La Gran Muralla China es una antigua fortificación construida y reconstruida entre el siglo V a. C. y el siglo XVI para proteger la frontera norte del Imperio chino de los ataques de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria. Desde entonces se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos del mundo, recibiendo alrededor de 10 millones de visitantes al año.
La Muralla es una de las Siete Maravillas del Mundo gracias a su increíble estructura de ramificaciones y construcciones secundarias. Se calcula que tiene unos 21.200 km de longitud (en su mayoría inclinados), desde la frontera con Corea, al borde del río Yalu, hasta el desierto de Gobi, a lo largo de un arco que delinea aproximadamente el borde sur de Mongolia Interior, aunque hoy solo se conserva un 30 % de ella.
En su forma serpenteante, que atraviesa montañas y cordilleras, no existe un número único de escalones; su altura y diseño varían enormemente a lo largo de su extensión. Sin embargo, se sabe que un tramo específico, donde se celebra el desafiante maratón de Huangyaguan (al norte de la Muralla), tiene 5.164 escalones.
El impacto turístico de la Gran Muralla se refleja en su condición de destino global líder, atrayendo a millones de visitantes cada año, impulsando la economía local, promoviendo la identidad cultural china y sirviendo como fuente de inspiración artística y nacional.
Experiencia personal
Pero recorrerla y subir sus empinados escalones es mucho más que una visita turística: es un reto físico y emocional que conecta con siglos de historia. En el marco del programa Centro de Comunicación de Prensa Internacional de China (CIPCC, por sus siglas en inglés), periodistas de todo el mundo, incluyendo de Diario La R, tuvimos la oportunidad de recorrer la majestuosa estructura desde la puerta de Juyongguan o Paso Juyong, en Beijing.
Subir hasta el punto más alto de la Gran Muralla desde este sector se convirtió en un desafío personal para cada una de las personas que lo intentaban. A pesar de que no se sabe el número exacto de escalones, en este paso los peldaños son famosos por ser empinados e irregulares, lo que exige un gran esfuerzo físico y el uso de pasamanos. Esta sección ofrece un reto para los visitantes más enérgicos, con un circuito cerrado de este a oeste que culmina en la Puerta del Norte, pero también permite detenerse y regresar en cualquier punto del camino.
Cada paso cuesta más que el anterior, y se ven personas de todas las edades y países intentando subir, mientras otras descansan en las escaleras o en algunos puntos del recorrido como por ejemplo un mini almacén donde venden agua y helados. Al mismo tiempo, quienes descienden lanzan palabras de ánimo a las caras exhaustas que encuentran de frente y advierten lo que sigue más adelante. Allí surge la pregunta más común del recorrido: ¿cuánto falta?
Como ya anticipamos, que existe una falta de información sobre el número exacto de escalones, ante esta duda aparecen personas con cierta información que transmiten confianza, diciendo: “Faltan 400 peldaños o 30 minutos para llegar”, mientras aplauden el esfuerzo y recomiendan “ir con cuidado”.
Cada rostro en el camino refleja una emoción distinta: algunos optimistas, otros suplicando llegar y varios que prefieren no mirar al frente y concentrarse en cada paso. Sin duda, es una prueba de la resistencia del cuerpo. En todos los idiomas se escucha la misma frase: “las rodillas no dan más”.
Aun así, todo ese esfuerzo físico y mental tiene su recompensa en la cima, donde las llegadas se celebran con aplausos y sonrisas compartidas. La vista se abre en la infinidad del horizonte con un cielo despejado en el otoño de China, entre montañas y muros, dando la sensación de que la estructura fortificada es interminable. La voluntad y el orgullo de lograrlo se asemejan a “ganar una medalla olímpica”.
Luego de esperar al resto del grupo, descansar y tomar fotos, toca el retorno, y el regreso es igual de exigente que la subida. Ya no importa tanto la energía, pero las rodillas comienzan a temblar, y descender la escalinata requiere tanto tiempo y paciencia como escalarla. El cuerpo pasa factura y aparecen los dolores típicos del esfuerzo físico. Toda la experiencia demuestra que subir y bajar la Gran Muralla es la prueba de que el esfuerzo siempre encuentra su recompensa.




