La política uruguaya suele mirar demasiado cerca. Las próximas elecciones, la próxima encuesta, el próximo conflicto o la próxima negociación ocupan buena parte de la agenda de los partidos. Sin embargo, hay transformaciones sociales que avanzan silenciosamente y que, cuando adquieren dimensión electoral, ya no pueden ser ignoradas. La creciente presencia de ciudadanos de origen migrante es una de ellas. En este terreno, el Frente Amplio parece estar perdiendo una oportunidad que otros sectores políticos han comenzado a comprender: los migrantes no son solamente personas que llegan al Uruguay para trabajar, estudiar, formar una familia o buscar mejores oportunidades. Una parte de ellos se incorporará progresivamente a la ciudadanía uruguaya y, con ella, al ejercicio pleno de los derechos políticos.
El Partido Colorado y el Partido Nacional han mostrado, con diferentes estrategias, una mayor disposición a trabajar políticamente con esas comunidades, generar vínculos, incorporar referentes y promover la formación de cuadros que puedan representar a sus colectivos. No se trata solamente de sumar votantes: se trata de construir representación política..
El Frente Amplio tiene una larga tradición de organización territorial, militancia social y construcción de estructuras políticas. Sin embargo, frente a la nueva realidad migratoria, parece existir cierta apatía o, al menos, una falta de iniciativa proporcional a la dimensión del fenómeno. El desafío no consiste únicamente en acercarse a los migrantes cuando llegue una campaña electoral.
Formar dirigentes, escuchar demandas, incorporar referentes comunitarios y permitir que ciudadanos de origen extranjero puedan convertirse en protagonistas de la vida política uruguaya requiere tiempo. No se improvisa una candidatura representativa pocos meses antes de una elección. La competencia electoral del futuro se está construyendo hoy.
Si las proyecciones que ubican en torno a 12.000 a los migrantes que podrían adquirir la ciudadanía uruguaya hacia 2030 se concretan, estaremos ante un universo electoral que ningún partido debería considerar marginal. Venezolanos, cubanos, argentinos, dominicanos, colombianos, peruanos, brasileños y ciudadanos de otras nacionalidades ya forman parte de la sociedad uruguaya. También debe existir una integración política.
Por eso resulta llamativa la diferencia entre los partidos que ya están trabajando para formar referentes dentro de esas comunidades y aquellos que parecen observar el fenómeno En 2030 no alcanzará con hablarles a los migrantes. Será necesario hablar con ellos y, probablemente, también a través de ellos. Pero cada año que pasa sin construir esos puentes es un año que otros partidos aprovechan.Y en política, especialmente cuando se trata de conquistar nuevas generaciones de ciudadanos, llegar tarde puede significar haber perdido una elección antes de que siquiera comience.

