El mundo del espectáculo despide a una de sus figuras más resilientes y visionarias. Alan Osmond, el hermano mayor y líder indiscutible de The Osmonds, falleció a los 76 años. Alan no era solo el guitarrista y cantante; era el cerebro del grupo. Desde las armonías de estilo barbershop que el cuarteto original interpretaba en Disneyland, hasta su consagración televisiva en el programa de Andy Williams, Alan guió a sus hermanos Merrill, Jay, Wayne y, posteriormente, Donny y Marie con una disciplina férrea. Bajo su dirección, el grupo transitó del pop adolescente de «One Bad Apple» al sonido más agresivo de «Crazy Horses», demostrando una versatilidad que pocos grupos de la época poseían.
En 1987, su vida dio un giro drástico con el diagnóstico de esclerosis múltiple. Sin embargo, transformó su enfermedad en una plataforma de inspiración. Su lema, «Puede que tenga EM, pero la EM no me tiene a mí», se convirtió en un grito de guerra para miles de fans y pacientes. A pesar de verse obligado a abandonar los escenarios de forma activa, continuó produciendo, asesorando a la familia y manteniendo viva la marca Osmond desde las bambalinas, siempre con una sonrisa que desafiaba su condición física. Más allá de los discos de oro y las giras mundiales, Alan siempre priorizó la unión familiar y su fe mormona. Casado con Suzanne Pinegar durante más de medio siglo, crió a ocho hijos que continuaron la tradición musical como la «Segunda Generación».

