Burbujas

Es conocido y, en nuestro caso, le dedicamos algún que otro artículo (de dudoso alcance, por cierto, lo tenemos claro) el tema de la “algoritmocracia”. Como, en cada vez más territorios, la algoritmocracia define nuestras llegadas, nuestros puentes y nuestros muros. Esto no es más que reafirmar lo que venimos generando como sociedad.

Burbujas camilo álvarez

Es conocido y, en nuestro caso, le dedicamos algún que otro artículo (de dudoso alcance, por cierto, lo tenemos claro) el tema de la “algoritmocracia”. Como, en cada vez más territorios, la algoritmocracia define nuestras llegadas, nuestros puentes y nuestros muros. Esto no es más que reafirmar lo que venimos generando como sociedad.

La tan mentada grieta es un eufemismo potente para fortalecer lógicas de comportamiento que resguardan la identidad de unos en detrimento de la de otros. El salavarse unos en detrimento de que naufraguen otros. El que ganen unos para que pierdan otros.

Insólito es que este paradigma de comportamiento, de avales y de construcción de verdades parte de una identificación de bandos de grietas que tienen muchas más cosas en común, tanto historias, problemas y futuro que diferencias.

Sin embargo, la lógica de las burbujas funciona tanto por lo implacable que es el vínculo constante y cotidiano con quienes piensan y sienten igual que nosotros, como porque nos aleja y corta puentes con quienes piensan distintos. Es un movimiento combinado que distancia y fragmenta.

Así, la grieta que se quiere instalar hace énfasis en una diferencia, que en realidad es ínfima en función de las cosas que nos juntan. Nos proponen una grieta fundamentada en nuestras opciones electorales y de ahí nos instalan que es un país de dos mitades, cuando en realidad, la verdadera diferencia está en un poco más del 1% de la sociedad que concentra el poder económico y el resto que dependemos de nuestro trabajo para sostener la vida.

Esto es, que aunque comparta con mi vecino/as los problemas cotidianos y fundamentales que pueden ser vinculados al desempleo, la inseguridad, la vivienda, etc, nos invitan a asumir que en realidad no podemos juntarnos porque votamos a propuestas distintas. De esta manera, seguimos fragmentando, ahora, nuestras miserias.

Aun mas, vivimos en un mundo que tiene dentro muchos mundos. Algunos de esos mundos son excluidos, apartados, invisibilizados para que el resto de los mundos no se horroricen con lo que sucede. A veces nos pasa que no logramos pensar desde y para otras burbujas y entonces nuestro mundo se reduce a nuestra burbuja. Pensamos que todo/as tienen acceso a cosas que para nosotros son naturales y cotidianas. Nos recordaba un amigo el otro día, aquella campaña de Macri para que las personas en situación de calle que precisen refugio o alimentos puedan escanear códigos QR que había en distintos lugares.

Cosas similares pasan a veces en nuestros lugares, donde asumimos una sociedad integrada desentendidos de algunos infiernos que son parte de nuestra realidad.

Cuando pensamos en el analfabetismo en Uruguay, lo restringimos a un elevado porcentaje de la población alfabetizada y sin embargo aparece el dato de la situación en las cárceles, del analfabetismo funcional, de cómo impacta este dato en, por ejemplo, mujeres de menos de 35 años con niñes a cargo y así.

Una de las tareas fundamentales, entiendo, pasa a ser escaparnos de nuestras burbujas para encontrar puentes que nos permitan dialogar con lo distinto para poder enfrentar de verdad al antagónico. Puentes que nos encuentren para que la fragmentación exprese diversidad, pero también un proyecto de transformación común. Asumir, que en principio cada burbuja tiene un poco de verdad y que precisamos caminar más tiempo juntos para sabernos parte de un lado de la historia, que es el lado de los excluidos, de los nadies, de quienes desde hace milenios solo tenemos nuestra fuerza de trabajo para transitar dignamente.

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