El bienestar animal ha sido definido de múltiples maneras a lo largo del tiempo. Hughes (1976) lo describió como “el estado de salud mental y físico en armonía con el entorno”. Broom (1986) lo entendió como “el estado en el que un animal trata de adaptarse a su ambiente”. La Asociación Médica Veterinaria Americana (AVMA) amplía el concepto en materia de alojamiento adecuado, manejo, alimentación, prevención de enfermedades, tenencia responsable, manipulación humanitaria. Y si es necesario, eutanasia humanitaria. Todas estas definiciones coinciden en la necesidad de evitar el sufrimiento animal y brindar ambientes confortables.
Las Cinco Libertades fueron desarrolladas por el Consejo Británico de Bienestar Animal de Granja en 1965 y adaptadas posteriormente por la Asociación de Veterinarios de Refugios para animales de compañía. Estos estándares, aceptados mundialmente, afirman el derecho de todo ser vivo a un trato humano y sirven de guía para quienes tienen animales a su cargo.

La primera libertad es la ausencia de hambre y sed, lo que implica acceso constante a agua fresca y una alimentación adecuada la cual debe adaptarse a las necesidades de cada animal. La segunda libertad es proporcionar un entorno adecuado, que incluya refugio y un área de descanso cómoda. Para una mascota doméstica, esto significa una cama suave, un espacio con temperatura apropiada, nivel de ruido controlado y acceso a luz natural.
La tercera libertad es la ausencia de dolor, lesiones o enfermedades, mediante la prevención o el diagnóstico y tratamiento rápidos. Esto incluye vacunación, monitoreo de la salud física, atención de heridas. Así como administración de medicamentos adecuados y llevar a la mascota al veterinario regularmente.
En cuarto lugar está la libertad para expresar su comportamiento natural, proporcionándole espacio suficiente y la compañía de otros animales de su especie cuando sea apropiado. Los animales necesitan poder interactuar con otros o evitarlos según lo deseen. Deben correr, saltar y jugar, lo cual resulta especialmente difícil cuando se alojan en jaulas individuales o espacios reducidos.
Por otro lado está la liberación del miedo y la angustia, mediante condiciones que eviten el sufrimiento mental. La salud mental de un animal es tan importante como la física, ya que el estrés psicológico puede derivar rápidamente en enfermedad física. Evitar el hacinamiento, proporcionar enriquecimiento ambiental y escondites seguros son claves para lograr este objetivo.
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) es el organismo de referencia internacional en materia de bienestar animal. Desde la Conferencia Mundial sobre Bienestar Animal celebrada en París en 2004, la OMSA promueve el bienestar basado en argumentos científicos, elaborando normas y directrices, capacitando y difundiendo manejos adecuados según las realidades regionales y culturales.
Para una mascota el cuidado debe abarcar toda su existencia, desde que llega al hogar hasta su vejez. El transporte y las mudanzas, por ejemplo, pueden ser fases críticas que inciden en el estrés del animal. Factores como la densidad en una jaula de viaje, la duración del traslado, la ventilación, la experiencia de quien lo manipula y las condiciones del entorno influyen directamente en su bienestar.
Preocuparse por el bienestar de las mascotas es una obligación de todo propietario. En este aspecto, las cinco libertades proporcionan un marco para evaluar si se están satisfaciendo las necesidades físicas y mentales de los animales. Una tenencia responsable implica conocer estas normas y aplicarlas día a día, porque un animal sano y feliz no solo goza de mejor calidad de vida, sino que también fortalece el vínculo con su familia humana.

