Argentina marca un récord histórico en embarques de trigo

Pero la caída en la proteína enciende alertas en el sector.

Argentina cerró noviembre de 2025 con un desempeño extraordinario en el comercio exterior agrícola.

Argentina cerró noviembre de 2025 con un desempeño extraordinario en el comercio exterior agrícola. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborados a partir de información preliminar de la agencia marítima Nabsa, el país embarcó 1,2 millones de toneladas de trigo, un nivel que constituye un récord histórico para el mes y que duplica y media lo registrado en noviembre del año pasado. El dato adquiere mayor relevancia porque se da incluso antes del inicio formal de la campaña comercial, lo que refleja la velocidad y eficiencia del flujo de mercadería hacia los puertos.

El avance de la cosecha acompaña esta dinámica: el 33% de la superficie triguera nacional ya fue recolectada, y el volumen que descendió hacia las terminales portuarias impulsó la oferta exportadora. Este movimiento fortalece la competitividad del precio FOB argentino, posicionando al país de manera ventajosa en un mercado global donde la presencia temprana suele ser determinante para asegurar demanda y mejores contratos.

Sin embargo, el informe también introduce un matiz que podría moderar el entusiasmo general. En las últimas semanas se observaron partidas de trigo con un contenido proteico de 10,5%, un nivel que se ubica por debajo de los estándares internacionales preferidos. La proteína es un indicador clave para la industria molinera y panadera, y su disminución se traduce en descuentos directos sobre el valor del cereal. En un contexto donde los productores ya mostraban su preocupación frente a cotizaciones presionadas por la abundancia de oferta, este ajuste por calidad se convierte en un límite claro para los márgenes del negocio.

Especialistas del sector señalan que esta caída en proteínas puede obedecer a diversos factores. Entre ellos, condiciones climáticas desiguales durante el llenado del grano, así como el predominio de variedades de alto rinde que, en temporadas de estrés hídrico o excesos de humedad, pueden sacrificar calidad en favor del volumen. La BCR remarca que este descenso en la proteína obliga al sector a replantear estrategias comerciales, ya que no todos los mercados pagan lo mismo por trigo de menor calidad, y la competencia con países como Australia o Estados Unidos se vuelve más exigente cuando la calidad diferencial disminuye.

En paralelo, el informe también analiza la situación del maíz, otro cultivo clave para la balanza agroexportadora argentina. Aquí, el panorama es menos alentador: los precios internacionales del maíz se encuentran entre los niveles más bajos desde 2020, afectados por un mundo con abundantes inventarios y una fuerte oferta exportadora. En Argentina, la siembra progresa al 51% de la superficie proyectada, una cifra que se ubica dentro de los valores normales, aunque con disparidades regionales producto de la variabilidad climática. Las primeras proyecciones de la BCR estiman una producción de 61 millones de toneladas para la campaña actual, un volumen significativo que reafirma el peso del país como uno de los principales proveedores globales del cereal.

No obstante, este potencial productivo no se traduce automáticamente en mejores precios. El mercado internacional continúa dominado por excedentes, especialmente de Estados Unidos y Brasil, cuyas exportaciones presionan las cotizaciones a la baja. Para los productores argentinos, el escenario de costos elevados —muchos de ellos dolarizados— combinado con precios internacionales deprimidos conforma un cuadro de márgenes muy ajustados, especialmente para aquellos que no lograron cerrar ventas anticipadas o que dependen de rindes elevados para equilibrar su ecuación económica.

El cierre de noviembre deja así un balance mixto para el agro argentino: por un lado, un trigo con volúmenes excepcionales y una presencia exportadora sólida; por otro, desafíos significativos en materia de calidad y una necesidad de recalibrar estrategias para sostener la competitividad. En el caso del maíz, el potencial productivo contrasta con un mercado global que sigue condicionando los precios y obligando a los productores a moverse con cautela.

Con una campaña aún en desarrollo y un contexto internacional cambiante, el sector seguirá atento a las próximas semanas, donde los avances de cosecha, las lluvias y la evolución de los mercados terminarán de delinear un año que promete resultados dispares pero decisivos para la economía agrícola del país.

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