Visitar el Museo de Historia del Partido Comunista de China, en Beijing, significó para mí acercarme de manera directa a una parte de la historia política que ha marcado la transformación de este país. Como periodista, recorrer un espacio dedicado a preservar y explicar la trayectoria del Partido Comunista Chino (PCCh) supone también enfrentarse a una gran cantidad de documentos, fotografías, objetos y recursos audiovisuales que buscan mostrar, desde la perspectiva de la propia institución, los principales momentos de ese proceso.
La visita adquirió un significado particular porque no se trató solamente de entrar a un museo y observar una colección histórica. Sino que el recorrido permite aproximarse a la manera en que China presenta la historia del Partido, su relación con la fundación de la República Popular China y el proceso político, económico, social y tecnológico que el país identifica con la construcción de la Nueva China.
El museo abrió sus puertas en junio de 2021, en el marco de las conmemoraciones por el centenario de la fundación del PCCh, creado en 1921. Desde el comienzo del recorrido, una de las cuestiones que más permite comprender la dimensión del museo es precisamente su escala.
El recinto está ubicado en las inmediaciones del Complejo Olímpico, en la zona centro de Beijing, y ocupa una superficie de más de 145 mil metros cuadrados. Su arquitectura combina referencias de antiguos recintos nacionales con elementos de la China contemporánea.
Memoria política
Para mí, esa dimensión no puede separarse del contenido que alberga. Por eso, el tamaño del edificio y la amplitud de sus colecciones forman parte de la propia concepción del lugar. Uno de los elementos que atraviesa todo el recorrido es precisamente la relación entre memoria e identidad política. En ese sentido, la exposición presenta al Partido como la columna vertebral del modelo que, según el relato institucional, condujo al país hasta convertirse en una potencia global bajo la vía del socialismo con características propias.
La muestra permanente está organizada en cuatro grandes secciones. La primera aborda la fundación del Partido y sus primeros años de lucha. La segunda se concentra en el establecimiento de la República Popular China en 1949, así como en el impulso de la revolución y la construcción socialista. La tercera está dedicada a las reformas, la apertura y el desarrollo del socialismo con “características propias”. La cuarta aborda la denominada nueva era del socialismo con “características chinas”, la construcción de una sociedad próspera y el camino hacia la modernización socialista.
Seguir este orden permite observar cómo la institución estructura el relato histórico que va desde la creación del Partido, pasando por la fundación de la República Popular China, hasta las reformas y la etapa actual. La exposición reúne más de 2 mil 600 imágenes y fotografías relacionadas con momentos trascendentales de la historia del PCCh y con sus principales dirigentes históricos.
A ello se suman más de 3 mil 500 piezas y objetos. Una parte importante del contenido está relacionada con Mao Zedong, presentado como fundador de la nueva China.
Sin embargo, uno de los aspectos que encontré más relevantes durante la visita fue la diversidad de materiales utilizados para construir esa representación histórica. Pues hay documentos, manuscritos, banderas, automóviles, objetos personales, publicaciones y diferentes recursos digitales que permiten recorrer distintos momentos de la historia del Partido y del país.
¿Qué podemos encontrar?
Entre esos elementos aparece una réplica del llamado Barco Rojo, relacionado con el nacimiento del PCCh. Fue a bordo de esa embarcación donde los 13 delegados concluyeron el congreso que dio origen al Partido Comunista Chino. Por ese motivo, la imagen del Barco Rojo ocupa un lugar simbólico dentro del relato histórico que ofrece el museo.
Encontrarme con esta representación durante el recorrido me permitió comprender cómo un acontecimiento ocurrido hace más de un siglo continúa ocupando un lugar central en la memoria política que China construye sobre el origen del Partido. Otro de los elementos que concentra especial atención es un manuscrito original sobre marxismo que, según conocimos, es el manuscrito más completo de este tipo que se conserva en el mundo. Junto a él se encuentran las estatuas de Carlos Marx y Federico Engels.
También forma parte de la colección un automóvil Hongqi, presentado como uno de los primeros vehículos construidos íntegramente con diseño, ingeniería y mano de obra china. El sedán de alta gama fue lanzado en 1958 y es mostrado como un símbolo del desarrollo de la Nueva China a menos de una década de su instauración.
Entre los elementos mencionados se encuentra el sumergible Fendouzhe, capaz de descender a más de 10 mil 800 metros bajo el mar. También aparecen los exploradores Chang’e, vinculados con la exploración de la Luna, y las misiones Tianwen-1 y Zhurong, relacionadas con Marte.
Para mí, esta parte del recorrido resulta especialmente significativa porque muestra hasta qué punto el relato museográfico conecta acontecimientos políticos ocurridos décadas atrás con la posición tecnológica que China busca mostrar en el presente. Esa decisión permite entender uno de los ejes centrales de la exposición que es la presentación de la trayectoria del PCCh como parte de un proceso que conduce desde los primeros años de lucha hasta la modernización socialista y el desarrollo tecnológico de la China actual.
La colección también incluye banderas originales del Ejército Rojo, cartas manuscritas, documentos fundacionales, ediciones originales del Diario del Pueblo y objetos personales utilizados en distintos momentos por dirigentes como Mao Zedong, Deng Xiaoping y Xi Jinping.
Estos materiales tienen un valor diferente al de las reconstrucciones digitales porque permiten observar documentos y objetos vinculados directamente con los protagonistas y acontecimientos que forman parte de la historia expuesta. Para un periodista, trabajar visualmente con ese tipo de piezas también permite identificar cómo una institución construye su relato no solamente mediante explicaciones escritas, sino mediante evidencias materiales y aprovechando recursos tecnológicos.
La utilización de reconstrucciones digitales introduce otra dimensión en la experiencia de la visita. La historia deja de presentarse únicamente a través de documentos estáticos y puede ser abordada mediante recursos tecnológicos. El museo cuenta, además, con simuladores 4D y otros recursos digitales.
Este componente tecnológico tiene sentido dentro del propio relato de la institución. Si una parte de la exposición está dedicada a mostrar el desarrollo científico y tecnológico de China, el propio museo utiliza herramientas digitales para explicar determinados momentos de su historia.











