Los amantes de Silvio Rodríguez y el movimiento de la Nueva Trova que surgió en Cuba a finales del siglo pasado, entienden la referencia del título…sin embargo, se aleja mucho de ser una metáfora. A sus 78 años, el trovador, en una tarde lluviosa de septiembre, volvió a cantar a su pueblo, a su Habana. A los pies de la escalinata de la Universidad, hinchó el pecho de los miles que nos encontrábamos allí, y junto a él repetimos los coros de canciones viejas, canciones nuevas, canciones del Zurrón de Aprendiz.
Silvio inició una nueva gira que Nuestra América ansiaba hace un tiempo, porque he de aceptar que como lo siento mío, muchos amigos lo sienten suyos…
Una noche de esas de las que se te meten en la sangre y se quedan ahí, latiendo, como un segundo corazón, regaló Silvio, varias generaciones confluyeron en las gradas. Los más jóvenes que quizás nuca lo habíamos visto en persona, los que crecieron escuchando sus canciones, los que enamoraron con sus versos y los que aman a Cuba por sus estribillos. Momentos que me enseñaron que la trova no tiene edad, sino alma.
El tiempo de espera para «conseguir un buen puestito» como me dijo la mexicana que tenía al lado, valió la pena, y a la hora exacta, apareció él. Gorra negra, guitarra al hombro, y en un gesto que recordaré toda la vida hizo una foto a la multitud -cuando pasen los años, esa foto será importante, yo lo se- . Hubo canciones para todos, desde «Alas de Colibrí» hasta «América» de su nuevo álbum.
Silvio no necesita pirotecnia. Su magia está en cómo une lo íntimo con lo épico. No presentó las canciones, no dijo abajo la guerra, no dijo lo que pasaría, solo cantó y fue suficiente…todos supimos que seguía siendo el mismo defensor de la paz, las causas justas y el bienestar de su pueblo.
Pasaron casi dos horas cuando pronosticaba la última, pero era injusto, fue muy poco, y el público pidió más. Él lo pensó, es cierto, pero complació a sus seguidores con dos o tres sonatas más.
Ojalá, y siempre se tenga uno que encontrar con los unicornios azules de la gente buena para devolverlos sin exigir pago alguno… ojalá y siga siendo la necedad de lo bueno lo que junte a quienes quieren…para celebrar con esperanzas de colibrí, un Silvio en una escalinata como taller para reparar sus alas.
Ojalá, y un disparo de Nievi fusile lo efímero de los momentos bellos, ojalá y nunca falten los enanitos, que siempre llegan con sus herramientas para hacer amores. Ojalá que los hombres que se hacen de todo material, no se borren de pronto…ojalá que ninguna mujer se pierda entre el delirio y el polvo, y si lo hace, que sea la escalinata un sitio de encuentro, que las esperanzas pasen por allí, y que la noche brille original, cuando la miremos todos.
Ese día Silvio Rodríguez no solo abrió una gira, nos recordó que la verdadera trova no es solo música, es un abrazo en forma de canción. Y yo, hija de esta isla de poetas, me fui con la certeza de que mientras haya guitarras y gente que cante, la esperanza nunca será solo un verso





