Ricardo Barboza: “La guerra en Yemen es un choque de voluntades”

En entrevista con Diario La R, el profesor analizó el conflicto de Yemen, los ataques contra Arabia Saudita y la influencia de Irán. Su diagnóstico pone el foco en la guerra híbrida, los límites del armamento moderno y las dificultades para alcanzar una paz que vaya más allá de una interrupción de los enfrentamientos.

Barboza sostuvo que la cantidad de recursos disponibles no permite anticipar por sí sola el desenlace de una confrontación.

La diferencia entre tener poder militar y conseguir resultados políticos atraviesa el análisis del profesor Ricardo Barboza sobre Yemen y la confrontación entre los hutíes y Arabia Saudita. En su interpretación, el conflicto expone las dificultades de una potencia equipada para la guerra convencional cuando enfrenta a una organización que combina movilidad, conocimiento del terreno y capacidad tecnológica. En entrevista con Diario La R, Barboza sostuvo que la cantidad de recursos disponibles no permite anticipar por sí sola el desenlace de una confrontación. Importan también la preparación de quienes los emplean, la calidad de la inteligencia, los objetivos perseguidos y la voluntad de sostener la lucha.

“La guerra es un choque de voluntades”, afirmó. Y agregó: “Si no cesa la voluntad de una de las partes, no cesa la guerra”. Desde esa definición, el entrevistado propuso observar la situación yemení como un conflicto donde las partes actúan con necesidades diferentes. Arabia Saudita debe proteger su territorio, sus instalaciones y su posición regional. Los hutíes, en cambio, pueden producir efectos importantes sin alcanzar una victoria militar convencional: les basta, en determinadas circunstancias, con impedir que su adversario utilice libremente sus recursos o garantice la seguridad que pretende ofrecer. Esa diferencia ayuda a explicar, según su análisis, por qué una organización con recursos inferiores puede prolongar el enfrentamiento y elevar los costos de una potencia.

Yemen y una disputa que supera sus fronteras

Barboza ubicó las raíces del conflicto en una historia de divisiones políticas, alianzas tribales y disputas por el poder. En su lectura, Yemen no puede interpretarse como un escenario homogéneo, con actores que responden a una única autoridad o mantienen intereses permanentes. Las alianzas, explicó, pueden construirse alrededor de objetivos concretos y modificarse cuando esos objetivos cambian. Esa fragmentación dificulta tanto las operaciones militares como la negociación de acuerdos capaces de sostenerse en el tiempo. El profesor también vinculó la persistencia de la violencia con el deterioro de las condiciones de vida. En su exposición, la pobreza y el sufrimiento de la población forman parte del escenario sobre el cual actúan los grupos armados y las potencias externas. La prolongación del conflicto profundiza esas dificultades y reduce las posibilidades de reconstrucción.

Sin embargo, advirtió que el análisis no puede detenerse en las fronteras yemeníes. Su interpretación sitúa la actuación hutí dentro de una competencia regional más amplia, en la que Irán busca conservar instrumentos de presión e influencia.

Barboza consideró que el vínculo entre Teherán y los hutíes combina afinidades religiosas, cooperación y conveniencias estratégicas. Aunque mencionó la pertenencia a ramas diferentes del islam chiita, puso el énfasis en los intereses que permiten esa convergencia. Desde su perspectiva, esa relación tampoco elimina las prioridades propias de los actores yemeníes. La coincidencia frente a un adversario puede articular intereses distintos: influencia regional para unos, fortalecimiento político y territorial para otros. Por esa razón, sostuvo que las acciones hutíes deben examinarse por sus consecuencias dentro de un escenario mayor. Un ataque puede afectar un objetivo localizado y, al mismo tiempo, transmitir un mensaje sobre la vulnerabilidad de un país, presionar sobre su economía o modificar sus decisiones.

Barboza ubicó las raíces del conflicto en una historia de divisiones políticas, alianzas tribales y disputas por el poder.

La estrategia de impedir

Una de las ideas centrales de la entrevista fue el concepto militar de negación. Barboza lo utilizó para explicar una forma de combate cuyo propósito no consiste necesariamente en conquistar y administrar territorio. “Los hutíes lo que hacen es lo que se llama la negación”, señaló. Luego describió su lógica: “Yo no te dejo andar libremente en el territorio que vos creés, pero no me preocupa tomarlo”.

En ese esquema, la capacidad de interrumpir, amenazar o restringir puede convertirse en una herramienta de poder. El adversario debe dedicar recursos a protegerse, mantener sistemas de vigilancia y responder a una amenaza cuya ubicación y forma pueden variar. Para el profesor, allí aparece una asimetría decisiva. Una fuerza irregular puede seleccionar el momento de una acción y después dispersarse. Un Estado necesita sostener la protección de múltiples objetivos y demostrar que conserva el control. La diferencia también alcanza al modo en que se valoran los resultados. Una potencia puede destruir posiciones enemigas sin conseguir que cesen los ataques. Por otro lado, un grupo puede sufrir pérdidas y mantener capacidad suficiente para continuar condicionando a su adversario. En la lectura de Barboza, esa persistencia constituye un problema político para Arabia Saudita. Su posición regional genera expectativas de seguridad y capacidad de respuesta. Cuando esas expectativas no se cumplen, las consecuencias exceden el balance estrictamente militar.

