Consumo en pausa y crecimiento desigual

El diagnóstico de Vasconcelos sobre la economía argentina

El economista advirtió sobre la persistente brecha entre sectores dinámicos y rezagados, descartó una devaluación inmediata y señaló que la recuperación dependerá del crédito y la estabilidad de tasas.

El economista Jorge Vasconcelos trazó un diagnóstico crítico sobre la evolución reciente de la economía argentina, marcada —según afirmó— por una creciente divergencia entre sectores que logran expandirse y otros que continúan profundamente rezagados, especialmente aquellos vinculados al consumo interno.

Desde su rol como investigador jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, Vasconcelos advirtió que durante el primer trimestre de 2026 “no hay señales de reversión” de esta brecha. Mientras actividades como la minería, la energía y la agroindustria sostienen niveles de crecimiento, amplios segmentos de la economía doméstica siguen condicionados por la debilidad del poder adquisitivo y la falta de dinamismo del crédito.

“El escenario muestra dos velocidades muy marcadas. Por un lado, sectores que crecen impulsados por exportaciones y ventajas estructurales; por otro, aquellos que dependen del mercado interno y siguen golpeados”, explicó.

El análisis del economista se apoya en una serie de indicadores que reflejan la fragilidad de la demanda interna. Entre ellos, mencionó salarios reales “planchados”, escasa evolución del crédito y un nivel de importaciones significativamente inferior al del año anterior, señales que evidencian un consumo aún deprimido.

En este contexto, consideró que, en el mejor de los casos, podría alcanzarse un “piso” en la caída de los sectores más afectados, aunque sin perspectivas claras de una recuperación rápida. “La brecha social y productiva es importante y no se corrige de un día para otro”, sostuvo.

Además, subrayó que esta situación tiene implicancias políticas, particularmente en zonas de alta densidad poblacional como el conurbano bonaerense, donde el deterioro del consumo impacta directamente en el clima social y electoral. “No es solo un problema económico, también tiene consecuencias políticas concretas”, advirtió.

Vasconcelos también puso el foco en ciertos movimientos del mercado financiero que reflejan incertidumbre sobre el mediano plazo. En particular, mencionó la diferencia de rendimientos entre bonos que vencen en 2027 y 2028, lo que —según interpretó— introduce una señal de riesgo político vinculada al cambio de ciclo presidencial.

“Cuando los mercados empiezan a diferenciar precios según el calendario político, es porque hay dudas sobre la sostenibilidad de las políticas”, explicó.

En relación con la política monetaria, el economista destacó que durante los primeros meses del año el Banco Central de la República Argentina compró divisas, pero esa acumulación no se tradujo en un aumento de reservas ni en mayor liquidez en la economía.

Según detalló, los pesos emitidos para adquirir esos dólares fueron posteriormente absorbidos por instrumentos del Tesoro y del propio Banco Central, lo que evitó una expansión del crédito. “Ese dinero no llegó a circular, por lo tanto no impulsó el consumo ni la actividad”, indicó.

 

 

De cara al segundo trimestre, planteó que existe margen para modificar esta dinámica. En particular, sugirió mantener tasas de interés en torno al 20% anual y avanzar en una reducción de encajes bancarios para incentivar el otorgamiento de préstamos.

“El desafío es que los bancos tengan incentivos para prestar. Si eso ocurre, puede generarse un piso más firme para los sectores más rezagados”, señaló.

Además, descartó que una eventual expansión del crédito tenga un impacto inmediato sobre el tipo de cambio, al considerar que la economía argentina funciona bajo un esquema bimonetario que amortigua esas tensiones en el corto plazo.

En cuanto al dólar, Vasconcelos sostuvo que el Gobierno mantiene desde 2024 una estrategia de anclaje cambiario como herramienta para contener la inflación. Si bien reconoció que esto afecta la competitividad de ciertos sectores, consideró que no existe una necesidad urgente de devaluación.

“El superávit comercial proyectado para este año, que podría rondar los 20.000 millones de dólares, reduce la presión sobre el tipo de cambio”, afirmó.

A esto se suma un contexto internacional favorable, con mejoras en los términos de intercambio, especialmente por el aumento de los precios de la energía, lo que fortalece la posición externa del país.

En ese marco, el economista fue enfático al señalar que los sectores más rezagados no deberían apostar a una devaluación como solución. “El crecimiento futuro va a depender cada vez más de la productividad y la competitividad, no de ajustes cambiarios”, sostuvo.

Finalmente, Vasconcelos destacó el papel estratégico del sector energético como motor de desarrollo a largo plazo. La disponibilidad de recursos como el gas y el petróleo, junto con la posibilidad de exportarlos, abre una ventana de oportunidad para mejorar la competitividad general de la economía.

“Contar con energía relativamente barata es una ventaja clave. No solo por las exportaciones, sino porque reduce costos para toda la estructura productiva”, explicó.

En esa línea, consideró que el desafío de la economía argentina es avanzar hacia un proceso de reconversión productiva sostenido, en el que los sectores tradicionales puedan integrarse como proveedores de las actividades más dinámicas.

“Tenemos que pensar la economía como una transición permanente, donde el crecimiento esté basado en eficiencia, innovación y encadenamientos productivos”, concluyó.

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