Imagina pedir un taxi a través de una aplicación y que el auto llegue sin chofer. ¿Te subirías? Esa es la barrera que pretende derribar Pony.ai, una empresa líder en la producción y comercialización en masa de vehículos autónomos, gracias al desarrollo de hardware y software propios. Funciona en el Área de Desarrollo Económico-Tecnológico de Beijing (Beijing E-Town), con el objetivo de normalizar el uso de estos autos que ellos mismos construyen. En esta oportunidad, Diario La R tuvo la posibilidad de visitar este centro de desarrollo.
El E-Town, también conocido como Beijing Yizhuang, es la única zona de desarrollo económico nacional en la capital china desde 1994. Hoy se ha consolidado como un polo de innovación que alberga cerca de 100.000 entidades comerciales, incluidas más de 2.300 empresas de alta tecnología y 155 reconocidas como “pequeñas gigantes” a nivel nacional. En septiembre de 2020, el Gobierno Municipal de Beijing eligió esta zona para crear la primera área de demostración de conducción autónoma con integración vehículo-carretera-nube del mundo.
Gracias a este impulso, Pony.ai, fundada en 2016, desarrollara sus robotaxis, que ya circulan en algunas calles de Beijing y esperan ampliar permisos de operación. La empresa, con presencia en varias partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, también ofrece traslados entre el centro de Guangzhou y puntos estratégicos como el aeropuerto y las estaciones de tren.
La corporación de inteligencia artificial opera las 24 horas del día, los 7 días de la semana, no solo en Beijing, sino también en Shanghái, Guangzhou y Shenzhen. Además, ya obtuvo permisos en Dubái, en Emiratos Árabes Unidos, y mantiene pruebas en Seúl, Luxemburgo y Doha.
Funcionamiento
Los robotaxis funcionan gracias a un sofisticado ecosistema de sensores y algoritmos. Equipados con cámaras, radares y tecnología LIDAR, generan un mapa tridimensional de su entorno en tiempo real. Esto les permite reconocer semáforos, peatones, ciclistas y otros vehículos con gran precisión. La información es procesada por un sistema de inteligencia artificial que predice el movimiento de los objetos cercanos y toma decisiones en milisegundos: acelerar, frenar o girar. El resultado es una conducción más predecible y segura que la humana.
Los taxis autónomos de Pony.ai se solicitan mediante distintas aplicaciones, incluida su propia app PonyPilot. En China, sus servicios también están integrados en plataformas de Tencent, como la popular app de mensajería WeChat y Tencent Maps, mientras que en otras regiones se pueden pedir incluso a través de Uber. Una vez reservado, el vehículo llega al punto indicado y se desbloquea con un código QR. Durante el viaje, pantallas y voces automatizadas orientan a los pasajeros, mientras un centro de monitoreo remoto supervisa la operación y puede intervenir en caso de emergencia.
Entre algunas alianzas con fabricantes de automóviles, se encuentra Toyota, que desde el 2019, crearon una empresa conjunta con Guangzhou Automobile Group (GAC-Toyota) para producir robotaxis en China. Esta colaboración ha permitido a Pony.ai acceder a recursos de producción avanzados y acelerar el desarrollo de vehículos autónomos de nivel 4.
Otro fabricante es GAC Group, a través de su asociación con Toyota y Pony.ai, ha facilitado la fabricación de vehículos autónomos en China, contribuyendo a la expansión de la flota de robotaxis. Por último, SAIC Motor ha colaborado en el desarrollo de un robotaxi autónomo de nivel 4 con volante plegable, combinando la experiencia en inteligencia artificial de Pony.ai con la capacidad de producción de SAIC.
Desafíos
La regulación sigue siendo un reto. Aunque Pony.ai tiene permisos en algunas ciudades, aún no está habilitada en muchas otras. En varios casos, la operación está limitada a zonas específicas, con restricciones de velocidad y condiciones climáticas. A esto se suma la confianza del usuario: pese al recelo inicial, la empresa asegura que quienes prueban el servicio suelen repetir la experiencia.
Bajo el lema “Movilidad autónoma en todas partes”, Pony.ai opera hoy más de 500 robotaxis y 230 robotrucks, acumulando más de 50 millones de kilómetros en pruebas globales de conducción autónoma (más de 10 millones de ellos totalmente sin conductor). En noviembre de 2024, la compañía debutó en el NASDAQ con la mayor oferta pública inicial del sector en EE. UU., convirtiéndose en la primera acción de robotaxi del mercado.
Al visitar la sede de Pony.ai en el E-Town de Beijing y subirme por primera vez a uno de sus robotaxis, la sensación fue extraña: mirar el asiento del conductor vacío, colocar el cinturón de seguridad y presionar el botón de “start”, para luego ver el vehículo avanzaba con naturalidad por la avenida. En pocos minutos, la sorpresa inicial dio paso a otra certeza: estaba siendo testigo de un adelanto del futuro de la movilidad.





Acá todavía discutiendo entre poner dos autobuses o tres como acordeón, como si el largo, en calles angostas, fuesen a solucionar algo. La mejor propuesta hasta ahora fue el tren aéreo propuesto por Berkes, Teyma y Aerom. Ya leí algunos idiotas negativos retrógrados de siempre preguntando «cuanto va a poner el estado». Es una propuesta privada con capitales privados. Si seguimos a nivel de piso, y no hacia arriba o hacia abajo, vamos a seguir a carretilla y caballo como en el interior. La decisión la tiene que tomar gente que viajó, que conoce otros países modernos, que saben de progreso y no personas que nunca salieron del país, anticuadas y mentalidad retrograda de la época del abuelo que apenas manejan un celular.