Comprar armamento no alcanza

El entrevistado dedicó una parte importante de su análisis a cuestionar la equivalencia entre equipamiento moderno y eficacia en el campo de operaciones. Según sostuvo, una defensa requiere mucho más que plataformas de última generación. Necesita personal preparado, procedimientos claros, comunicaciones confiables y capacidad para interpretar información y tomar decisiones a tiempo.

La adquisición de un sistema puede resolverse mediante una operación comercial. Su incorporación efectiva exige formación, entrenamiento y coordinación con otros componentes. Para Barboza, esa distancia ayuda a comprender por qué fuerzas con importantes presupuestos encuentran dificultades frente a amenazas que, consideradas de manera aislada, parecen inferiores. Su argumento fue especialmente enfático al referirse a drones y misiles. Detectarlos e interceptarlos implica construir una cadena de defensa: obtener información, reconocer la amenaza, transmitirla y disponer una respuesta adecuada. Una falla en cualquiera de esos pasos puede reducir el valor del conjunto. Por eso, explicó, no corresponde medir la fortaleza de un país únicamente por los equipos que compra o exhibe.

Barboza comparó, además, las tradiciones de formación militar de los ejércitos de Medio Oriente. En su evaluación, las diferencias en preparación de oficiales, conducción y cohesión ayudan a explicar desempeños distintos. Presentó esa comparación como parte de un argumento más amplio: la organización y el componente humano determinan cuánto del potencial tecnológico puede convertirse en una capacidad real.

El profesor advirtió contra la tendencia a subestimar a los hutíes por la apariencia de sus combatientes.

Una fuerza irregular también puede ser tecnológicamente competente

El profesor advirtió contra la tendencia a subestimar a los hutíes por la apariencia de sus combatientes o por la distancia entre su organización y la de un ejército convencional. En su exposición, señaló que el empleo de misiles y drones exige conocimientos, preparación y apoyo técnico. La ausencia de uniformidad en la vestimenta o de estructuras visibles similares a las occidentales no permite concluir que una fuerza carezca de capacidad operativa. Para Barboza, ese error de percepción puede producir diagnósticos equivocados. Los actores deben evaluarse por lo que consiguen hacer, por los medios que emplean y por su capacidad de adaptación. “Es una guerra híbrida total”, afirmó al describir la convivencia de formas de combate irregulares con herramientas tecnológicas. Su planteo destacó que lo rudimentario y lo sofisticado pueden funcionar dentro de una misma organización. Una fuerza puede utilizar vehículos comunes y desplazamientos discretos mientras opera sistemas que requieren capacitación especializada. Esa combinación dificulta su identificación y obliga al adversario a revisar sus métodos.

La flexibilidad constituye, en esa lectura, una ventaja. Frente a estructuras militares que dependen de instalaciones, procedimientos y cadenas de mando más visibles, los grupos dispersos pueden modificar sus movimientos y reducir su exposición.

El terreno y los límites del poder aéreo

La geografía ocupa otro lugar relevante en la explicación de Barboza. Según señaló, las características del terreno condicionan la eficacia de las operaciones y la posibilidad de convertir un ataque en control duradero. Las zonas montañosas, la dispersión de posiciones y la dificultad de localizar combatientes limitan los resultados que pueden obtenerse mediante bombardeos. Destruir un objetivo tampoco resuelve automáticamente la presencia de una organización en el territorio. El profesor describió una dificultad adicional: identificar con precisión qué se pretende atacar. Cuando los combatientes se desplazan en grupos pequeños y utilizan medios de uso común, su localización exige información detallada y actualizada. Esa complejidad también aumenta el riesgo para la población civil. En su análisis, la dificultad de distinguir instalaciones y movimientos militares dentro de escenarios poblados obliga a considerar las consecuencias de cada operación. La discusión, por lo tanto, vuelve al mismo punto: disponer de capacidad destructiva no equivale a contar con una estrategia capaz de alcanzar los objetivos políticos del conflicto.

Arabia Saudita ante la presión de responder

Barboza sostuvo que la conducción saudita enfrenta una tensión entre la necesidad de actuar y la obligación de evaluar sus posibilidades. La presión política puede exigir una respuesta visible. Sin embargo, explicó, esa respuesta debe medirse por los resultados que puede producir y por las consecuencias que abre. Para el entrevistado, antes de comprometer una operación es necesario revisar si existen condiciones para cumplir lo anunciado. Esa evaluación involucra recursos, preparación, respaldo externo y capacidad de sostener el esfuerzo.

