Un recorrido por el Palacio de Verano de Beijing

En mi estancia en Beijing una de las visitas más esperadas fue la del Palacio de Verano, el gran jardín imperial de la dinastía Qing que se alza en los suburbios occidentales de la capital china.

El Palacio de Verano fue construido originalmente en 1750.

El Palacio de Verano fue construido originalmente en 1750 durante el reinado del emperador Qianlong, y es de esos lugares que no pueden faltar en nuestra lista si viajamos a China. Precisamente porque -más allá de un lugar turístico- este conjunto monumental es una obra maestra del arte chino, donde los elementos creados por el hombre -pabellones, palacios, templos y puentes- se integran perfectamente con el paisaje natural.

La historia del Palacio de Verano, conocido en sus orígenes como Jardín de las Ondas Claras, está marcada por la destrucción y la reconstrucción. Fue incendiado por las fuerzas anglo-francesas en 1860 durante la Segunda Guerra del Opio, y posteriormente reconstruido en 1886 bajo el mecenazgo de la emperatriz viuda Cixi. Dos años después, adoptó su nombre actual, convirtiéndose en el lugar de retiro y descanso de la emperatriz. En 1998, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, reconociendo su valor universal excepcional como ejemplo de jardín imperial chino.

El Palacio de Verano ocupa una superficie de 3,009 kilómetros cuadrados, de los cuales aproximadamente tres cuartas partes son agua. La principal zona escénica está formada por la Colina de la Longevidad (Wanshou Shan), de 58 metros de altura, y el Lago Kunming, un lago artificial excavado a pico y pala por orden imperial en el siglo XVIII. La tierra extraída de la excavación se utilizó para crear la propia colina, una muestra de la planificación y el aprovechamiento de recursos que caracterizó la construcción imperial. El conjunto alberga más de 3.000 estructuras arquitectónicas antiguas que cubren una superficie de casi 70.000 metros cuadrados, además de más de 1.600 árboles centenarios.

En 1998, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Entre templos

El Palacio de Verano ofrece una amplia variedad de espacios, cada uno con su propia personalidad e historia, que reflejan la sofisticación del diseño de jardines imperiales chinos, donde el paisaje, la arquitectura y la simbología se integran en un todo. La Galería Larga, de 728 metros, es una de las estructuras más emblemáticas del palacio. Esta es,-según el Libro Guinness de los Récords-, la galería cubierta más larga del mundo. Construida para que la familia imperial pudiera pasear protegida del sol y la lluvia, la galería está decorada con más de 14.000 pinturas que narran episodios históricos, literarios y mitológicos de China, convirtiéndola en una galería de arte al aire libre.

El Pabellón del Incienso de Buda (Foxiang Ge), con sus 41 metros de altura, es el edificio más emblemático y visible desde cualquier punto del lago. Situado en la ladera de la Colina de la Longevidad, este es el templo budista central del palacio y en el lugar donde la familia imperial realizaba ofrendas. Su imponente silueta, que se alza frente al lago, domina el paisaje y representa el poder espiritual y terrenal de la dinastía Qing. Muy cerca, el Salón de las Nubes Dispersas (Paiyun Dian) era el lugar donde la emperatriz Cixi atendía los asuntos de estado y recibía los homenajes en su cumpleaños, y junto con su arco conmemorativo, la Puerta Paiyun y la escalinata que asciende hasta la cima, forman uno de los conjuntos arquitectónicos más imponentes del jardín.

El Lago Kunming, con una superficie de aproximadamente 220 hectáreas, ocupa tres cuartas partes de la superficie total del palacio. El Puente de los Diecisiete Arcos, que conecta la isla Nanhu con la orilla este, es otro de los puntos más fotogénicos. Sus 17 arcos, un número elegido por su simbolismo de buena fortuna, reflejan la tradición china de otorgar significados auspiciosos a los números. En el extremo oeste de la Galería Larga, el Barco de Mármol (Qingyan Fang, conocido localmente como «Barco de Piedra») es una curiosa estructura de estilo occidental que simboliza la estabilidad del imperio.

En la ladera norte de la Colina de la Longevidad, el complejo de los Cuatro Continentes, con sus templos de estilo tibetano, ofrece una vista panorámica y un ejemplo de la influencia del budismo en la arquitectura imperial. La Calle Suzhou, originalmente una calle comercial que imitaba los mercados del sur de China, fue restaurada en 1990 y permite a los visitantes sumergirse en el ambiente de un mercado tradicional flotante.

Por último, el Jardín de la Armonía y el Interés (Xiequ Yuan), inspirado en los jardines de la región de Jiangnan, es un jardín dentro del jardín que ofrece un espacio más íntimo y tranquilo, y sus pasillos, estanques y pabellones evocan la elegancia de los jardines privados del sur de China, ofreciendo un contraste con la grandiosidad del resto del palacio.

El Palacio de Verano ofrece una amplia variedad de espacios.

La visita a través de los ojos de un viajero

Para quien visita por primera vez el Palacio de Verano, el impacto es inmediato, sin embargo -según colegas que ya habían visitado este sitio-, las sensaciones de curiosidad, y asombro son inevitables. Para quienes han disfrutado esta experiencia, el recorrido recomendado comienza con una parada breve en el Salón de la Benevolencia y la Longevidad para luego dirigirse al Jardín de la Armonía y el Interés.

Desde allí, el paseo bordea el Lago Kunming hasta el Puente de los Diecisiete Arcos, donde cruzar a la isla Nanhu ofrece una vista privilegiada de la silueta del Pabellón del Incienso de Buda reflejada en el agua. Un barco a través del lago lleva hasta el Barco de Mármol, y desde allí, un paseo por la Galería Larga conduce al inicio de la subida hacia la Torre de la Fragancia de Buda, desde cuya cima se obtienen las vistas más espectaculares del conjunto.

Algo me resultó curioso y es que más allá de los monumentos principales, el Palacio de Verano guarda pequeños secretos que recompensan la atención del viajero. Los expectantes fotógrafos buscan un encuadre muy particular, al asomarse a través de los agujeros de las rocas para enmarcar el Pabellón de la Fragancia de Buda. Este juego visual, conocido como kuanjing, es una técnica tradicional de la jardinería china que utiliza la naturaleza como marco para resaltar la arquitectura. Ver la silueta del templo a través de la roca rústica crea una imagen con mucha profundidad, viva y natural, muy diferente de cualquier postal común.

Definitivamente, la visita al Palacio de Verano es una inmersión en la historia de China, una oportunidad para apreciar la sofisticación de un arte que supo integrar la arquitectura con el paisaje. Tras la visita, uno se lleva la sensación de haber pisado un lugar donde el tiempo parece detenerse.

Comparte esta nota:

1 Comentario

  1. Una excelente descripción de un lugar sin duda fascinante.
    –Ojalá tuviera uno un poco del vil metal para hacerle una visita : )
    La historia de China es en sí misma algo que deja la sensación de un secretivo misterio, como apartado y lejano del discurrir del resto del mundo.
    La historia toda del Lejano Oriente es en sí como una fábula antigua y a su vez llena de las realidades que marcaron un pueblo, su destino y su lugar en el mundo.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Mas allá de La Muralla