La Embajada de la República Argentina en Uruguay fue escenario este lunes de un acto diplomático y conmemorativo que combinó memoria histórica, definiciones políticas y advertencias sobre el presente. La actividad marcó la asunción de Argentina a la presidencia de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), en un contexto internacional atravesado por el resurgimiento de discursos de odio y, según coincidieron varios oradores, por un aumento del antisemitismo también en Uruguay.
El evento reunió a autoridades diplomáticas, representantes del gobierno uruguayo, referentes de la comunidad judía y una sobreviviente del Holocausto, cuya intervención aportó una dimensión humana a una jornada centrada en la memoria y la responsabilidad contemporánea.
Un liderazgo regional inédito
El embajador argentino en Uruguay, Alan Claudio Beraud, fue el encargado de abrir el bloque principal de intervenciones subrayando el carácter histórico de la presidencia argentina. Se trata de la primera vez que un país de América Latina asume la conducción de la IHRA, organización creada en 1998 y dedicada a la educación, investigación y preservación de la memoria del Holocausto.
Beraud destacó que esta responsabilidad “no llega por casualidad”, sino como resultado de una política de Estado sostenida durante más de dos décadas. Recordó además que Argentina es miembro pleno desde 2002 y alberga una de las comunidades judías más importantes fuera de Israel, nutrida en parte por los más de 5.000 sobrevivientes que llegaron tras la Segunda Guerra Mundial.
El diplomático explicó que la presidencia argentina estará guiada por el lema “Expandiendo las fronteras de la memoria” y se estructurará en torno a tres ejes: fortalecer la educación y la investigación sobre el Holocausto, visibilizar el genocidio del pueblo romaní y profundizar la lucha contra el antisemitismo en todas sus formas.
Asimismo, anunció la realización de dos reuniones plenarias en Buenos Aires —en junio y noviembre— y el impulso de proyectos vinculados al acceso a archivos históricos y al fortalecimiento del trabajo regional en América Latina y el Caribe.

La mirada desde Israel
La embajadora de Israel en Uruguay, Michal Hershkovitz, intervino en su calidad de representante de la presidencia saliente de la IHRA y puso el foco en la coyuntura global.
Señaló que el mundo atraviesa un momento de “preocupante incremento del antisemitismo”, acompañado por discursos de odio y por intentos de negación o distorsión del Holocausto. En ese marco, advirtió que Uruguay no está ajeno a esa tendencia.
Según indicó, en los últimos tres años se han registrado decenas de incidentes antisemitas en el país, en paralelo a un aumento de expresiones de odio. Para Hershkovitz, estos fenómenos refuerzan la necesidad de actuar de forma coordinada entre gobiernos, academia y sociedad civil, y de sostener la educación como herramienta central para preservar la memoria.
La respuesta del gobierno uruguayo
En representación del gobierno uruguayo, el director general para Asuntos Políticos de Cancillería, Martín Vidal, confirmó que el país atraviesa una etapa de reflexión ante señales de deterioro en la convivencia social.
Vidal recordó la reciente creación de un grupo de trabajo interinstitucional para abordar el antisemitismo y el racismo, formalizado por resolución el 7 de abril. La iniciativa surge, explicó, a partir de reportes de organizaciones judías que alertaron sobre un aumento sostenido de expresiones antisemitas.
El grupo estará integrado por organismos públicos, los tres poderes del Estado, instituciones internacionales y organizaciones de la sociedad civil. Entre sus cometidos figuran la elaboración de un diagnóstico, el análisis de denuncias, la revisión de normativa nacional e internacional y la formulación de recomendaciones en un plazo de seis meses.
El jerarca subrayó que Uruguay mantiene una tradición de convivencia y respeto, pero reconoció que ese “espíritu cívico” enfrenta desafíos recientes, en un contexto global que también influye a nivel local.
La voz de la comunidad judía
El presidente del Comité Central Israelita del Uruguay, Roby Schindler, aportó la perspectiva de la sociedad civil y destacó el valor de la IHRA como espacio que interpela no solo sobre el pasado, sino sobre el presente.
Schindler enfatizó que la memoria del Holocausto no debe entenderse como un ejercicio meramente histórico, sino como una advertencia vigente. En ese sentido, planteó que el desafío central es cómo traducir esa memoria en acciones concretas frente a los problemas actuales.
También valoró el proceso de acercamiento de Uruguay a la organización —de la que es miembro observador desde 2013— y mencionó los avances hacia una eventual membresía plena, impulsados en conjunto por la Cancillería y organizaciones sociales.
El momento más emotivo del acto estuvo a cargo de la sobreviviente del Holocausto Jeannine Brunstein, quien relató su historia de huida desde Bélgica hacia el sur de Francia, España y posteriormente a Uruguay.
Su testimonio recorrió episodios de persecución, clandestinidad y miedo, incluyendo la travesía a pie por los Pirineos junto a su familia para escapar del nazismo. Brunstein subrayó que la condición de sobreviviente no se limita a quienes pasaron por campos de concentración, sino que también abarca a quienes lograron escapar o permanecer ocultos.
“Las cicatrices quedan igual”, afirmó, al tiempo que destacó la importancia de transmitir estas historias a las nuevas generaciones. En línea con esa idea, sostuvo que la memoria no es solo una cuestión del pasado, sino una responsabilidad del presente.
Citando al escritor y sobreviviente Elie Wiesel, recordó que “lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia”, en una advertencia que resonó con el tono general del acto.
Davidovich: “El nunca más sigue siendo una tarea del presente”
El acto en la embajada argentina incluyó la proyección de un testimonio grabado de Mónica Davidovich, sobreviviente del Holocausto residente en Argentina, cuya historia personal volvió a poner en primer plano el valor de la memoria.
Davidovich nació en 1941 en el gueto de Lida, en Bielorrusia, en condiciones extremas: en el sótano de una casa, en plena persecución nazi. Sus padres la entregaron a una familia católica para salvarla. Ellos, junto a su hermana Neja, fueron asesinados. Otra hermana, Esther, logró sobrevivir.
Ya en Argentina, país donde reconstruyó su vida tras la Shoá, Davidovich se convirtió en una activa transmisora de memoria, especialmente a través de su trabajo en el Museo del Holocausto de Buenos Aires, donde participó en la renovación de su muestra. En su mensaje, subrayó el carácter simbólico de la presidencia argentina de la IHRA, que sucede a Israel, dos países que marcaron su propia historia personal. “Mi vida es un puente entre estas dos naciones”, expresó. Advirtió además sobre la vigencia del antisemitismo, especialmente tras los hechos del 7 de octubre, y llamó a reforzar el compromiso colectivo: “El nunca más sigue siendo una tarea del presente”.