También obliga a distinguir entre castigar una acción y modificar la conducta del adversario. Una respuesta puede mostrar determinación sin conseguir que la amenaza desaparezca. En su lectura, ese es uno de los problemas que enfrentan los Estados cuando combaten a organizaciones irregulares: deben ofrecer resultados a su población y a sus aliados, mientras su adversario puede presentar la continuidad de su actividad como una demostración de resistencia. Barboza también cuestionó la confianza en que el apoyo de una gran potencia resuelva por sí mismo esas dificultades. Según su interpretación, los actores regionales deben contrastar sus expectativas de protección con la asistencia que efectivamente pueden recibir y con los límites de esa ayuda.

“Es una guerra híbrida total”, afirmó Barboza al describir la convivencia de formas de combate irregulares con herramientas tecnológicas.

Irán y el poder de conservar influencia

Al evaluar el papel iraní, el profesor diferenció entre sufrir daños y perder toda capacidad de intervención. Un país puede quedar debilitado y, aun así, conservar herramientas suficientes para afectar a sus adversarios. En su análisis, la influencia sobre organizaciones aliadas, el desarrollo de medios militares y la posibilidad de intervenir indirectamente permiten a Teherán mantener presencia regional. Barboza sostuvo que los balances de una guerra suelen simplificarse cuando se reducen a identificar un ganador y un perdedor. A su juicio, incluso quien consigue un objetivo puede terminar con pérdidas importantes y nuevas obligaciones.

La reposición de armamento, la recuperación de capacidades y la necesidad de reforzar defensas comprometen recursos que podrían destinarse a otras áreas. Por eso, señaló, una victoria militar debe analizarse también por su costo económico y social. Ese razonamiento atraviesa su evaluación de Medio Oriente: la supervivencia de una capacidad de presión puede importar tanto como el daño sufrido durante una confrontación.

La distancia entre una tregua y una salida política

Hacia el cierre de la entrevista, Barboza describió un escenario inestable, donde contener la intensidad de los enfrentamientos no garantiza resolver sus causas. En su interpretación, congelar una confrontación puede ofrecer alivio inmediato y reducir temporalmente los riesgos. Pero, si las partes conservan los mismos objetivos y mantienen la decisión de recurrir a las armas, la posibilidad de una nueva escalada sigue abierta. El problema de la negociación consiste, entonces, en lograr compromisos que alteren esa lógica y puedan sostenerse más allá del anuncio de un acuerdo. Para el profesor, los hechos constituyen la medida principal de cualquier evaluación. Las declaraciones deben contrastarse con las conductas, las capacidades y las consecuencias de las decisiones. Su diagnóstico sobre Yemen y los ataques hutíes contra Arabia Saudita deja planteada una dificultad central: la superioridad militar puede permitir una respuesta, pero no asegura que esta respuesta acerque la paz. Mientras los actores consideren que continuar la confrontación les ofrece más ventajas que detenerla, el conflicto conservará capacidad de reproducirse. Y para la población yemení, cada prolongación significa seguir esperando una salida que las armas, por sí solas, no han conseguido ofrecer.

 

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3 Comentarios

  1. …. desastre total el presente (hasta se filma… por…: un dron que filma al dron; que a su vez filma al que arroja la bomba ), (por si algo falla mandar tres drones mas), la metralla abarca unos 500 mts. cuadrados… (y nunca ‘falla’), (en ocasiones se ve dicha explosión y a continuación otras explosiones y una gran detonación final ), (síntoma de que algo explosivo había acumulado en tal sitio…)… (allí el radio se multiplica por diez…)… otras bombas (que no tienen metralla ), explotan peor… (el primer dron amplía con el zoom para ver si hay ‘sobrevivientes’ … y avisa… mm… … mm…)

  2. Es curioso…pero este «profesor»…no «explica» las raices historicas …de estos conflictos…en ese rincon del mundo…..que van intrinsicamente relacionados…con el colonialismo de las potencias europeas….los inventos de reinos corruptos arabes….(como arabia saudita ,eua y el resto)…..el robo indiscriminado de los recursos naturales…..y los genocidios contra las poblaciones autoctonas…..
    La vieja historia….que estos «analistas,seudo, periodistas y explicadores alineados y con agendas»…se saltan olimpicamente……como este camaleon jcblanco…..que acusa a los Yemenies e iranies…de terroristas……pero cinicamente defiende …las corruptas castas arabes….y sus amos genocidas….usa e israel.
    Por favor…..como si la historia….fuera un elemento decorativo….hagan el favor camaleones…..ya tienen las rodillas….en jirones de tanto arrastrarse….

  3. «Una fuerza irregular también puede ser tecnológicamente competente»
    Por supuesto. Pero, además, la asimetría enorme de los aliados. Irán, aliado de los «Houties» (Ansar Allah) haciendo lo que puede por ellos. Por el otro, EEUU con su ejército, supuestamente el más poderoso del mundo. Ayudando a Arabia Saudita, que, además, nada en petróleo.
    ¡Y ganan los hutíes!. O los de Arabia Saudita son muy, pero muy ineptos, o muy cobardes, o muy pero muy corruptos. Ustedes elijan. Para mí es corrupción.
    Y los del Yemen. Lo contrario. Valientes e inteligentes. Fea combinación para el rival.

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