Solidaridad , cuya construcción surge  con el pensamiento de la Doctrina Socialista del Siglo IXX, los cuales al día de hoy no se  han cumplido, a pesar de su plena vigencia, porque no se han materializado en su real  alcance, quedando como meros enunciados olvidados en la historia, a pesar de constituir  conceptos ideológicos profundos y verdaderamente revolucionarios, que garantizan los  valores del Republicanismo auténtico, en su más acabada acepción y el ejercicio de la  Democracia Plena, en todo su alcance, sin que la misma sea un mero eslogan.

Para categorizar los tiempos que corren, tomó como referente a Zigmunt Bauman, el  brillante filósofo polaco lo cataloga de “interregno histórico”, es decir, de un período  de confusión, en donde prima un aferrarse a las formas más hegemónicas del  poder.  

Tenemos a un Trump, plantando poderosos buques en forma amenazante frente a la  costa de Venezuela y ante esto, ¿Cuál ha sido la respuesta? Sólo Moscú se dá cuenta  de la maniobra y envía dos poderosos barcos para proteger a un país hermano. Sólo los  gobiernos de China y Brasil alzan sus voces de protestas y acciones. Petro convoca a  cancilleres y su voz nos réplica. ¿Qué pasa con nosotros, con nuestras fuerzas políticas  de izquierda del continente; con los latinoamericanos que ni siquiera somos capaces de  denunciar un claro acto avasallamiento a la soberanía Venezolana? ¿Acaso no rompe los ojos del más distraído que “el combate al narcotráfico” que aducen los yankis no es  más que una burda excusa para plantar píe firme en nuestro continente?. El Presidente  Maduro no es funcional al poder hegemónico, pero pocos reaccionan con potencia ante  la flagrante agresión. Países BRICS y los firmes de siempre se baten al Imperio.

A esta indiferencia, o apatía Zygmunt Bauman la denomina “modernidad líquida” ,  ve falta de compromiso de la sociedad, que se torna en fluida y volátil, sin sustento a partir de la desmotivación. En su tesis analiza las causas apelando a los  postulados y pensamiento del brillante filósofo Italiano, Antonio Gramsci, quien pudo  constatar, a partir de la observación de la realidad que lo rodeaba, que al igual que en  estos tiempos, había un mundo que estaba desapareciendo. Nos dice: “El viejo  mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los  monstruos”.

Bauman entiende que los monstruos de estos tiempos de “modernidad líquida” surgen a partir de “el fin de la era del compromiso mutuo”, de la decadencia de  valores en los que “el espacio de lo público retrocede y se impone el  individualismo que corroe y desintegra el concepto de ciudadanía”. Hay un  desplazamiento del poder del Estado por falta de uso eficiente del mismo y como  resultado “Nuestra sociedad ha hecho de la desafección una parte obligatoria de  las ocupaciones vitales” concluyendo acertadamente en su ensayo que “Ser crítico  está aceptado, pero…” , todo está bien mientras no se pase de allí.

Bauman ve un estado real de paradoja de la realidad en esta modernidad líquida en la que lo individual se pone por sobre lo social, o lo colectivo, en la que los  individuos ante la falta de respuesta del Estado, se desorientan y se tornan incapaces  de generar verdaderos cambios y transformaciones de su propia realidad lo que  genera frustración y ante esto la derecha se fortalece.

De esto se trata el ”interregno histórico” en el que vivimos, de la nada misma… Es un estado de confusión e incertidumbre, de falta de compromiso, que observa  Bauman, y por eso, al igual que lo sostuvo Gramsci, para salir de ese estado  hay que volver a la lucha por “la hegemonía cultural”. Lo que se necesita es más educación, más conciencia y más diálogo social, estas son las tres  herramientas fundamentales para poder diseñar una ética interna de los  Estados y a su vez una ética global para abordar los problemas sociales que  hoy se han perdido. Para esto es condición sine qua non que los partidos de  Izquierda se propongan las transformaciones de las actuales circunstancias  asuman y debatan, que no se está haciendo pie en los factores que hacen a la  pertinencia con las sociedades que hoy optan por las derechas y los fenómenos  de políticos outsiders, que no son otros que catalizadores por derecha y por  fascismo del descontento popular.

