El láser se utiliza en medicina desde la década de 1960. Su capacidad para concentrar energía en un punto específico lo convierte en una herramienta útil para cortar, coagular o vaporizar tejidos. En los últimos años, la incorporación de sistemas basados en inteligencia artificial ha permitido que estos dispositivos ajusten su funcionamiento según las características del tejido y las condiciones del procedimiento.
En urología, el láser Ho:YAG se emplea para fragmentar cálculos renales y biliares. La longitud de onda de 2.100 nanómetros es absorbida por el agua, lo que permite romper la piedra sin dañar los tejidos circundantes. La incorporación de sistemas de reconocimiento óptico permite distinguir entre el cálculo y el tejido blando, lo que reduce el riesgo de lesiones accidentales. El sistema ajusta la energía emitida según la composición de la piedra y detiene la emisión cuando detecta que la fragmentación se ha completado.
Asimismo, en oncología, la terapia térmica intersticial con láser se utiliza para tratar tumores en el cerebro, el hígado y el pulmón. Se introduce una fibra óptica en el tumor y se aplica energía láser para elevar la temperatura y destruir las células cancerosas. Los sistemas con IA analizan las imágenes de resonancia magnética durante el procedimiento y calculan la temperatura en tiempo real. Esto permite ajustar la potencia y la duración de la aplicación para asegurar que el tumor sea destruido sin dañar el tejido sano.

La terapia fotodinámica combina un fármaco fotosensibilizador con la luz láser. El fármaco se acumula en las células tumorales y, al ser iluminado, genera especies reactivas de oxígeno que destruyen el tejido canceroso. Los sistemas actuales calculan la dosis de luz necesaria en función del tamaño y la localización del tumor.
Por otro lado en dermatología, los láseres se utilizan para el rejuvenecimiento cutáneo, la eliminación de lesiones vasculares y la remoción de tatuajes. Además, los sistemas modernos incorporan sensores que miden la temperatura de la piel durante el procedimiento. La IA procesa estos datos y ajusta la energía emitida para evitar quemaduras y mejorar los resultados.
La técnica de resurfacing cutáneo utiliza láseres ablativos y no ablativos. Los sistemas fraccionados dividen el haz en múltiples microhaces que tratan solo una parte de la piel, lo que acelera la recuperación. La IA se utiliza para calcular la densidad y la profundidad de los microhaces según el tipo de piel y la condición a tratar.
Según los especialistas, en la lipólisis asistida por láser se introduce una fibra óptica en el tejido adiposo para fundir la grasa. El sistema ajusta la potencia según la temperatura medida en la zona tratada. A su vez, los estudios han mostrado que el uso de láser reduce el sangrado durante el procedimiento en comparación con la liposucción tradicional.
Del mismo modo en cardiología, los sistemas de ablación con láser se utilizan para tratar la fibrilación auricular. Se introduce un catéter con un balón en la aurícula izquierda y se aplica energía láser para aislar las venas pulmonares, donde se originan los latidos anormales. Los sistemas actuales ajustan la potencia según la ubicación y el grosor de la pared cardíaca. Esto permite crear lesiones transmurales sin perforar el tejido.
Los sistemas con IA ofrecen varias ventajas entre ellas reducen el margen de error, permiten un ajuste continuo de los parámetros y facilitan la estandarización de los procedimientos. Sin embargo, su implementación requiere inversión en equipos y formación del personal. También es necesario establecer protocolos para la validación de los algoritmos y la supervisión de los resultados . La formación de los equipos médicos y la actualización de los protocolos son parte del proceso de adopción de estas tecnologías.

