Oddone perdió la paciencia: el poder también debe saber escuchar

El ministro de Economía reaccionó con evidente molestia ante el periodista Leo Sarro, volvió sobre sus pasos y lo acusó de actuar “de mala fe”. Más allá de las formas utilizadas durante el intercambio, el episodio plantea una cuestión esencial: quienes ejercen responsabilidades públicas deben aceptar el cuestionamiento, incluso cuando resulta incómodo.

Un ministro puede considerar un planteo equivocado, tendencioso o injusto. Puede rechazarlo, corregirlo y defender con firmeza su gestión. Lo que no debería hacer es perder de vista quién ocupa el lugar de autoridad.

Eso es lo preocupante del episodio protagonizado por el ministro de Economía, Gabriel Oddone, y el periodista Leonardo “Leo” Sarro.

Sarro planteó qué perspectivas existen para quienes perciben alrededor de 25.000 pesos mensuales y posteriormente comparó el modelo económico actual con el aplicado durante la gestión de Azucena Arbeleche.

Oddone tenía múltiples caminos para rechazar esa comparación: marcar diferencias, presentar cifras o explicar por qué consideraba incorrecta la afirmación.

Eligió otro.

Cuando ya se retiraba, volvió sobre sus pasos y encaró al periodista para decirle: “Lo que acabas de hacer es de mala fe”.

Allí la discusión abandonó el terreno económico y pasó al personal.Ese fue el error.

La relación entre un ministro y un periodista nunca es simétrica. Oddone dispone de un ministerio, asesores, información oficial y la autoridad institucional del Estado. El periodista tiene como herramienta fundamental la posibilidad de interpelar a quienes administran los asuntos públicos.

Un gobernante puede ser firme, cuestionar el enfoque periodístico e incluso señalar públicamente errores. Pero debe mantener el autocontrol propio de su responsabilidad.

También merece atención el lenguaje corporal exhibido durante el episodio. Sin exagerar lo sucedido ni calificarlo como una agresión física que los registros disponibles no permiten establecer, la decisión de regresar para recriminar personalmente a Sarro mostró una reacción poco compatible con la serenidad esperable de una autoridad.

Pero detrás de la controversia quedó prácticamente olvidado el asunto central: ¿qué ocurre con los uruguayos que viven con 25.000 pesos?

Ese debería ser el verdadero debate.

La economía no puede quedar encerrada en déficit fiscal, inflación, PIB, inversión o crecimiento. También debe explicar qué ocurre en la vida cotidiana de quien debe afrontar alimentación, vivienda, transporte y servicios con ingresos extremadamente ajustados. El problema no fue que Oddone discrepo. El problema fue que perdió la paciencia y trasladó una discusión pública al terreno personal. Un ministro puede molestarse. Lo que no debería olvidar es que su conducta también forma parte de la función que representa. El poder que pierde la paciencia frente a una pregunta corre el riesgo de terminar discutiendo con el periodista en lugar de explicarles a los ciudadanos.

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