El Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo no había visto algo igual en mucho tiempo. Desde temprano, una fila interminable de personas se extendió afuera del histórico edificio. Adentro, el féretro de Ruben Rada convocó en pocas horas a lo que difícilmente se planifique. Se trataba de una comunión espontánea entre distintas generaciones, distintos colores políticos y distintas formas de entender el Uruguay.
Lucila Rada, su hija mayor, fue quien tomó la palabra en nombre de la familia. «Luchó como un gladiador hasta el último día porque es el tipo al que más le gustaba vivir del mundo», dijo ante quienes se acercaron a saludarlos, y en esa frase concentró un mes de internación por una neumonía que Rada enfrentó con una determinación que su familia describió en términos de combate sin tregua. Señaló que se sentía hija de alguien querido, pero también parte de algo más grande, porque el duelo que se expresaba a su alrededor no era privado. «Soy una hija muy triste porque perdió a su papá, pero siento que tenemos una familia más grande ahora, que es todo un país», expresó. En nombre de la familia, agradeció a quienes esperaron en fila y prometió que permanecerían hasta el último visitante.
Habló también de cómo era Rada en la intimidad. Generoso, divertido, no posesivo con sus hijos, a quienes dejó crecer libres pero con su presencia constante. «Era divertido, era generoso, nos dejaba libres, siempre fuimos libres. Una persona increíble. Como abuelo también. Desapegado en el buen sentido, no era un pegote, pero el amor que transmitía era enorme.» Y mencionó una frase que él repetía cuando alguien atravesaba una situación difícil, una frase que cargaba toda la experiencia de haber conocido la pobreza de cerca. «mi pobreza no es total, falto yo.»
El presidente Yamandú Orsi, que ya había declarado pocas horas antes del velatorio que el homenaje se lo haría el pueblo uruguayo, describió a Rada como alguien cuya manera de morir era coherente con su manera de haber vivido. «Porque era como él vivía, ¿no? Murió como vivía», señaló. Habló de un hombre cercano, con un sentido del humor que contrastaba con la sobriedad que suele caracterizar a los uruguayos, y recordó una anécdota en la que Rada actuó ante un público coreano que al principio lo observaba sin entender nada y al final estaba contagiado por su energía. Señaló que el ambiente que se respiraba en el Palacio Legislativo era de comunión, y que el pedido del artista había sido claro, que cuando faltara, quienes quedaran lo celebraran con alegría. «Hay un clima de comunión, con un mensaje que fue claro: que el día que no estuviera había que hacer algo. Lo que nos pidió es que lo viviéramos con alegría el haber compartido todo lo que creó», sostuvo.
Mencionó también que militares uruguayos desplegados en el Congo cerraban cada tarde con «Mi País», lo que habló de un alcance que superaba cualquier clasificación de género musical. Añadió que Rada había sido alguien completo y alegre, y que esa alegría que al uruguayo promedio no le resulta sencilla de demostrar era en él auténtica y desbordante. «El más uruguayo de todos, pero con características inusuales, hay que contagiarse un poco más del negro», dijo.
Julio María Sanguinetti llegó a rendir homenaje a alguien a quien definió como un renovador de la música popular, un artista cuya espontaneidad era inseparable de su valor. «No sé si hubiera sido el mismo. Uno piensa a dónde podría haber llegado si hubiera estudiado música, no sabemos. De pronto había perdido esa espontaneidad que lo llevó a donde lo llevó, a hacer esas fusiones de géneros», sostuvo. «Él simbolizaba una cosa muy importante, la negritud, de la que hablaba Pedro Figari y de la que él mismo hablaba. La exaltación de esa condición de ser negro como virtud y como condición», dijo Sanguinetti. Y trazó una comparación que tiene peso particular en el imaginario colectivo del país. El expresidente dijo «yo tenía 14 años cuando Maracaná. Para mí Obdulio Varela, ‘el negro jefe’, era como Artigas, en ese momento. El negro Rada es, también, de algún modo, un Artigas para mucha gente». También se hizo presente para brindar el respeto del Partido Nacional su presidente, Álvaro Delgado.
Topolansky: «Un personaje de la historia, de la cultura«
Lucía Topolansky sostuvo que la despedida en el Palacio era absolutamente merecida. «Es un personaje de la historia, de la cultura nacional. El más importante, probablemente, en este momento», declaró. Señaló que el músico trascendió fronteras y que su fallecimiento tuvo repercusiones en varios países.
El ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, destacó el carácter identitario de Rada en relación con la cultura afro uruguaya y el candombe, y habló de una trayectoria que se convierte automáticamente en leyenda. Señaló que su música acompañará en los ámbitos educativos y que sus canciones, que muchos uruguayos conocen de memoria sin haber estudiado nada, son en sí mismas una forma de transmisión cultural que ningún currículum puede garantizar.
Jorge Nasser, músico que participó activamente en el velatorio y cantó junto a la hija de Rada ante el público reunido, fue categórico al señalar que el país había perdido a su mayor artista popular, alguien completo en todos los sentidos, e irreemplazable. Subrayó, sin embargo, que la obra queda disponible y que la alegría que dejó puede seguir siendo disfrutada. Petru Valensky, actor y figura del espectáculo uruguayo, eligió para definirlo dos palabras, como referente y embajador. Recordó que su reconocimiento llegó a Japón.
Natalia Oreiro, León Gieco y Ricardo Mollo, llegados desde Buenos Aires, también estuvieron presentes y participaron en el momento coral que transformó el velatorio en algo distinto a un duelo convencional. El cortejo fúnebre partirá hoy desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile a las once de la mañana. Rada será sepultado en el Cementerio del Norte.





