En un contexto donde la transparencia y la responsabilidad son esenciales para la confianza pública, la reciente campaña publicitaria de la mutualista CASMU genera profundas inquietudes.En las primeras horas de 2026, nació Rafael, con un peso de 3.750 gramos, marcando un inicio esperanzador para su familia y para la comunidad CASMU. Sin embargo, este momento de alegría contrasta con un revanchismo evidente contra la anterior directiva.
Para celebrar este acontecimiento, CASMU cedió a la madre y su familia la Suite Presidencial, un espacio acondicionado con detalles de confort y calidez. En esta ocasión, la suite fue renombrada como “Sweet Familiar”, un gesto que debería reflejar el compromiso de la institución con una atención humana y digna. Sin embargo, este acto parece más un intento de mejorar la imagen que una verdadera política de atención al afiliado.
Con la llegada del Dr. Domingo Beltramelli, la situación ha empeorado. No hay conexión con la gestión y todo está en manos de tecnócratas médicos que, en muchos casos, no saben administrar ni lo más básico. Esta falta de capacidad gerencial es inaceptable, y debemos señalarlo con firmeza ante tanta incompetencia oficialista.
CASMU cuenta con médicos profesionales, pero también con médicos militantes y capitalistas que solo se preocupan por sus salarios, ignorando el bienestar de la institución. La ausencia de una hoja de ruta clara se traduce en improvisación constante y la necesidad de negociar día a día con prestamistas. Aquellos que se prometió sacar de la institución ahora dictan los términos de los intereses, en un manejo que se asemeja a una «gestión de boliche».
La purga contra el equipo del Dr. Raúl Rodríguez ha arrasado con todo lo que representaba la gestión anterior, sin distinguir entre lo bueno y lo malo. En esta cacería de brujas, se ha perdido la oportunidad de demostrar auténtica conciencia moral. Se han quitado horas médicas a quienes realmente se comprometían con CASMU, mientras se colocan en su lugar a personas de escasa calidad profesional.
La falta de presencia de la directiva en las oficinas demuestra que CASMU está siendo conducida a control remoto. El equipo interventor nombrado por la ministra Lustemberg actúa sin lógica y opera a un ritmo desfasado, reminiscente de una época pasada.
A pesar de sus esfuerzos por promover servicios y beneficios, CASMU se encuentra en medio de un escándalo por su inaceptable falta de pago de deudas correspondientes a 2023 y 2024 con empresas generales y con una alta deuda con empresas de comunicación y publicidad, entre las cuales se incluye nuestro medio. Este comportamiento plantea serias dudas sobre la ética de su gestión y su compromiso real con los afiliados.
Acaban de lanzar una Campaña 2026 Publicitaria,impagable y sumiendo a CASMU en deudas mayores.
Es inadmisible que CASMU despilfarre recursos en campañas publicitarias mientras mantiene deudas significativas. Esto no solo refleja una desconexión alarmante entre la imagen que intenta proyectar y la cruda realidad financiera, sino que también es un insulto a la lealtad de sus afiliados.
La falta de pago a proveedores pone en riesgo la calidad de los servicios ofrecidos. ¿Cómo pueden los miembros confiar en una institución que no cumple con sus obligaciones financieras?
Los afiliados de CASMU tienen el derecho inalienable de exigir claridad sobre la situación financiera de la mutualista. La transparencia es fundamental para restaurar la confianza erosionada. Es imperativo que CASMU revise urgentemente sus políticas de gestión financiera y comunicación, estableciendo un plan claro para saldar deudas y priorizar la calidad de los servicios.
La campaña publicitaria nueva de CASMU, en medio de deudas significativas, no solo es un mal ejemplo de gestión, sino un golpe directo a la confianza de sus afiliados. Es esencial que la mutualista tome medidas inmediatas para rectificar esta situación, priorizando la transparencia y la responsabilidad. Los afiliados merecen saber que su salud y bienestar son la verdadera prioridad, no un mero eslogan publicitario. La confianza es un activo invaluable en el sector de la salud, y CASMU debe trabajar arduamente para recuperarla, antes de que sea demasiado tarde.
Desde su llegada a la dirección de CASMU, el Dr. Domingo Beltramelli ha mostrado una clara desconexión con las necesidades y expectativas de los afiliados. Desde los primeros meses de su gestión, se ha evidenciado una conducción fría y apática que ha generado descontento entre los pacientes y el personal.
La falta de empatía en su enfoque ha sido notoria. Los afiliados esperan un liderazgo que no solo se enfoque en la administración, sino que también se preocupe por el bienestar emocional y físico de los pacientes.
La escasa comunicación con el personal y los afiliados ha contribuido a un ambiente de incertidumbre y desconfianza. Los usuarios de CASMU merecen una dirección que escuche y responda a sus inquietudes.
La gestión ha estado marcada por decisiones que parecen no tener en cuenta las necesidades reales de la comunidad CASMU. En lugar de abordar problemas críticos, se ha optado por acciones superficiales que no resuelven los desafíos fundamentales.
La ausencia de un plan estratégico claro ha llevado a una improvisación constante, dejando a la institución en una situación vulnerable y precarizada.
La gestión fría y apática del Dr. Beltramelli no solo ha afectado la moral del personal, sino que también ha puesto en riesgo la calidad de los servicios ofrecidos. La confianza de los afiliados se ha erosionado, y es fundamental que la directiva reevalúe su enfoque para recuperar la credibilidad y el compromiso que la institución necesita.
En resumen, el Dr. Beltramelli debe reconocer la importancia de una gestión más humana y proactiva. La comunidad de CASMU merece un liderazgo que esté a la altura de las circunstancias, que escuche, que actúe con empatía y que trabaje incansablemente para mejorar la atención y el bienestar de todos sus afiliados.



