Aitana Alberti León nació el 9 de agosto de 1941 en Buenos Aires, en pleno exilio argentino de sus padres, los escritores españoles Rafael Alberti y María Teresa León. La Guerra Civil española los había forzado a abandonar España. Y Aitana llegó al mundo cuando su familia iniciaba un periplo que los llevaría por varios países. Entre ellos, Francia, Italia y Argentina antes de establecerse definitivamente en Cuba en 1984.
Su formación académica incluyó estudios de Ciencias Antropológicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, su verdadera vocación siempre fue la literatura y la promoción cultural. A lo largo de su vida, Aitana Alberti se convirtió en una figura clave para la difusión de la poesía en Cuba y el mundo, heredando el legado de sus padres y de la Generación del 27, a la que perteneció su padre.
En 1984, Aitana Alberti se radicó definitivamente en Cuba y convirtió su hogar habanero, al que bautizó como «Pleamar» en homenaje al primer poemario de su padre, en un refugio para el arte y la amistad. Durante aproximadamente quince años, fue una figura fundamental del Centro Cultural Dulce María Loynaz. Donde fundó y dirigió el espacio «Fe de vida: Imagen y palabra», un foro esencial para el diálogo sobre la Generación del 27 en Cuba.

Además, presidió la Cátedra Rafael Alberti en la Universidad de La Habana. Y fue presidenta en Cuba del Proyecto Cultural Sur, una iniciativa que agrupa a 30 ciudades de Europa y América. También fue miembro del Movimiento de Poetas del Mundo y presidenta del Festival Internacional de Poesía de La Habana.
Su producción literaria incluye los poemarios Poemas de Aitana Alberti (1955), Pupila al viento (1998). Además de Y de nuevo nacer (1999) y Amazona en la centella (2016). En el ámbito narrativo, publicó Inquilinos de la soledad (2006), un homenaje a los exiliados de la Guerra Civil española, y Cuentos persas (2018). Sus poemas han sido traducidos al alemán, polaco, ruso, rumano e italiano, lo que da cuenta de su proyección internacional.
Como sus padres, Aitana Alberti fue comunista y mantuvo una firme convicción en la necesidad de vivir con ideales. En una entrevista con el escritor español Manuel Quiroga Clérigo, afirmó: «Hay que creer en algo, hay que tener algún ideal. En el siglo XIX siempre se decía eso. Pero creo que es una expresión un poco venida a menos, aunque yo siga pensando que es esencial vivir con ideales. El hombre no puede vivir sin algo, sin creer en algo. Es lo que hace vivir a la gente».
Su obra narrativa, en particular Inquilinos de la soledad, refleja las experiencias de los perseguidos durante la dictadura franquista que, como sus padres, tuvieron que abandonar España. En este sentido, Aitana Alberti no solo fue una escritora, sino una defensora de la memoria histórica, la paz y el diálogo entre pueblos. También fue una firme defensora del legado de su madre, María Teresa León, una figura a menudo eclipsada por la celebridad de su padre.
Aitana Alberti fue reconocida como una «incansable defensora de la poesía, la memoria, la paz y el diálogo entre pueblos». Su partida, ocurrida el 30 de junio de 2026 en La Habana, fue lamentada por instituciones culturales y medios de todo el mundo. Su hija, la cineasta española Marina Alberti, dirigió el documental Aitana (2023), filmado en la capital cubana junto a su hermana Altea, cuando su madre empezaba a mostrar signos de alzhéimer.
La obra de Aitana Alberti, tanto literaria como de gestión cultural, representa un puente entre España y América Latina, entre el exilio y la esperanza, entre la memoria y el presente. A través de su poesía, sus libros y su incansable labor en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, dejó una huella imborrable en la cultura cubana e iberoamericana.

