Los avances en diversos campos, desde la robótica hasta la inteligencia artificial, ofrecen herramientas para reducir barreras físicas, incrementar la autonomía personal y facilitar la participación en los ámbitos social, educativo y laboral. Investigaciones señalan que un área que representa un aporte significativo es la tecnología de asistencia física. Asimismo, dispositivos como sillas de ruedas eléctricas, exoesqueletos, prótesis robóticas y andadores equipados con sensores brindan a muchas personas la posibilidad de recuperar o mejorar su movilidad.
Teniendo en cuenta el entorno digital, ya existen adaptaciones que permiten el uso de computadoras, teléfonos y tabletas para personas con discapacidad motriz. Esto incluye teclados especializados, pantallas táctiles accesibles, sistemas de control por comandos de voz o mediante el seguimiento del movimiento ocular. Esto con el objetivo de posibilitar la comunicación, el estudio y el trabajo a personas con movilidad reducida.

Junto a esto, la transformación digital del mercado laboral presenta un escenario con potencial para la inclusión. La adquisición de competencias digitales se identifica como un factor esencial, dado que la brecha digital puede ser un elemento de desigualdad. Por ello, la consolidación del teletrabajo es una oportunidad concreta, pues permite desempeñar un puesto laboral eliminando las barreras relacionadas con el desplazamiento físico. Además, la robotización y digitalización tienen el potencial de reducir barreras de discriminación históricamente basadas en la fuerza física o roles preestablecidos.
En la actualidad, existen testimonios de personas con discapacidades que manifiestan que la tecnología ha mejorado su calidad de vida, facilitando formación, acceso al empleo, ocio o comunicación. Asimismo se citan ejemplos de las ventajas como gestionar citas médicas en línea, disfrutar de contenidos con audiodescripción, pedir ayuda con un botón o conectar con otras personas en situación similar.
Sin embargo, el panorama no está exento de desafíos. La principal sombra es el acceso desigual a la tecnología, un campo en constante evolución que no siempre avanza al ritmo de las necesidades de las personas. La sustitución de interfaces físicas por pantallas táctiles puede excluir a quienes no pueden manejarlas.

Asimismo, el coste económico de los dispositivos y adaptaciones puede ser una barrera para su adquisición. Otras dificultades incluyen la complejidad funcional de algunos equipos y la posible reticencia ante lo desconocido. Frente a estos retos, se plantean varias líneas de acción. La accesibilidad y usabilidad son retos centrales en el diseño. Es crucial crear canales, contenidos y tecnologías que empleen comunicación clara y sencilla, asegurando el derecho a la información.
La Inteligencia Artificial puede ser una aliada para eliminar barreras físicas en el entorno laboral, mejorando la empleabilidad de personas con movilidad o comunicación reducidas. De igual forma, herramientas como la lectura fácil, que emplea lenguaje sencillo y directo, son fundamentales para que personas con discapacidad intelectual puedan comprender textos, tecnología y acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones.
También, para discapacidad visual, existen lectores de pantalla, impresoras braille y magnificadores. Para discapacidad auditiva, intérpretes de lengua de signos virtuales y prótesis avanzadas. La oferta para discapacidad intelectual, aunque menor, incluye aplicaciones basadas en pictogramas.
En el ámbito educativo específico para la discapacidad motora, el enfoque debe centrarse en superar las barreras contextuales y estimular la autonomía. Dada la gran heterogeneidad de este colectivo, las soluciones tecnológicas (como conmutadores, teclados especializados, ratones adaptados o software de control alternativo) deben individualizarse.

