Apoyo a productores afectados en Salto

Fratti visitó Salto y se reunió con el intendente Albisu.

El intendente de Salto, Dr. Carlos Albisu, recibió al ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, y a la directora general de la Dirección General de la Granja (Digegra), Laura González, con el objetivo de coordinar la asistencia financiera y técnica para los cerca de 300 productores afectados por el temporal del pasado sábado 18 de julio. Del encuentro, encabezado por el intendente Albisu y el secretario general, Cr. Walter Texeira Núñez, también participaron el director del Sistema Nacional de Emergencias (SINAE), Leandro Palomeque, representantes de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM) y operadores de la Central Hortícola del Norte.

La reunión se llevó a cabo luego de la declaración de la emergencia granjera para el departamento, medida que permitirá instrumentar acciones de apoyo destinadas a los productores que sufrieron importantes pérdidas a raíz del fenómeno meteorológico. Durante el encuentro, el ministro Alfredo Fratti destacó la rápida articulación entre el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca y el Gobierno de Salto desde las primeras horas posteriores al temporal. Explicó que, tras la evaluación conjunta de los daños, la declaración de emergencia permitirá habilitar recursos de asistencia financiera en dos etapas. Asimismo, manifestó su preocupación por el bajo nivel de aseguramiento del sector, señalando que, de los aproximadamente 300 productores afectados, solo unos 80 contaban con seguro, a pesar de que el Ministerio subsidia el 70 % del costo de las pólizas.

Por su parte, la directora general de Digegra, Laura González, informó que se implementará un conjunto de apoyos económicos no retornables destinados a la reconstrucción de la infraestructura productiva y a la recuperación de los cultivos dañados, con el propósito de que las familias productoras puedan retomar su actividad en el menor tiempo posible. El intendente Carlos Albisu destacó el trabajo coordinado que se viene desarrollando desde el Gobierno de Salto para atender las consecuencias del temporal, tanto en la asistencia a las familias damnificadas como en la evaluación de los daños registrados en el sector hortifrutícola, uno de los principales motores de la economía departamental. En ese sentido, valoró el respaldo del Gobierno nacional y la rápida respuesta de los organismos involucrados para brindar soluciones a los productores afectados.

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1 Comentario

  1. Tan vieja es la historia de desastres naturales cíclicos en el norte del país como lo es su geografía local.
    Estas historias de inundaciones, sequías, tornados han dejado su huella a través de las distintas generaciones de gente que vive de la producción agropecuaria en las zonas históricamente afectadas.
    Sin embargo las desastrosas experiencias sufridas por gente, animales, plantíos, infraestructura parecen no haberle movido un pelo a nadie en materia de prevención, aparte de un muy limitado grupo de damnificados que tomaron seguros para cubrir aunque fuese parcialmente sus pérdidas.
    Parece que a ningún gobierno, desde que tenemos memoria y es larga, se le ha ocurrido implementar una política de prevención material en la forma de estructuras sólidas y efectivas destinadas a contener los azotes naturales y prevenir de alguna manera o paliar las consecuencias.
    Encima de los seguros –que deberían ser obligatorios aunque los subsidios fuesen mayores– el gobierno debería implementar los estudios correspondientes en todas las zonas históricamente afectadas y gestionar la construcción de canales de desagüe lateral y murallas de contención en los cauces hídricos para prevenir las inundaciones. De la misma manera y en combinación con lo anterior debería implementar la construcción de tanques, de superficie o subterráneos, y con sistemas de regadío extendido, para la acumulación de agua a ser utilizada en épocas de sequía. También debería implementarse el uso de materiales apropiados en zonas de frecuente viento huracanado, así se evitaría que se «volaran las chapas» de los techos en las viviendas de esas zonas.
    Muchos dirán que eso supone una inversión «monstruosa». Y sí, lo es pero se podría ir realizando en etapas y parte de su costo podría salir de inversiones del mismo Banco de Seguros y aportes obligatorios de compañías de seguros que cubran protección de las actividades e industrias rurales, entidades todas que verían aumentados sus ingresos al hacerse obligatoria la toma de seguros, y cuyos capitales aumentarían al disminuir los reclamos, precisamente por las medidas preventivas implementadas en el campo. Es un círculo que cierra solo, el asunto es empezar a trazarlo.
    Las cosas, obviamente, no se hacen de la noche a la mañana ni nadie es un mago de galera proficua, pero en 100 años de inundaciones, sequías y huracanes históricos algo tendría que haberse hecho.
    Las consecuencias son rutinarias y están a la vista, no sólo con pérdidas enormes en lo material sino con casos trágicos en vidas humanas.
    Y la historia muestra también las soluciones dadas, siempre momentáneas y espontáneas que en verdad no solucionan los problemas de fondo y dejan ya entrever que no habrá nada en plaza para cuando «suceda de nuevo» y dejan ya también prescripta la misma receta de lo que viene después –gente sin seguro, pérdidas de cosechas, máquinas, animales, carreteras, viviendas, evacuaciones, tragedias. Las entidades de seguro no pagan al día siguiente, y cuando pagan no cubren todo, y cuando la plata llega más de uno estará más tentado en comparse un «4×4» y en vez de dos tractores que necesita pues comprar uno. Y los que lo han perdido todo dependerán como siempre del músculo siempre generoso de la solidaridad del pueblo uruguayo ¡bendito sea! que rascará los vintenes de su ya pobre bolsillo para ayudar al prójimo en desgracia.
    Ya es hora de que el gobierno de turno haga ALGO positivo y sólido, estructural y eficiente para cubrir una más que imperiosa necesidad de un país sin avanzada industrialización cuya vida, y a pesar de haber ya pasado un cuarto del siglo XXI, aún depende de la producción agropecuaria para su subsistencia y para vender un poco al exterior.
    Doscientos años de vida y seguimos con la trilogía histórica «carnes, lanas y cueros», y a Dios gracias que se inventó la refrigeración, sino algunos estaríamos tal vez tosavía trabajando en los saladeros.
    El país necesita modernizarse, y eso no se verá reflejado en el autito eléctrico que se compró el vecino en 800 mensualidades, sino en lo básico, lo primario de toda civilización, el construir infraestructura para asegurar que los elementos naturales no van a poner un freno al funcionamiento en la producción de lo mínimo que es lo que uno come, donde uno vive y por donde uno circula.
    Cuando eso esté asegurado podemos empezar a crecer para luego prosperar.
    Y tenemos la enorme suerte de no tener volcanes ni terremotos, ni inviernos con 30°C bajo cero, lo cual es una enorme ventaja y debería alentar a las autoridades a empezar a hacer lo que corresponde.
    Es una deuda pública y el pueblo merece que se la paguen.

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