En la última década, Uruguay ha experimentado una de las transformaciones demográficas y laborales más profundas de su historia reciente. Lo que comenzó como un flujo migratorio constante se ha convertido en un pilar estructural del sistema de seguridad social y del dinamismo económico del país. Según los datos más recientes del Banco de Previsión Social (BPS) y estudios conjuntos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) con la Universidad de la República, la población migrante no solo ha duplicado su presencia en el mercado formal, sino que ha redefinido la composición de diversos sectores estratégicos.
La presidenta del Banco de Previsión Social, Jimena Pardo, destacó que la cantidad de personas migrantes cotizantes al sistema más que se duplicó entre 2017 y comienzos de 2026, pasando de 51.155 a 104.174. Este incremento representa más del doble en menos de diez años, un ritmo que contrasta significativamente con el crecimiento del total de puestos cotizantes del sistema, que en el mismo período aumentó apenas un 9,1%. Este fenómeno ha elevado la participación relativa de los extranjeros en la fuerza de trabajo formal del 3,5% al 6,5%. Pardo señaló que que se trata de una población mayoritariamente en edad activa, más del 70% tiene entre 30 y 59 años, con una inserción laboral principalmente dependiente y presencia en diversos sectores de actividad, con mayor concentración en comercio, industria y servicios.
A diferencia del promedio de la población uruguaya, los migrantes que se incorporan al mercado de trabajo presentan un perfil marcadamente joven y una leve predominancia masculina, 55,5% frente al 44,5% de mujeres.
En cuanto al origen, el 90,9% de los migrantes procede de solo cuatro países, Argentina, Cuba, Venezuela y Brasil. Según el Censo 2023, la estimación de personas nacidas fuera del país que arribaron entre 2018 y 2023 asciende a 44.167. La inmigración de origen argentino continúa siendo la más numerosa con 32 mil personas.
Sin embargo, existen matices importantes en su inserción. Mientras que los ciudadanos venezolanos y cubanos muestran una mayor tendencia al trabajo dependiente en el sector servicios, la migración argentina y brasileña presenta una composición más diversa, con una presencia notable en sectores de inversión y trabajo independiente. Aproximadamente el 77,8% de los migrantes se desempeña en régimen de dependencia. Sectores como la Construcción (5,0%) y el Trabajo Doméstico (4,4%) también mantienen cuotas relevantes, aunque con una tendencia a la formalización que ha mejorado gracias a las campañas de fiscalización y registro.
Inserción laboral
El mercado laboral uruguayo ha absorbido a esta población principalmente en el sector servicios. Los datos de 2026 indican que el Comercio (20,3%) y las Actividades Administrativas y Servicios de Apoyo (16,2%) son los principales empleadores de migrantes. Les siguen la Industria Manufacturera (10,9%) y el sector de Alojamiento y Servicios de Comida (10,7%).
Un punto de análisis que destacan las investigaciones del MTSS y la Udelar es el nivel educativo. La población migrante reciente suele poseer niveles educativos formales superiores al promedio de la población nativa, con una alta proporción de profesionales y técnicos. No obstante, se observa una «sobrecalificación» en muchos puestos como por ejemplo trabajadores con títulos universitarios desempeñando tareas en sectores de servicios básicos o comercio. Además la jornada laboral semanal promedio de los migrantes es de 40,1 horas y la de los nativos de 37,2 horas.
La distribución territorial de los trabajadores extranjeros en Uruguay muestra una concentración extrema. Montevideo sigue siendo el epicentro, albergando al 67,3% de los cotizantes migrantes unos 70.068 puestos. Le siguen Maldonado con un 10,1% y Canelones con un 8,9%. Estos tres departamentos concentran el 86,3% del total, dejando en evidencia que la migración busca los nodos económicos más activos y las zonas turísticas con mayor demanda estacional de mano de obra.