El bloque conservador está más sólido. El Movimiento Popular por las razones expuestas  ha perdido preeminencia y liderazgo. La reacción conocedora de los cambios producidos  en lo que se llamó la “Ola Progresista” previó mecanismos para que el veneno y ponzoña  aletargada y adormeciera la pulsión de cambio en la hipótesis de una segunda respuesta.

Occidente en su geopolítica es más de lo mismo, pero esclerótico y decrépito, sin  embargo se presenta una extrema derecha que avanza.

Desde Besnoit en la década de los 60 a la fecha, poco a poco -salvo y porque no lo  necesitaba en los ´70 pues imperaba en la mayoría de América Latina regímenes de tipo  fascista-, ha ido avanzando a son del error propio y no forzado de los gobiernos  populares.

A través del control total y aplanador de los Medios de Comunicación (Propaganda),  dominan la agenda política fundamentalmente explotando contradicciones cuando no  algunas claudicaciones programáticas y defecciones que las habido y muchas; tuercen  descaradamente su discurso haciendo suyas nuestras metas; incorporan a los  “inmigrantes” como tema cuando todos sabemos que los desprecian y los tratan como ciudadanos de tercera categoría; incorporan temas ecológicos cuando sus sostenedores  hacen explotar ecosistemas completos; machacan al modo más goebbeliano vocablos,  expresiones y discursos los cuales en nada creen pero son sí instrumentos eficaces para  consolidar la atención de las masas.

Hoy las grandes decisiones globales se toman en Washington, Davos o Bruselas,  fraccionando las políticas de integración en su más amplio alcance, quieren  imponer un modelo de “post democracia” decadente, las grandes corporaciones  gobiernan al mundo y la democracia pasó a ser una palabra carente de contenido.  

Es hora de tomar conciencia y analizar las causas de este peligroso  desplazamiento de las fuerzas de izquierda en el mundo que facilita el avance del  fascismo en todas sus expresiones.  

Es claro que en los últimos años se fue perdiendo el perfil de izquierda ideológica, se  dejó de lado un proyecto progresista auténtico y se desató un caos a nivel global.

Es hora de construir un nuevo paradigma de izquierda de cara al siglo XXI,  reformulando la economía redistributiva interna de los Estados y corrigiendo  en todos aquellos aspectos que la hacen impracticable, para tratar de restablecer  el equilibrio en este. Nos preguntamos: ¿Lograremos poner freno a este caos  global ? ¿Podremos poner fin a este desborde de poderío hegemónico que no se  resigna a aceptar que el mundo avanza hacia una multipolaridad que se consolida?

¿Finalizará la guerra genocida desatada por Israel contra la población palestina?

El descontento es un claro símbolo de estos tiempos, y la respuesta fue errónea pues indignarse no basta. Un giro a la derecha es una derrota y no solamente  electoral.  

El verdadero objetivo de una fuerza política de izquierda no debería ser limitarse a  disminuir los graves problemas mediante políticas sociales únicamente, sino que se  debe analizar además las causas de porqué se producen los desequilibrios y  erradicarlos.

No tenemos dudas que el Estado social redistributivo es la base de la propuesta política  de la izquierda, porque consagra los valores democráticos donde la solidaridad juega un  punto clave. Se deben establecer mecanismos políticos que se traducen en políticas  fiscales redistributivas que sean pertinentes con la población. No es posible que las  multinacionales se sigan enriqueciendo sin que se le impongan gravámenes, mientras que a los trabajadores se los castigue a mansalva con tributos a sus ingresos, porque  terminan ellos financiando al sistema en base a recortar los subsidios a los más desfavorecidos, mientras que la pobreza infantil crece, no debemos olvidar que es  América Latina y el Caribe es el continente donde existe la mayor desigualdad entre las  personas.

Los modelos equivocados atentan contra los verdaderos cambios. Los sistemas y las  democracias funcionan cuando los desfavorecidos no son las mayoria

Finalmente, y como consigna, para lograr la transformación que las sociedades  reclaman, la izquierda debe recuperar su discurso claro, el que nunca debió  abandonar y también erradicar personalismos, entronizaciones, nepotismos y  cualquier desviación que nada tienen que ver con el pensamiento emancipador y  revolucionario.

Los pueblos esperan respuestas de organizaciones transformadoras de la  sociedad con justicia social, no esperan ni Mesías ni Dioses.

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