Su campo de acción va más allá de tratar dolencias puntuales. La prevención es una de sus herramientas más valiosas, porque buena parte de los problemas que afectan a los pies podrían evitarse con medidas adecuadas y hábitos sencillos. Las problemáticas que afectan a los pies son variadas y, en muchos casos, evitables. La fascitis plantar es una de las más comunes. Se trata de una inflamación del tejido que conecta el talón con los dedos, y se manifiesta con un dolor intenso en el talón, especialmente al dar los primeros pasos por la mañana o después de un período prolongado de reposo.
Quienes la padecen describen la sensación como si caminaran sobre una piedra afilada. Su origen suele estar en el uso de calzado inadecuado, la sobrecarga por actividad física o problemas biomecánicos como los pies planos o el arco plantar muy pronunciado. Los juanetes, o hallux valgus, son otra de las consultas habituales. Se trata de una deformidad en la articulación del dedo gordo que provoca una protuberancia ósea en el borde interno del pie. Acompañan a esta deformidad dolor, enrojecimiento y dificultad para encontrar calzado cómodo.
Las uñas encarnadas, conocidas médicamente como onicocriptosis, ocurren cuando el borde de la uña crece hacia la piel del dedo, causando dolor, inflamación y, en algunos casos, infección. Un corte incorrecto de las uñas, especialmente si se redondean en lugar de cortarlas rectas, suele estar detrás de este problema. También influye el uso de zapatos muy ajustados que comprimen los dedos.

El pie de atleta, una infección fúngica que afecta la piel, es otro de los trastornos más extendidos. Suele aparecer en épocas de calor y en lugares húmedos como piscinas, gimnasios o vestuarios. La humedad residual en los pies es su principal factor de riesgo, y la mejor forma de prevenirlo es secar bien esa zona después de cada lavado.
Detrás de la mayoría de estos problemas hay hábitos cotidianos que parecen inofensivos pero que, con el tiempo, causan estragos. Cortar las uñas de forma redondeada en lugar de recta, no secar bien entre los dedos después de la ducha, usar calzado demasiado ajustado o descuidar la hidratación de la piel son errores que los podólogos ven a diario.
Secarse bien entre los dedos es fundamental para evitar el exceso de humedad. El pie tiene muchas glándulas sudoríparas, más que cualquier otra parte del cuerpo, y la humedad prolongada crea el ambiente perfecto para el crecimiento de hongos. Lavar los pies a diario con agua tibia y jabón suave, y prestar especial atención al secado, especialmente entre los dedos, es la base de cualquier cuidado.
La piel del talón puede llegar a ser hasta 50 veces más gruesa que la de la mejilla, y tiende a secarse y agrietarse. Aplicar una crema hidratante con un pequeño porcentaje de urea, entre el 5 y el 10 por ciento, después del lavado ayuda a mantener la piel suave y previene la aparición de grietas dolorosas.
La elección del calzado es uno de los factores que más influye en la salud de los pies. Un zapato cómodo debe ser de material transpirable y suave, amplio en la puntera para que los dedos no queden comprimidos, y con una suela amortiguadora y flexible que absorba el impacto al caminar. Los tacones altos, por su parte, no son aconsejables en adultos si superan los 4 o 5 centímetros de altura. El calzado plano y sin soporte también puede ser problemático, porque no ofrece el sostén adecuado al arco plantar.
En los niños, la elección del calzado es todavía más importante. No se recomienda heredar zapatos ya usados, porque cada pie tiene una huella y un desgaste diferente. Los zapatos deben tener una sujeción correcta en el talón y una puntera amplia que permita el movimiento natural de los dedos.

