Un equipo de científicos de la Academia de Ciencias de China (CAS) ha marcado un hito histórico en la biotecnología agrícola mundial al identificar los dos genes responsables del alto contenido proteico en el maíz.
Este descubrimiento ha permitido el desarrollo de nuevas variedades cultivadas que no solo incrementan exponencialmente su valor nutricional, sino que ofrecen una solución científica directa frente a la dependencia estructural que el país asiático mantiene con respecto a la importación de soja para la elaboración de piensos destinados al ganado.
A pesar de ser el grano con mayor volumen de producción en China, el maíz convencional posee un contenido de proteínas relativamente bajo que promedia apenas el 8%. Esta limitación obliga a la industria de alimentación animal a complementar las dietas de ganado y aves con grandes volúmenes de harina de soja importada.
Wu Yongrui, subdirector del Centro de Excelencia en Ciencias Moleculares de Plantas (CEMPS) de la CAS, detalló la magnitud del problema: en el año 2025, las importaciones de soja de China superaron los 100 millones de toneladas. De acuerdo con el experto, lograr incrementar el contenido de proteína en el grano de maíz en tan solo un punto porcentual equivaldría a obtener los nutrientes contenidos en aproximadamente 8 millones de toneladas de soja importada.
La investigación actual representa la culminación de un esfuerzo científico sostenido en el tiempo. En 2022, el grupo liderado por Wu Yongrui ya había aislado un primer gen de alto contenido proteico denominado THP9-T, proveniente del maíz silvestre, logrando un avance preliminar. No obstante, el verdadero salto cuántico llegó tras años de minuciosos ensayos de campo en múltiples ubicaciones, donde consiguieron mapear y aislar exitosamente un segundo gen clave: el THP3-T.

Los ensayos demostraron que el gen THP3-T tiene la capacidad de elevar de forma autónoma el contenido de proteínas en los granos desde un 10% a más del 13% en líneas endogámicas. El gran logro de este avance radica en que dicho aumento se produce sin comprometer el rendimiento general de la cosecha, permitiendo además que la planta se desarrolle óptimamente requiriendo una menor cantidad de fertilizantes nitrogenados.
Sin embargo, el hallazgo más sorprendente ocurrió al combinar ambos genes (THP3-T y THP9-T), lo cual desató un efecto sinérgico sin precedentes que disparó el porcentaje proteico del 10 al 15 por ciento, superando cualquier expectativa previa.
Lejos de quedar restringido a un logro de laboratorio, el equipo de científicos chinos ya ha puesto en marcha la aplicación práctica de estos descubrimientos mediante el uso de tecnologías de mejoramiento asistido por marcadores moleculares. A través de este método de precisión, han optimizado más de 80 líneas parentales de los principales cultivares de maíz del país, elevando sus niveles de proteína a más del 14 por ciento.
Al masificarse el uso de estas semillas biotecnológicas en el campo, no solo se reducirán drásticamente los costos de producción de piensos para la ganadería, sino que se impulsará la rentabilidad de toda la industria ganadera y se incrementarán de manera significativa los ingresos económicos de los agricultores locales, inaugurando una nueva era para la seguridad alimentaria en Asia y el mundo.

