«Ambas partes seguirán promoviendo la extensión de la pausa en los aranceles recíprocos del 24 % impuestos por Estados Unidos, así como de las contramedidas adoptadas por China», estas, entre otras fueron las palabras ofrecidas a la prensa por Li Chenggang, representante de comercio internacional del Ministerio de Comercio de China y viceministro de Comercio, al culminar las conversaciones que duraron un día y medio.
La parte estadounidense declaró que la prórroga se había discutido, pero aún requería la aprobación del presidente Donald Trump. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, afirmó que «nuestros homólogos chinos se han precipitado un poco» al anunciar una pausa, aunque describió las conversaciones como nn. A ojo del espectador, parece que la intención es que los equipos económicos comerciales mantendrán una comunicación estrecha, realizarán intercambios oportunos y continuarán trabajando por el desarrollo estable y saludable. Notician que suponen un respiro en las tenciones arancelarias, en el mundo al borde del colapso en el que habitamos. Sin embargo, ya nada será como antes. Ambos países, continuó el representante del comercio internacional, son plenamente conscientes de la importancia de preservar una relación económica estable y sólida, y discutieron de forma abierta sus principales preocupaciones comerciales y económicas. «La posición de China sobre cuestiones económicas y comerciales ha sido coherente y clara. Esperamos que la parte estadounidense trabaje con la parte china para implementar el importante consenso alcanzado durante la llamada telefónica entre los dos jefes de Estado, aprovechar plenamente el papel del mecanismo de consultas económicas y comerciales entre China y Estados Unidos, y sobre la base de la igualdad, el respeto mutuo y el beneficio compartido, fortalecer el consenso mediante el diálogo y la comunicación, reducir los malentendidos, reforzar la cooperación y promover el desarrollo estable, sano y sostenible de las relaciones entre China y Estados Unidos.» Estocolmo, Suecia, fue el tercer país testigo de estos encuentros, en tres meses se han reunido 3 veces, anteriormente en Suiza y Reino Unido.
Según un análisis publicado por el Canal Chino CGTN, en estos últimos meses los esfuerzos bilaterales han permitido reconducir una relación comercial que atravesaba —y a mi consideración continúa atravesando— tensiones. Las conversaciones previas dieron frutos visibles: una reducción significativa de los aranceles, avances en la implementación de marcos de cooperación y una comunicación más fluida. Prueba de ello es el repunte del comercio bilateral, que pasó de menos de 300 mil millones de yuanes (unos 42.000 millones de dólares) en mayo a más de 350 mil millones de yuanes (unos 49.000 millones) en junio. Ambos países han dado señales concretas de acercamiento. China ha aprobado solicitudes de exportación de productos sujetos a control, mientras que EE. UU. ha levantado medidas restrictivas impuestas en julio. Estos gestos envían un mensaje claro: el diálogo funciona, y la confianza es posible. En un contexto global, marcado por la incerteza, que las dos potencias económicas más importantes del mundo se sienten a conversar, representa una oportunidad crucial para propiciar estabilidad y confianza. El camino hacia una relación económica sólida es complejo y cargado de tensiones. Para China no es una opción doblegarse, persisten diferencias estructurales y desacuerdos históricos. La orden seguirá siendo apostar por una cooperación práctica y beneficiosa para ambos.

